Liberalismo e Izquierda
El Liberalismo, en cualquiera de sus manifestaciones, se caracteriza antes que nada por reconocer al individuo como protagonista de la escena polÃtica, jurÃdica y social, como sujeto único de derechos y agente básico del funcionamiento de la sociedad por medio de la libre acción humana. El único lÃmite aceptable para dicha acción es la órbita de los derechos del resto de los hombres; fuera de dicho lÃmite, todas las actuaciones son perfectamente lÃcitas y, debido a la fuerte tendencia antropológica de procurarse la felicidad que anida en el corazón humano, dichas actuaciones irán generalmente dirigidas a satisfacer las apetencias y necesidades de los individuos que las lleven a cabo. Como quiera que en sociedades grandes, complejas y tecnificadas los individuos no son materialmente capaces de auto-proveerse de todos aquellos bienes y servicios existentes de los cuales obtendrán el bienestar y la felicidad, deben acudir al intercambio de sus respectivas realizaciones o habilidades por medio de relaciones libres. Este sistema de intercambio es el denominado Mercado o, no sin cierto abuso de la sinécdoque, Capitalismo.
Como consecuencia de dicha idea fundamental, el Liberalismo mira con enorme desconfianza cualquier estructura supraindividual cuya interacción con el individuo se imponga de forma coactiva; dicha estructura se identifica con el Estado y, obviamente, su propia esencia, objetivo y modus operandi la convierten en un contrapeso, en un limitador de la libertad de los individuos.
Como es lógico, este principio puede llevarse al extremo (como hacen los llamados anarco-capitalistas, que niegan el beneficio de la existencia de cualquier tipo de Estado y sólo confÃan en el asociacionismo libre como determinante de la agrupación humana) o puede considerarse desde un punto de vista más moderado en términos históricos, sociales y de polÃtica real (cabe decir: un punto de vista realmente menos liberal), propugnando la reducción, no la desaparición del Estado y de los impuestos que sustentan su existencia y acción pública, y defendiendo la desregulación de los mercados, la competencia perfecta y la devolución a los individuos del protagonismo en la vida social, despojando de dicho protagonismo a un Estado que quedará reducido a la provisión de ciertos servicios de difÃcil privatización, como son el Ejército, la Justicia o la PolicÃa, asà como algunos otros cuyo costo de producción a escala general los vuelve rentables, mientras que dejarÃan de serlo si tuvieran que adaptarse a la producción discriminada (a la demanda), o al menos asà lo afirman ciertas corrientes liberales moderadas.
Uno de los grandes encantos del Liberalismo es que no se trata de una ideologÃa, sobre todo en su vertiente menos anarquista: no nos propone la “soluciónâ€? apriorÃstica a ningún problema, sino que presupone que el individuo es quien se halla en la mejor disposición para procurarse sus propias soluciones, puesto que es quien mejor conoce sus propios problemas, y que la mejor forma de permitirle buscar dichas soluciones es dejarle obrar en libertad. En ese sentido, el Liberalismo no son meras especulaciones y, a diferencia de la mayor parte de las ideologÃas, ha probado su eficacia: existen numerosos estudios donde se ponen en relación el nivel de libertad de mercado de los paÃses con sus respectivos niveles de prosperidad, justicia, educación y satisfacción de las necesidades humanas de toda Ãndole, hallando que un mejor nivel de lo primero se corresponde invariablemente con mejores niveles de lo segundo.
Dicho esto, ¿qué propugna la Izquierda polÃtica? Para responder a esa pregunta debemos hacer un poco de memoria y recordar de dónde procede y cómo se ha manifestado esa ideologÃa.
La Izquierda como hoy la conocemos deriva de una u otra forma de las teorÃas polÃticas y económicas de Marx y de su plasmación práctica a través de los procesos revolucionarios del s. XX. Aunque puede enlazarse también con determinadas corrientes sociales y polÃticas anteriores (como el socialismo utópico y el tercer estado, o ala extrema de la Revolución Francesa, de donde le viene el nombre de Izquierda), será Marx quien sintetice en su extensa obra toda la ideologÃa de la Izquierda, y la revolución bolchevique el proceso donde esa ideologÃa se lleve de la potencia al hecho. Cualquier desarrollo izquierdista posterior parte, de una u otra forma, de aquel origen marxista y revolucionario.
La ideologÃa de izquierda se basa, fundamentalmente (y dicho sea con exceso de simplificación), en la crÃtica del Capitalismo como sistema básicamente injusto que permite la existencia de ricos (dueños de los medios de producción) y de pobres (o proletariado, dueño del recurso económico por excelencia, el trabajo), violentando de alguna forma la igualdad que es inherente al ser humano. Frente a dicho sistema injusto, el Marxismo propone otro sistema, no por azar llamado comunismo, donde los medios de producción sean comunes (estatales) y donde la acción de los hombres se supedite al interés de un ente supraindividual, la Sociedad. Como, según esta ideologÃa, el sistema que permite a los agentes económicos concurrir en libertad no genera consecuencias justas y tolera la desigualdad, es preciso diseñar un órgano diferente de los individuos que planifique las actividades desarrolladas por éstos: un Estado planificador que defina el precio de los bienes y servicios dentro de un sistema que elimine tanto el beneficio como el riesgo, y que proporcione la satisfacción de todos sobre la base de su mutua igualdad. La idea central de la Izquierda, por tanto, será la puesta en valor del colectivo (definido por la igualdad) como sujeto de derechos o intereses de rango superior a los que cabe atribuir al individuo.
Como en el caso del Liberalismo, la ideologÃa izquierdista (en este caso, sà cabe hablar de ideologÃa, por cuanto propugna una serie de medidas apriorÃsticas como mejores medios para procurar al hombre lo que necesita) puede llevarse al extremo, como en el caso de los colectivismos comunistas (Cuba, Corea del Norte) donde, por voluntad del Estado, no existen ni la propiedad privada ni el mercado; o puede atemperarse mucho, como sucede en el caso de las socialdemocracias occidentales, que reconocen el Capitalismo y conceden a los ciudadanos una alta cota de libertad individual, pero tienen un contenido social muy acusado y propugnan medidas tendentes a favorecer la igualdad por encima de la libertad a través de medidas dirigidas a la redistribución de la riqueza, la preservación de ciertos sectores o funciones productivas en contra de las leyes mecánicas del mercado, la sobreprotección de los menos prósperos a costa de los más prósperos, etc.
