Una Cumbre del RidÃculo
El Gobierno de España es, desde hace años, el principal valedor de las Cumbres de PaÃses Iberoamericanos, gracias a las cuales puede representar su papel de cabeza de puente en las relaciones trasatlánticas, y de lÃder polÃtico y económico del mundo hispano. Por tanto, cabe entender esta cumbre, minimizada por las clamorosas ausencias, como un rotundo fracaso (uno más) de nuestra diplomacia. Muchos Jefes de Estado Iberoamericanos (entre ellos buena parte de los pesos pesados) prefirieron marcharse a la Cumbre TraspacÃfica de Santiago de Chile junto al Presidente de los EE.UU. y otros dirigentes mundiales, donde iban a ventilarse asuntos de verdad, relacionados con el comercio entre naciones, no proclamas estúpidas y vacÃas de esas que tanto gustan a Zapatero. Los Jefes de Estado de Brasil, Chile y Perú escogieron la Cumbre chilena; Fox y Kirchner acudieron a los canapés de la inauguración de Costa Rica, pero encontraron cosas mejores que hacer en seguida. Chaves, Sampaio y alguno más esgrimieron difusas razones. Se quedó HaitÃ, eso sÃ: un gran éxito de Moratinos.
Y eso que en esta Cumbre se tenÃa previsto aprobar los estatutos de la SecretarÃa General Iberoamericana; se conoce que la mayor parte de los Gobiernos no depositan mucha confianza en la efectividad futura de esa SecretarÃa. Sin embargo, la medida obedece a la estrategia habitual del Gobierno Zapatero: afirmar que los problemas desaparecerán por el mero hecho de afirmarlo, e inventarse un cargo (que siempre puede asignarse a un titiritero pancartóforo) como custodio de la afirmación, sin contenidos reales ni objetivos claros pero, eso sÃ, financiado (en este caso, al 85%) por los contribuyentes españoles.
A juzgar por las conclusiones de la Cumbre, en todo caso, supongo que los Jefes de Estado y de Gobierno congregados en Costa Rica consideran que la solución para todos los males que afligen a Suramérica es la educación; por eso, han firmado una declaración para canjear deuda externa por educación, asÃ, como suena. Esto es, los paÃses que se han endeudado a causa de la corrupción de sus Gobiernos y a causa de su incapacidad para aplicar recetas generadoras de riqueza, no sólo no van a devolver lo recibido en préstamo, sino que van a requerir, probablemente, de nuevos fondos para financiar programas de educación donde, si nadie lo remedia, además de enseñar a los muchachos a leer (propósito verdaderamente benéfico) se les instruirá en lo malo que es el Capitalismo y el Imperialismo de los EE.UU., y en que la culpa de la miseria de sus paÃses nunca es de sus gobiernos, sino de los malvados colonizadores del Norte.
Menos mal que no todo han sido fracasos y, al menos, ha obtenido Bambi el reconocimiento de su iniciativa a favor de una Alianza con el mundo árabe, eso que se llama pomposamente Alianza entre Civilizaciones, pero que, vista con un poco de sentido común, parece más bien un intento de alianza de la Civilización con quienes se han propuesto destruirla. Como siempre, se han parado en la proclama, y no han desarrollado en qué consiste la cacareada Alianza, por lo que habrá que adelantar algunas ideas: ¿significará la Alianza que, en su virtud, se podrá castigar fÃsicamente a las mujeres no sólo en Oriente, sino también en Occidente? ¿Incluirá la adopción de la Sharia en toda Europa? ¿Supondrá que Occidente tendrá que entregar al Islam en bandeja de plata las cabezas de Salman Rushdie y de Oriana Fallaci? ¿Significará colaborar para que los israelitas sean arrojados al Mediterráneo de una buena vez, como soñaba el llorado amigo de Moratinos? ¿O incorporará como punto programático fundamental el abandono de Ceuta, Melilla y Canarias a favor de Marruecos y la devolución de Al Andalus al Califa de Damasco?
Ese es el tipo de cosas que muchos agradecerÃamos que se nos explicasen. Eso, y para qué diablos ha servido la Cumbre de Estados Iberoamericanos de Costa Rica, salvo para cubrirnos, una vez más, de ridÃculo.
Posted on Domingo, Noviembre 21 2004
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Para tomar buenos licores a costa nuestra, no descartemos la dolce vita diplomática…
Jajaja, Econoclasta, gracias por tu comentario. Y eso es bien cierto. Acaso no para los altos dirigentes, pero sÃ, desde luego, para los funcionarios que les acompañan (y les organizan, en cierto modo). En la extraordinaria novela de Albert Cohen, “Bella del Señor”, se pinta un cuadro muy atinado de la “dolce vita” diplomática que demuestra lo cierto de tu afirmación.
Æåñòü
Äâåñòè ðóáëåé ñïàñóò îòöà Ðóññêîé Äåìîêðàòèè ?
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Ãðóçèòå àïåëüñèíû áî÷êàìè