La mujer del César
Un viejo principio político reza que la mujer del César debe ser honrada y parecerlo. En la época de los medios de comunicación, dominada por el culto a las apariencias, el principio ha ido adelgazando, de modo que ahora basta con que la mujer del César al menos parezca honrada; que lo sea o no es harina de otro costal.
Zapatero está a punto de echar el cierre a la tradición inspirada en ese principio: da igual si la mujer del César es honrada o lo parece, y da igual si, de cara a la opinión pública, Zapatero pasa a la historia como el presidente menos aficionado al trabajo que se recuerda. No contento con la imagen ofrecida después de que, hace unos días, se le pegasen las sábanas el día en que tenía comprometida una cumbre bilateral con Polonia, el martes se autoconcedió la tarde libre para ir al teatro con su mujer. Siempre puede excusarse diciendo que acudió a documentarse sobre la alianza de civilizaciones, porque escogió la obra El Señor Ibrahim y las Flores del Corán. En todo caso, teniendo en cuenta la agitada situación de la política española, parece que esta exhibición de desahogo está de más, y que Zapatero se ha despreocupado, no ya de sus obligaciones, sino incluso de simular que las atiende. Y no cuesta trabajo especular con los motivos.
Según informaba hace días El Semanal Digital, entre los analistas y colaboradores más próximos al Presidente cunde la alarma por la influencia que Sonsoles Espinosa demuestra sobre su marido, que casualmente es nuestro Presidente de Gobierno. En esta ostensible tarde de martes que Zapatero ha dedicado a sus obligaciones maritales (con inevitable cancelación o posposición de sus obligaciones presidenciales) cabe vislumbrar la florentina mano de Sonsoles, que no quiere que el trabajo la prive de su compañero más tiempo del estrictamente necesario.
Una aspiración muy legítima en cualquier esposa… salvo en la del Presidente del Gobierno la cual se muestra por una parte reacia a compartir a su marido con todos los españoles, pero por otra no duda en aprovechar, en beneficio personal, las influencias emanadas del cargo de éste. Y qué no decir del papelón del propio Zapatero: la vox populi española, machista, chascarrillera y anticuada como pocas, y especialmente despiadada con este tipo de debilidades humanas (pasando por alto, muchas veces, circunstancias notablemente más graves y preocupantes), empieza a pintar al Presidente como un hombre genuflexo y maleable para con su mujer. Y, obviamente, una cosa lleva a la otra: ¿cómo no será entonces ante los Carod-Rovira, Ibarreche, Mohamed VI, Chirac, Schröder y compañía?
La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo; en este caso, más que honrada, parece que nos ha salido cojonuda. Y su marido, en quien ya sospechábamos un carácter marcadamente faldero, nos reafirma cada día en la sospecha.
Posted on Miércoles, Diciembre 29 2004
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En el marcador de las cualidades, de momento ZP pierde por goleada. Todo un presidente de gobierno que depende en el horario no solo de su señora sino de la Sección sindical de la Moncloa, donde después del Consejo de Ministros los viernes al mediodía todo quisque sale zumbando hasta el lunes entrada la mañana. Entretanto si pasa algo en España, como por ejemplo un temporal de nieve, la culpa será de la gente que se empeñe en salir cuando en realidad debería hibernar hasta el lunes. ZP, animalico.
Hasta la fecha no he visto a ZP preocupado por nada. Eso es un síntoma común en aquellos que creen tenerlo todo “controlao”. ZP no es un estadísta precisamente. Sus obvias carencias mezcladas con el “relajo” al que poco a poco nos va acostumbrando, van conformando ya un perfil de inconsciencia supina que todos vamos a pagar muy caro. Todo en él, es marketing. Incluidas las flores del Corán y las 500 visualizaciones de Bambi.
Yo diría, además, que la actitud de Zapatero es la de un hombre que ya ha logrado lo que quería. Consta la obsesión que, desde joven, albergaba ZP por ser “Presidente del Gobierno”. Conseguido su propósito (subordinado a una ambición personal, no a una vocación de servicio público), da la impresión que ya no cree que quede nada por hacer, y puede simplemente dedicarse a “vivir” su éxito.
una duda que me asalta: de la obra de teatro ¿no habia funcion nocturna, que es a la que solemos ir los que tenemos que cumplir con el horario de trabajo?
Me reitero diciendo que ZP es una persona que le ha llegado “Caido” de un dolorosísimo atentado, el cargo de Presidente del Gobierno Español. A partír de ahí, todo, absolutamente todo, le viene grande. Lo mismo que a su esposa; la cual demostró, por cierto, en la boda del Principe de Asturias, lo poco pudorosa y poco elegante que puede llegar a ser una mujer con ese horripilante vestido de la peletera oficial de la jet socialista, la ínclita Elena Benarroch. ¿Que se puede esperar de ambos?
Galatea