Deliberadamente empleo el término Izquierda porque es sobre ese término sobre el que se edifica toda la tesis, en respuesta a la pregunta inicial: ¿se puede ser liberal e izquierdista? aunque me consta su carácter equÃvoco en este contexto, donde el término más apropiado serÃa socialismo, incluso colectivismo, más que el término más indefinido y vago de Izquierda. Prueba de ello es que las notas caracterÃsticas aludidas como de la Izquierda definen también, de modo notablemente fiel, ciertos colectivismos tradicionalmente calificados como “de derechasâ€?, tales son el Nazismo o el Fascismo. No es objeto de este comentario demostrar que, en suma, y desde un punto de vista puramente taxonómico, Nazismo, Fascismo y Comunismo son regÃmenes muy similares y que su ubicación en extremos opuestos del espectro polÃtico deriva de un simple error metodológico inducido por causas históricas y propagandÃsticas. Quede, en todo caso, apuntada aquà la tesis.
Por tanto, atendidas sus caracterÃsticas, es obvio que el Liberalismo y la Izquierda preconizan, precisamente, cosas opuestas, cabe decir que incluso cosmovisiones opuestas, y que todo acercamiento a la Izquierda comporta un paralelo alejamiento del Liberalismo, por lo que muy mal se podrá ser “liberal y de izquierdasâ€?. O se es liberal o se es de izquierdas o, asumido que es imposible la plasmación material de cualquiera de ambas posturas en su pureza teórica, se deambula por algún punto del largo camino que las separa.
Quedan, entonces, dos preguntas pendientes de contestar, preguntas que surgen dialécticamente de las conclusiones planteadas más arriba. La primera pregunta es que, si el Liberalismo es lo contrario de la Izquierda, ¿equivale por tanto a la Derecha? La segunda pregunta, que va muy al hilo del artÃculo mencionado más arriba, es si, entonces, apoyar el libre comercio y consumo de drogas, el aborto libre, el matrimonio entre homosexuales o la investigación con células madre es “antiliberalâ€?.
Hemos empezado diciendo que, para debatir con algo de rigor sobre opciones polÃticas, es necesario aplicarse primero a construir un criterio taxonómico que nos acerque a la definición de las opciones mismas. Si “Izquierdaâ€? es un término vago y difuso, generalmente identificable con realidades sociológicas e ideológicas de Ãndole indefinida, “Derechaâ€? es un término incluso más difÃcil de encuadrar y definir porque, a diferencia de lo que sucede con “Izquierdaâ€?, muy pocos grupos quieren hacerlo suyo, situarse bajo su denominador. Haciendo un complejo ejercicio de abstracción, y considerando que en aquellos paÃses donde existe el juego partidista podamos considerar “Derechaâ€? simplemente todo aquello que “no es Izquierdaâ€?, encontraremos que la derecha suele manifestarse por medio de principios de acción polÃtica que, en parte, coinciden con el Liberalismo tal como se ha enunciado más arriba: defensa del Mercado como sistema de confluencia de los intereses de los individuos, reducción del tamaño del Estado y de los impuestos, fomento de la iniciativa privada, supresión de la industria de titularidad pública, etc.
Esto, naturalmente, no significa que el Liberalismo sea “de derechasâ€?; significa, más bien, que la Derecha, o lo que por eliminación suele calificarse como la Derecha, es frecuentemente liberal además de ser otras cosas o, como se dice ahora, tener otras almas (cristiana, conservadora) que conviven, generalmente en difÃcil tensión, con el alma liberal, pero que no necesariamente se le contraponen, como sà el colectivismo izquierdista. Obviamente, y no es ocioso repetirlo, habrá que descartar el mito absurdo de que el Nazismo o el Fascismo son manifestaciones extremas de la derecha polÃtica; como queda dicho, ambas ideologÃas y las formas de gobierno a que dieron lugar tienen muchos más puntos de contacto con el socialismo y el comunismo que con cualquier otra forma de gobierno.
Llegados a este punto, ¿qué pasa con esas reivindicaciones tradicionalmente asociadas a la Izquierda y que muchos liberales radicales hacen suyas, como el aborto libre o la legalización de la droga? ¿No significará eso que el Liberalismo (o ese Liberalismo al menos) participa de algún modo de los ideales de la Izquierda, es decir, que al fin y al cabo sà existe un Liberalismo izquierdista?
En primer lugar, habrá que dejar claro que esas reivindicaciones no recaen sobre aspectos fundamentales del debate ideológico o polÃtico, sino sobre aspectos muy concretos o parciales, cuando no irrelevantes, del mismo, o sobre hechos relacionados con la esfera moral que no deben ser objeto en modo alguno de interés para una teorÃa de la acción polÃtica. Por otra parte, la Izquierda ha hecho suyas muchas de esas reivindicaciones con un propósito meramente propagandÃstico o táctico, no porque coincidan mÃnimamente con sus fundamentos ideológicos.
Tal es el caso de la legalización de ciertas drogas. Este afán liberalizador parece más bien una excepción dentro del complicado sistema de reglas planificadoras que caracterizan a la Izquierda y de su constante preocupación por el bienestar de los individuos, aun a costa de su libertad. Si la Izquierda ha abrazado la causa de la legalización de las drogas no se debe a que la causa en sà sea verdaderamente “izquierdista�, sino porque en ella ha percibido la oportunidad de aglutinar el voto de determinados sectores de la juventud que ven con muy buenos ojos el comercio libre de drogas, no en razón a una visión liberal objetiva, sino por un deseo subjetivo de acceder con mayor facilidad a las drogas mismas, de las que son potencial o realmente consumidores. En dicha aspiración, el debate sobre la libertad simplemente no existe: sólo el debate sobre la conveniencia inmediata.
