Tenebrosos e Inmovilistas
MarÃa Teresa Fernández de la Vega ha aprovechado su intervención en un acto de apoyo a la Constitución Europea celebrado en Valencia para desencadenar un furibundo ataque contra la Iglesia (cómo no) y contra el estamento judicial. Según la información aparecida en ABC (edición papel) la Vicepresidenta ha afirmado que “desde hace siglos, en Europa siempre los que se oponen a las reformas pendientes son pasmosamente los mismos, son unos señores tenebrosos […] siempre hay sectores inmovilistas que ponen pegas a los avances: los curas y los juecesâ€?.
Rebatir dialécticamente tamaña barbaridad desde el racionalismo significarÃa rebajarse demasiado; es como tratar de oponerse con argumentos al gruñido de un mono. Semejante generalización ridÃcula entra de lleno en el tipo de razonamientos donde figuran también, por ejemplo, “las mujeres son tontasâ€?, “los catalanes son tacañosâ€? o “los judÃos merecen morirâ€?. Por otra parte, la memez histórica y polÃtica de esta mujer no parece conocer lÃmites: afirmar que “los juecesâ€? vienen oponiéndose a los avances “desde hace siglosâ€?, considerando a “los jueces” como una especie de casta o de cuerpo inalterable a lo largo de las épocas, es ignorar las profundas transformaciones que, a consecuencia del proceso revolucionario vivido en toda Europa entre los siglos XVIII y XIX, modificaron radicalmente la naturaleza de los órganos y de la función misma de la administración de Justicia, haciéndola pasar de mero apéndice del Poder del Monarca en el Antiguo Régimen a correa de transmisión de una Justicia surgida de la voluntad popular o, en palabras de Montesquieu, en “la boca de la Ley que emana del puebloâ€?. Es decir, en un órgano fundamental e inseparable de la Democracia. Desde ese punto de vista, los jueces, tal como ahora los conocemos, no pueden oponerse a los avances: son un avance en sà mismos, un gran avance, tanto que permite que, en nuestra Constitución, España se proclame Estado de Derecho.
Pero si las palabras de la Vicepresidenta no soportan, ni merecen, el examen material más indulgente, desde el punto de vista formal resultan todavÃa más preocupantes.
Muchos miembros del Gobierno, sin duda por la forma heterodoxa y accidental en que ascendieron al Poder, parece que no se han enterado que ya no están en la oposición (igual que la mayor parte de los dirigentes del PP no han caÃdo en la cuenta que ya no están en el Gobierno), y muestran unas maneras broncas, impertinentes y panfletarias que, si resultan improcedentes en la práctica polÃtica en cualquier caso, son completamente inaceptables en los miembros de un Gobierno, de cuya función institucional y representativa cabrÃa esperar, antes incluso que la inteligencia, la prudencia. Pero esa esperanza parece estar de más ante un Gobierno con un Ministro de Exteriores enfangado en acusaciones falsas e irresponsables, nada menos que de fomentar el golpismo, lanzadas contra el Gobierno precedente; una Ministra de Vivienda que se pasa el dÃa vaticinando el hundimiento del mercado inmobiliario, por cuya prosperidad se supone que deberÃa velar; de un Director de la Oficina Económica de Presidencia que, cada dos o tres semanas, lanza un globo sonda con el cual sólo consigue socavar la confianza de empresas y particulares; o, incluso, un Presidente del Gobierno capaz de convocar a las naciones, poniéndose a sà mismo como ejemplo, a la deserción de Irak y de echar por tierra en apenas un par de meses, con sus incalificables gestos de antiamericanismo primario, las relaciones transatlánticas que tantos años ha costado edificar.
Los miembros de este Gobierno se refugian en sus mensajes banales y, con frecuencia, virulentos, en sus ocurrencias del momento, en sus concesiones a la galerÃa, en el calor de sus bases más sectarias y fanatizadas. Viven instalados en la polÃtica de trinchera que tan abultados réditos les reportó los dÃas antes de las elecciones y, conscientes de ello, fomentan actitudes montaraces entre sus militantes que luego desembocan en posturas antidemocráticas, incluso violentas. Desprestigian, deliberadamente o por torpeza, las instituciones básicas en que se asienta la Democracia, como en este caso nada menos que la Justicia, propagando un concepto patrimonial y autocrático del Poder, buscando la ovación de la parte más fundamentalista de su hinchada y despreciando de manera clamorosa la separación de poderes y el respeto al adversario.
Posted on Domingo, Diciembre 12 2004
Author: Freelance
Filed under: General
Tagged:
Related News: Debate sobre derechos y homosexuales., El Tribunal Constitucional y la seguridad jurÃdica., Adiós, Bobby., Feliz Navidad, Glosa de última hora a una crónica bárbara.,
Previous: Quién manda aquÃ
Next: ImagÃnate
Enhorabuena, un nuevo artÃculo de los de copiar y guardar. Policronio.