Siendo asÃ, sorprende en todo caso que los radicales se conformen, al menos programáticamente, con la liberalización del cannabis, cuando lo razonable desde una perspectiva puramente liberal es abrir el mercado a todas las drogas, con sus preceptivos controles sanitarios de pureza y salubridad y con sus lógicas restricciones de acceso para proteger a los menores, como sucede con el alcohol o los medicamentos. Esta medida no sólo colma la aspiración liberal de dejar al individuo el control sobre sus propios actos y la decisión sobre aquello que es mejor o peor para sÃ, sino que eliminarÃa el serio problema de seguridad que las drogas y su tráfico ilegal significan en el mundo. Por si fuera poco, la economÃa formal de numerosos paÃses como Colombia o Afganistán recibirÃa un espaldarazo sensacional. Choca por tanto, cuando menos, que se limite la iniciativa a la parte menos significativa y, de hecho, más aceptada ya socialmente, como es el comercio de cannabis.
Otro tanto sucede con el matrimonio homosexual. La Izquierda ha hecho bandera de esa reivindicación, no porque esté en sus “genesâ€? ideológicos (y basta comprobar el comportamiento de regÃmenes izquierdistas, como el cubano, con los homosexuales), sino porque ha percibido la oportunidad estratégica de captar el voto de numerosas personas subjetivamente vinculadas a la iniciativa (homosexuales deseosos de acceder al régimen jurÃdico privilegiado del matrimonio). Por otra parte, asumiendo que el amor libre ha sido siempre una de las expresiones más reconocibles de la Izquierda indefinida (aquello que cantaba Pablo Milanés con exceso de cursilerÃa: “yo no te pido que me firmes diez papeles grises para amarâ€?), parece un contrasentido que ahora abogue por la regulación de las relaciones homosexuales o de cualquier relación, sea la que sea. Una vez más, cabe entender que la Izquierda ha visto en esta reivindicación una buena oportunidad de polemizar con la Derecha (en su vertiente cristiana y conservadora), esgrimiendo la legalización del matrimonio homosexual como una causa por la libertad, cuando en realidad la libertad no está en modo alguno en cuestión: desde un punto de vista liberal, cualquiera puede elegir voluntariamente su régimen de convivencia sin necesidad de involucrar al Estado para que regule dicha elección libre, regulación detrás de la que se oculta la mera y simple busca de un régimen de privilegio. Por otra parte, las implicaciones jurÃdicas que conllevarÃa la consideración de las uniones homosexuales o cualquier otra unión humana affectio causa dentro del régimen matrimonial y su influencia en el concepto y naturaleza mismos de matrimonio hacen especialmente necesario el estudio de dicha reivindicación de forma independiente y rigurosa.
Afirmar que estas reivindicaciones son “de izquierdas� no es más que un espejismo donde se confunden lo sustantivo con lo contingente y los principios con la mera táctica; decir que el Liberalismo, por hacerlas suyas, se vuelve izquierdista, es simplemente un disparate.
No menos notable es el exquisito cuidado con que los radicales dejan fuera del debate otras reivindicaciones que el Liberalismo más o menos ortodoxo incluye en su particular vademecum, como sea la libertad de tener y portar armas. Este derecho, que en las democracias occidentales ha sido subrogado en el Estado como depositario del “monopolio de la coacción fÃsica legÃtimaâ€?, en palabras de Max Weber, no parece digno de la atención de los radicales, acaso porque choca frontalmente con los predicados tradicionales de la Izquierda, dado que ninguna razón metodológica o ética parece postergar este derecho frente a los citados más arriba. En este caso, la estrategia radical parece descansar, más que en una defensa de sus convicciones, en un cierto e injustificable entreguismo acrÃtico a la Izquierda.
Harina de otro costal son el aborto o la investigación con células madre embrionarias. Definir ambos como “asuntos de pura libertad individualâ€? es ignorar el debate filosófico cientÃfico que alienta detrás de ambos.
En el caso del aborto (o de la utilización de embriones con fines cientÃficos; el hecho es, desde un punto de vista ético y jurÃdico, más o menos equivalente), el debate subyacente no es si se respeta o no la libertad de la madre, sino que se trata de saber si el feto es ya un ser humano o no. En el primer caso, el feto es tan sujeto de derechos como la madre o como cualquier otra persona, tan luego del derecho primordial que es el derecho a vivir, y por tanto ningún interés de la madre será de rango suficiente como para privar al nasciturus de su derecho, no ya a nacer, sino a vivir. Sólo en el segundo caso, es decir, en el caso de considerar que el feto no es un ser humano individual sino una parte del cuerpo de la madre, cabrá considerar que ésta obra dentro de la autonomÃa de su libertad eliminándolo.
Desde un punto de vista puramente cientÃfico, parece innegable que el feto es, desde el momento mismo de la concepción, un ser humano, con todas las condiciones para ser considerado tal, y por tanto, desde un punto de vista ético jurÃdico, sujeto de todos los derechos inherentes a la persona. No existe un solo criterio que permita adjudicarle el feto la condición de “parte del cuerpo de la madreâ€? que lo convierta, por tanto, en objeto de la libre disposición de ésta, y no siendo asÃ, el feto es por fuerza un ser humano independiente, cosa que los notables avances de la eugenesia temprana no hacen sino confirmar. Sustraerle su condición humana al feto no puede por menos que ser visto como un acto arbitrario y caprichoso, ajeno a cualquier criterio ético o cientÃfico; en observancia de idénticos criterios podrÃamos llegar a privar de la condición de personas a, por ejemplo, los discapacitados, los menores de un mes o los mayores de 90 años. Por otra parte, llama mucho la atención que el aborto se moteje de “progresistaâ€?, cuando ya en época del Principado Romano se consideraba el feto parte del cuerpo de la madre; fueron los avances cientÃficos (aparte los avances éticos derivados, en parte, de la extensión del cristianismo) los que nos fueron descubriendo la naturaleza individual del feto, independiente de la de la madre, que lo caracterizaban como persona y como sujeto, por tanto, de derechos.
Una vez más, no nos encontramos ante iniciativas donde Liberalismo e Izquierda coincidan en defensa de la Libertad frente a una Derecha negadora de la misma: cabe decir más bien que, en este caso, la tradición cristiana defendida por cierta Derecha coincide con el conocimiento filosófico cientÃfico que nos informa sobre la naturaleza esencialmente independiente y humana del feto, y que puede, con absoluto fundamento, ser defendido desde posiciones totalmente ajenas a la religión y totalmente coincidentes con el Liberalismo.
Posted on Miércoles, Diciembre 29 2004
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Caray, menudo post. Enhorabuena.
Un problema que tienen ciertos liberales, supongo que los más jovencitos, es pensar que dar libertad es equivalente a que te sea indiferente lo que hace el vecino. Yo admito que mi vecino sea libre de ducharse o no, pero si no se ducha pensaré que es un guarro. Y a lo mejor hasta se lo digo!
Y asà piensan que las valoraciones morales son contrarias a la libertad. Y con eso, pues se meten con los católicos o con quien haga falta.
No estoy de acuerdo, sin embargo, que estar a favor del aborto sea porque se piense que el feto no sea un ser humano. El debate del aborto, el debate serio que manejan los polÃticos serios, no es si abortar es como extirparse el apéndice. El debate es si una mujer debe ir a la carcel por abortar. Es sobre su penalización.
Entonces se puede estar contra el aborto, pero a favor de su despenalización sin incurrir en contradición.
Te recomiendo que visites la web http://www.radicalparty.org y me digas si las campañas que ves alli como el apoyo de Israel a la entrada en la UE, el apoyo a Estados Unidos ,.. como comentas es echarse en brazos de una Izquierda mucho más correcta o glamourosa. Creo que has realizado una seleccion de lo que querias comentar, y creo que no has percibido el mensaje (que por lo menos yo entendi al leer) el mensaje que se queria transmitir era la posibilidad en un futuro de cooperacion a nivel de campañas concretas tanto con el grupo socialista como con el partido popular, por poner ejemplos.
MagnÃfico artÃculo alonso, me ha hecho reflexionar seriamente.
Séneca.
Freelance, creo que este articulazo, por el que te felicito muy sinceramente, no merece la triste suerte de ir perdiéndose en la cronologÃa de otros artÃculos sucesivos, aunque sean de calidad, como todo que escribes. Mi sugerencia es que lo apartes y lo destaques en un apartado especial, delante de ARTÃ?CULOS ANTERIORES. Ese apartado, que probablemente llegará a contar con excelente material, puesto que tu producción no sólo es buena sino abundante, podrÃa titularse, yo asà lo refrendarÃa como lector tuyo habitual: ARTÃ?CULOS ESPECIALMETE VALIOSOS o ARTÃ?CULOS SELECCIONADOS o ARTÃ?CULOS PARA MEDITAR. En fin, a tu elección, pero piensa seriamente en ello, creo que vale la pena.
Fenomenal artÃculo. Esto me recordó las inacabables discusiones en el foro de juventudes liberales (estupendo foro que por desgracia ha desaparecido) sobre ciertos aspectos que siempre consideré que estaban fuera del ámbito liberal. En concreto la adopción por parejas homosexuales en lo que siempre defendà que habÃa que diferenciar el derecho a adoptar con el derecho a ser adoptado. Algo parecido a lo que comentas con el aborto. Existen muchos aspectos en los que ciertos liberales prefieren apuntarse al carro mayoritario queriéndonos convencer que son medidas liberales, cuando por lo menos las podemos considerar como medidadas no antiliberales y no más. El probablema subyace en lo fácil que es ser progre y que todos tenemos tentación de ir a un concierto con la camiseta dl Ché (es lo que mola). Felicidades por el artÃculo. Coase.
Querido Blue_Alicante, sucede que el debate entre polÃticos serios entorno al aborto me interesa menos que el debate entre juristas serios y cientÃficos serios sobre el mismo tema. A diferencia de los polÃticos, los juristas y los cientÃficos no obtienen sus réditos de la demagogia.
Un feto, o es una persona, o es una parte del cuerpo de la madre; no hay un tercer estado posible, salvo el que pueda crearse por medio de una cabriola conceptual difÃcil de justificar cientÃfica y jurÃdicamente. Por tanto, desde un punto de vista de dogmática jurÃdica, no hay razón para despenalizar la eliminación de una persona que está en el seno materno, o al menos no más razones que para despenalizar la muerte de una persona que está fuera del seno materno. Esto no tiene nada que ver con la religión: es una cuestión ética y jurÃdica.
Querido Anónimo: naturalmente, me he centrado en lo que se decÃa en el post de “Radicalmente…” que he enlazado. En ningún momento he dicho que el programa radical coincida totalmente con el de, por ejemplo, el PSOE. Sà digo que la izquierda y el liberalismo se diferencian en lo fundamental, en el espinazo doctrinal que recorre ambas posturas (individuo vs. sociedad), por lo que hablar de liberalismo de izquierdas me parece una contradicción. Eso es todo. Que no es poco.
¡Estupendo artÃculo Emilio!
Modestamente opino que se puede ser liberal-conservador o liberalprogresista, pero que en términos generales, el socialismo, el comunismo y el anarquismo son en esencia antiliberales.
Saludos.
Siguiendo con simplificaciones, la izquierda te mete la mano en el bolsillo y la derecha en la bragueta…, liberal es, simplemente, dejar a los demás en paz..
Muy bueno. Mi más sincera envidia. Nada que añadir. Bueno, si:
Aparte de los razonamientos absolutamente lógicos que enuncias en apoyo de tésis usualmente conservadoras, yo pienso que entre liberalismo y moral conservadora, hay una relación de atracción inevitable; Esto se entiende fácilmente si nos damos cuenta de que el protagonismo del individuo y la máxima consideración de su libertad por parte del liberalismo, lleva a la inevitable responsabilidad individual. Si el individuo es responsable ante los demás, Entonces, por el simple hecho de que esa responsabilidad trae consecuencias tangibles, en forma de aumento o disminución de credibilidad, prestigio y en general fiabilidad de cara a transacciones futuras en un ambiente en el que cada uno elige libremente con quien quiere colaborar, Entonces una moral de esfuerzo personal, responsabilidad, credibilidad, eficiencia y respeto con aquellos con los que convivimos, ahora o en el futuro, debe emerger más tarde o más temprano en la vida social de cualquier lugar en donde se implante el liberalismo y el capitalismo. Todos ellos son valores conservadores.
Emilio, me sumo a la petición de policronio, este artÃculo es un clásico, no lo condenes al miserable olvido.
Séneca.
Aparte de que me parece un artÃculo excelente quiero apuntar algo que generalmente dejamos de lado: el concepto de izquierda y derecha es fundamentalmente un concepto de la izquierda. Me explico: son los partidos de izquierda los que ponen la etiqueta de “izquierda” a los digamos “suyos”, “derecha” a los “enemigos” (oponentes, si queremos) y “centro”, digamos a los “tolerados”.
Personalmente no me gusta esa calificación. Más bien creo que, desde la perspectiva liberal existen los liberales y los antiliberales. Por ejemplo, Blair puede ser más liberal que Haider o Le Pen, encontrándose sin embargo en un partido nominalmente de izquierdas. Creo que los liberales deberÃamos negar esa terminologÃa “polÃticamente correcta” y aportar la nuestra, al menos dentro de nuestro entorno.
euribe
Mis más sinceras enhorabuenas por el estupendÃsimo y enormemente ilustrativo artÃculo.Ya he enviado un mensaje apuntando a la web a algunos de mis contactos, para que lo lean, y entre los que acostumbramos a mantener disputados (y amistosos) debates entre posiciones liberales y (semi)anti-liberales.
Me sumo a la petición de que hagas una sección de “Imprescindibles” para que artÃculos tan buenos (y didácticos) como este no se pierdan en la profundidad del blog con el paso del tiempo.
Saludos.
Pues me sorprende que mi post te haya inspirado a escribir sobre un tema que ni de pasada pretendÃa tocar: ¿Es posible ser de izquierdas y liberal?
FÃjate lo que escribes:
“Como conclusión de todo lo dicho, y a manera de respuesta a la reflexión leÃda en el artÃculo ya varias veces citado: creo que no se puede, sin caer en grave inconsistencia ideológica, proclamar la existencia de un Liberalismo de izquierdas”
Ya me dirás donde proclamo la existencia de un liberalismo de izquierdas. No lo encuentro!!! Y centras todo el comentario en semejante pre-supuesto.
Creo que tendrÃa más sentido y una relación más directa con mi artÃculo la primera pregunta que te haces: ¿tiene sentido una alianza entre socialistas y liberales?
Y podrÃa tenerla si estuviéramos hablando de los mismo: acción polÃtica/colaboración entre grupos polÃticos. Yo escribo desde esa trinchera: La acción polÃtica.
Y en esta trinchera puedes encontrarte a polÃticos socialistas y liberales colaborando para privatizar la sanidad (HungrÃa) y a polÃticos de la derecha (Esperanza Aguirre) defendiendo y alimentando la televisión pública al más puro estilo socialista.
Si hablamos de polÃtica (partidos, polÃticos, leyes, parlamentos) no serÃa muy acertado como haces vincular la batalla por la despenalización del aborto o la legalización de las drogas a la izquierda. Nombres como los de Ayn Rand, Von Mises, Milton Friedman, Simone Veil (polÃtica liberal que despenalizó el aborto) y los programas de todos los partidos liberales occidentales (incluido el libertario americano) en el caso del aborto, desmienten, si de organizaciones polÃticas hablamos, esa afirmación. La lucha por la despenalización del aborto forma parte de la tradición polÃtica liberal con la misma naturalidad inexorable que la lucha contra la energÃa nuclear forma parte de la tradición “verdeâ€?.
Para debatir con algo de rigor sobre opciones polÃticas hay que conocerlas. Otra cosa es que no estemos hablando de lo mismo que puede ser el caso. ¿Verdad?
Censuras a los radicales por conformarnos con la legalización del cannabis. Es la mejor prueba de que no has entendido mi post y has contribuido a que la gente pueda dar por supuestos planteamientos que me adjudicas erróneamente.
Veamos, yo lo que he hecho es plasmar una idea original de Jiménez Losantos respecto a un posible y recomendable acuerdo PP-radicales. A partir de hay he jugado (nunca mejor dicho) con una serie de condicionantes en forma de “paquete radical� con los que los radicales en un momento dado podemos negociar con los dos partidos grandes a la hora de establecer un acuerdo de agregación electoral. Y parece obvio que presentarte con una propuesta finalista (legalización de todas las drogas o rompemos la baraja) no parece muy inteligente. Pasito a pasito.
Mi prioridad en todo caso serÃa la reforma económica y polÃtica. Ojalá pueda darse dentro de unos años el pacto que sugiere Jiménez Losantos.
Intuyo que lo celebrarÃas.
Un saludo cordial.
http://www.radicalmenteliberal.blogspot.com
Aunque no estoy tan de acuerdo con que la raiz de la izquierda sea ahora el Marxismo. El Marxismo está dejando de ser ,a marchas forzadas el nucleo central del izquierdismo. Ha fracasado en el plano filosófico y económico en la teorÃa y el la práctica y ellos lo saben. El marxismo ha sido completamente aplastado. Lo que vuelve a surgir como señal de la izquierda es el pre-marxismo del ala radical de la revolución Francesa, pero pasada por la universidad. Las teorÃas antropológicas, psicológicas y sociológicas (por cierto falsas) que se imparten en nuestras universidades, rezuman esa ideologÃa post marxista: Son la teorÃa antropológica del buen salvaje en equilibro con el medio ambiente que es pacifico y desinhibido y la teorÃa de la tabula rasa para la mente humana. la última justifica la intervención del estado para dirigir no ya la economia, sino las mismas conductas por medio de una enseñanza y de unas leyes que se meten en el ámbito privado. la primera justifica el antiimperialismo y el odio a la civilización occidental capitalista como cultura agresiva y represora.
Desgraciadamente, algunos liberales, educados en los valores progresistas han aceptado sus principios haciendo tabula rasa de todo valor moral. Pero cuando los izquierdistas plantean el intervencionismo para cambiar los valores morales, Los liberales radicales se plantean el negar cualquier influencia moral sobre el individuo, venga de donde venga, ya sea de la Iglesia como por parte del Estado o cualquier otro. Lo que ocurre es que entonces deberian impedir según que educación paterna o prohibir segun que medios de comunicación hasta convertirnos en robots con los valores progresistas adecuados a la mentalidad que implicitamente aceptan. En el fondo, plantean una intervención al igual que los izquierdistas, pero de otro tipo. Al final, tanto la izquierda, por su abandono del marxismo y los radicales liberales confluyen progresivamente. En el fondo, las raices de ambos son las mismas: unos radicales liberales jacobinos, los otros, post-marxistas beben de esas mismas fuentes actualzadas.
De hecho pienso que la inclusion del matrimonio homosexual y otras medidas por parte de Zapatero se deben en parte a la presión que sobre su electorado ejercen las nuevas propuestas de los radicales, ya que en estos tiempos el Marxismo no es banderin de enganche y temen un transvase masivo a un “liberalismo de izquierdas”. La Misma Emma Bonino ha sufrido ese transvase desde la izquierda.
Yo me suelo tomar a broma ciertas informaciones o especulaciones que me llegan sobre el “serio temor� del PSOE a que surja en España una opción radical o “liberal de izquierdas� (asà la han bautizado, algunos, para mi pesar) que pueda merendarse una porción considerable de su tarta sociológica.
Pero cuando dices que ciertas medidas de ZP se deben al miedo que tienen a un trasvase masivo de electores al campo radical, me doy cuenta de que cada vez son más (y normalmente gente brillante) los que han pensado que preocupamos seriamente a Rubalcaba
Ojalá tengas razón y ZP sienta tanta presión de los radicales o liberales de izquierda que veamos un buen numero de iniciativas radicales puestas en práctica por su gobierno sin tener nosotros ni que bajarnos del autobús. Ganando batallas antes de nacer.
De ser asà podemos dar por hecho el inminente cese de Moratinos (no casa bien con la defensa de Israel que hacemos los radicales), y un inminente plan económico radical (o “liberal de izquierdasâ€? en tu jerga): Flexibilización del mercado laboral, privatización del INEM, supresión de la negociación colectiva obligatoria, privatización del sistema de pensiones, liberalización de las farmacias, supresión de la Golden Share, liberalización de horarios comerciales, libre instalación de grandes superficies…
Sin duda medidas que de ser adoptadas por un gobierno socialista (tal y como predices) confirmarÃan al 100% tu brillante tesis sobre la inevitable y progresiva confluencia de los radicales y la izquierda
Bueno, maticemos: Los socialistas nunca dejarán de intervenir en la vida de la gente. Yo creo que la intervención que pretenden ahora en la misma conducta de la gente, es mucho peor que la intervención económica que pretendó la socialdemocracia en el pasado. Y eso es producto de las ideas de los radicales de la revolución francesa pasador por la universidad, no del marxismo.
Por otro lado, en cuanto al liberalismo y las ideas morales, pienso como dije arriba, que el ejercicio del capitalismo lleva a valores conservadores. Aunque eso no quiera decir ni por asomo que un liberal desee imponer esos valores. El liberal coservador propugna esos valores como parte de su libertad de expresión y los practica de acuerdo con el derecho a ejercer su libertad, al mismo tiempo que rechaza que nadie, sobre todo el estado, se meta en su vida privada ni en la de su familia tocando esos valores. Y lo hace asà porque son mejores desde el punto de vista practico. Pero no confundamos: una cosa es que Milton Friedman, yo y muchos liberales estemos a favor de la liberalización de las drogas y otra que opinemos que las drogas son nefastas y eduquemos a nuestros hijos de acuerdo con ello. Otra cosa es considerar que, por el hecho de que quiero la liberalizacion de las drogas se derive que además hay que ilegalizar las asociaciones de lucha contra la droga. Algo que parece los radicales tomais como decisión lógica aplicandolo a la educación cristiana. Sinceramente, creo que teneis un buen cacao mental y planteais algunos temas partiendo de consideraciones emocionales que vienen directamente de la época de Roberspierre.
Habrá liberales que puedan educar a sus hijos en el concepto general de que todas las drogas son malas y otros que a una edad determinada puedan apuntar a sus hijos en un curso de catas para que puedan apreciar lo maravillosas que son algunas drogas tomadas con sabidurÃa. Me conformo con que el Estado no subvencione a los enólogos que dan esos cursos… ni a la fundación contra la droga que preside Doña SofÃa.
No creo o no comparto que tenga una relación directa con el “ejercicio del capitalismo” un supuesto predominio de los “valores conservadores” en el ámbito familiar (?). En todo caso es una tesis interesante y curiosa.
Creo que tienes un cierto “cacao mental”
respecto a las posiciones de los radicales (movimiento polÃtico liberal) respecto a la religión. Deduces que la postura de los radicales es favorable a la “ilegalización de la educación religiosa”. En absoluto. La defensa de la libertad religiosa es una bandera prioritaria que los radicales abanderan de manera ejemplar en defensa activa de las minorÃas cristianas en aquellos paÃses en los que no disfrutan del derecho a la libertad religiosa.
Otra cosa es que los radicales defendamos el principio liberal de separación Iglesias-Estado. Creemos defenderlo al oponernos a la enseñanza del Corán por los imanes (o a su misma presencia) o de la Biblia por los sacerdotes (o a su misma presencia) católicos en los colegios públicos. Esto no quiere decir que nos opongamos a la educación religiosa en colegios no públicos y en los espacios que cada asociación religiosa quiera libremente edificar. Defenderemos activamente el principio de libertad religiosa, pero sin menoscabo del principio de “separación Iglesias-Estado”.
Puedes tener la seguridad de que si la izquierda resucita su tradicional y tenebroso programa “antirreligioso” los radicales estaremos en primera fila defendiendo el principio liberal de “libertad religiosa”.
Afortunadamente no veo a ZP prohibiendo la enseñanza religiosa o cerrando las Iglesias.
Demagogia eclesiástica al margen.
“Este sistema de intercambio es el denominado Mercado o, no sin cierto abuso de la sinécdoque, Capitalismo.�
Asimilar mercado con capitalismo es una falacia; el hecho de que sea directamente señalada como tal por abuso de sinécdoque no hace menos inválida la argumentación.
“En ese sentido, el Liberalismo no son meras especulaciones y, a diferencia de la mayor parte de las ideologÃas, ha probado su eficacia: existen numerosos estudios donde se ponen en relación el nivel de libertad de mercado de los paÃses con sus respectivos niveles de prosperidad, justicia, educación y satisfacción de las necesidades humanas de toda Ãndole, hallando que un mejor nivel de lo primero se corresponde invariablemente con mejores niveles de lo segundo.â€?
¿Qué estudios? Se echa en falta algo de documentación al respecto. Además, el hecho de que haya una fuerte correlación entre nivel de libertad de mercado y nivel de prosperidad general no implica una relación del tipo causa-efecto, asà como tampoco significa que la prosperidad general necesite como prerrequisito inevitable una libertad de mercado. Con esto ni quito ni pongo rey, sólo digo que, sin argumentar más este punto, queda en el aire la veracidad de lo que se está diciendo. Otra pregunta que lleva a hacer este párrafo: ¿es posible medir el nivel de justicia? ¿qué parámetros se utilizan?
“Nazismo, Fascismo y Comunismo son regÃmenes muy similares y que su ubicación en extremos opuestos del espectro polÃtico deriva de un simple error metodológico inducido por causas históricas y propagandÃsticas.â€?
Idea interesante, no sé si acertada o no, pero que requerirÃa más argumentación.
“…si el Liberalismo es lo contrario de la Izquierda, ¿equivale por tanto a la Derecha?â€?
Liberalismo no es lo contrario de Izquierda; en palabras del diccionario de la real academia de la lengua española:
Izquierda: Conjunto de personas que profesan ideas reformistas o, en general, no conservadoras.
Liberalismo: Doctrina polÃtica que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.
Asà pues, ambos términos aluden a distintas cosas y si se contraponen será de forma circunstancial, pues el término “Izquierdaâ€? no engloba una ideologÃa o doctrina polÃtica concreta, sino una postura de oposición a los conservadores.
Conservador: Conservador: Dicho de una persona, de un partido, de un gobierno, etc.: Especialmente favorables a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a los cambios bruscos o radicales.
Nótese que la palabra “conservadorâ€? no define una tendencia polÃtica concreta, sino una actitud de necesidad de cambio radical ante lo vigente. Por lo tanto, una doctrina polÃtica como el Liberalismo tendrá como opuesta otra doctrina polÃtica, y, como hemos visto, la Izquierda no es una doctrina polÃtica; luego Izquierda y Liberalismo no son términos contrarios. Liberalismo tampoco equivale a Derecha.
Derecha: Conjunto de personas que profesan ideas conservadoras.
Posiblemente los términos “Derechaâ€? e “Izquierdaâ€? se hayan confundido con tendencias polÃticas claramente definidas por el frecuente uso de éstos en determinados contextos polÃticos.
Tal y como yo entiendo estas definiciones, abogar por la legalidad de las drogas serÃa en España una postura de izquierdas, mientras que en Holanda serÃa una postura de derechas. Derecha e Izquierda hacen alusión a la conformidad o disconformidad general con lo vigente. Si bien, es cierto que comerciar con drogas libremente, sin restricciones estatales, serÃa propio de una doctrina polÃtica liberalista, aunque no se recalque este hecho como propaganda polÃtica.
El tema del matrimonio entre homosexuales es una forma de buscar la igualdad de beneficios fiscales con independencia de tendencias sexuales; creo que la mayor igualdad vendrÃa al quitar los beneficios fiscales a los matrimonios, pues no deben tener más privilegios que quienes deciden libremente permanecer solteros. El hecho de que se utilice o no como propaganda polÃtica está fuera del interés en el que teóricamente se centra este texto, a menos que se quiera contextualizar en el marco polÃtico español actual y se quiera criticar abiertamente a un partido polÃtico concreto. En cualquier caso, creo que no hay que confundir partido polÃtico con doctrina polÃtica. Sinceramente, creo que un partido polÃtico se mueve más por el provecho de cada miembro integrante de ese poder que por unas convicciones ideológicas, aunque para seguir en el poder haya que hacer ciertas concesiones. Todos los partidos polÃticos tienen unas determinadas estrategias propagandÃsticas para captar los votos de grupos más o menos numerosos. Lo que se percibe en el autor de este texto es una crÃtica al partido socialista obrero español y a cada una de las medidas de las que más se está hablando últimamente, teñido de una capciosa e interesada “máscara de objetividadâ€?. Con esto no legitimo los actos de dicho partido; simplemente no quiero que me hagan creer que una doctrina polÃtica es tanto mejor cuanto mejor sea el gobierno de quienes dicen profesarla para, acto seguido, descalificar las medidas que toma determinado gobierno, estratégicas o no, y asà llegar a la conclusión de que determinada doctrina polÃtica es mejor que otra, más aún teniendo en cuenta que no hay partido polÃtico que no tenga sus contradicciones o sus medidas puramente estratégicas y de captación de votos.
Black_Skull
nipho:
sobre los valores conservadores que impulsa el capitalismo he puesto un pequeño post en esta discusion y he escrito algo en mi blog. Para ver algo referente a eso hay un artÃculo de Sowel reciente (acerca del matrimonio homosexual, pero que generaliza a otros asuntos) que lo explica mucho mejor que yo (mira el blog de DRH), y si quieres más profundidad en el tema Heyek escribió extensamente acerca de eso.
Aparte de la inevitable relación libertad individual-responsabilidad individual, que lleva a valores conservadores sociales (no familiares, en principio) como son fiabilidad, autoexigencia, previsión etc, hay una relación liberalismo-conservadurismo evidente que lleva a la conservación de valores tradicionales cualesquiera: la simple falta de conocimiento e muchos campos del conocimiento humano. Esta falta de conocimiento implica, para los que creemos , como liberales, en el orden espontáneo, la aceptación de la tradición como reglas efectivas de conducta que han resultado exitosas en el pasado por un proceso de selección en el que las ideas morales forman parte tambien de un mercado. La psicologÃa en su rama evolucionista (más atea que roberspierre) y la teorÃa de juegos están descubriendo la razón teórica de esas prácticas morales conservadoras y de hecho mi blog está dedicado en parte a la difusión de este hecho. La soberbia de la Razón conduce al atrevimiento de la ignorancia. Y fué precisamente esa soberbia la que llevó a las matanzas de la parte radical de la revolución francesa y, en general, a todas las revoluciones y matanzas en honor de la diosa Razón secuestrada por el fanatismo (vease Izquierda). Es mejor dejar ir las cosas mientras no se conozca como funcionan. Y más si creemos en el liberalismo y en la no intervención.
Por otro lado, hay una tercera razón de los liberales para aceptar cierto conservadurismo: el tejido social de intercambios voluntarios sufre de una manera grave cualquier cambio bruscos. No hay nada mas apetecible para un izquierdista que la quiebra del sistema de intercambio capitalista por medio de la difusión de la incertidumbre al cuestionar las raices de una determinada sociedad y hacer plausible la posibilidad de cambios bruscos. Ellos lo saben bien y lo estamos viendo desde hace un siglo.
Y ya para hacer propaganda descarada, hay un artÃculo en mi blog, titulado “la santÃsima trinidad progre” donde hablo del nuevo ataque al mundo de la diosa Razón, mediante el uso bastardo de la ciencia por parte del Post Marxismo.
En cuanto al matrimonio, Si nos ponemos los más radicalmente liberales pienso que serÃa su desnacionalización y desregulación, pasando a que fuera un contrato privado en el que interviniera si cada uno quiere, las creencias y religiones de cada uno. En este contrato, los hijos no podrÃan figurar el las clausulas que contravienen sus propios derechos.
No quiero ni pensar las horas que necesitarÃa dormir ZP si se leyese estos mensajes tan largos…
Es un buen artÃculo y desde luego está muy por encima de la media, asà que comprendo que haya llamado la atención. Felicitaciones.
Sin embargo hay que decir que se trata de un post sesgado donde las conclusiones o no se siguen de las premisas, o éstas son falsas o irrelevantes. Si de lo que se trataba era de “demostrar” que liberalismo y conservadurismo son una misma cosa tal vez resultarÃa más pertinente “demostrar” por qué la defensa de unos determinados valores morales por parte de los estados es liberal y por qué deja de serlo el liberalismo que a ello se opone.
Por otra parte, el artÃculo, insisto, interesante, olvida algunos pequeños detalles históricos que en más de un sentido anulan muchas de las afirmaciones desplegadas en él como que la izquierda ya fue liberal o que la derecha puede ser y muy frecuentemente es, antiliberal. No está de más señalar que existe un colectivismo moral tan peligroso como el económico del que participan por igual derecha e izquierda. Obviar la discusión moral como irrelevante en la polÃtica me parece como poco pecar de ceguera.
En cualquier caso, muy a pesar del conservadurismo vergonzante que busca en el término liberal un paraguas que le haga aparecer luciendo mejor porte en las confrontaciones electorales, existe ya un liberalismo que no se siente identificado con la ideologÃa conservadora, precisamente por la insitencia de ésta en hacer de obligado cumplimiento unas determinadas convicciones morales, poniendo el poder cohercitivo del Estado al servicio de esta causa. Y esto repugna a muchos liberales, es un hecho. Poner al individuo en el centro mismo de la polÃtica no significa lo mismo desde una perspectiva católica a lo Juan Pablo II que desde una perspectiva laica. Se pueden compartir infinidad de presupuestos hasta que se pone a un hombre frente a otro y uno se cree tocado por una autoridad ajena al hombre mismo y, en función de sus creencias, prohÃbe al otro algo que ni le incumbe ni le afecta. Es aquà donde el liberalismo conservador deja de ser liberalismo a secas, en sentido estricto, y donde la evidencia nos muestra la existencia de dos concepciones del liberalismo en oposición dialéctica y polÃtica. Aplicando una taxonomÃa moderna, enfrentada a la realidad de las cosas, no a lo que uno quisiera, ni a lo que fue, ni a lo que podrÃa ser, ahà tendrÃamos un liberalismo de derechas y un liberalismo de izquierdas, un liberalismo conservador y un liberalismo progresista. Es más, tras la pesadilla del marxismo, lo mejor que le podrÃa pasar al mundo occidental polÃticamente hablando es que la izquierda retomara la senda liberal, como cuando se oponÃa a las fuerzas conservadores del Ancient Régime. Pero, y en ello casi coincido con la tesis defendida en el post, se tratarÃa de utilizar como si fueran nuevos términos cargados de vicios y leyendas.
Sobre los términos, derecha, izquierda y liberalismo he publicado y seguiré publicando una serie de artÃculos en mi blog “El ciudadano Liberal” cuya dirección es elciudadanoliberal.blogspot.com. Le invito a usted y a sus lectores a visitarlo, lo cual me harÃa sentir muy honrado. Feliz año a todos.
“Internauta Inquieto”:
Respecto al artÃculo de Emilio Alonso, me hubiese gustado que no hiciese afirmaciones tan pragmáticas (como lo de que si el feto no es una parte de la madre es por fuerza un ser humano independiente), porque ésto entra, bajo mi humilde punto de vista, en “hiper-simplificaciones” y además se olvida del origen taxonómico de ciertos términos.
(en otras partes del artÃculo no lo hace, pero en ésta sÃ, ¿quizás por desconocimiento?, ¿quizás deliberadamente?, ¿quizás simplemente no se acordó aunque sà lo conocÃa?)
Matizo y explico lo que acabo de decir arriba:
Un óvulo recién fecundado o un feto algo más desarrollado no es “por fuerza” una “entidad esencialmente independiente” de la madre, porque en primer lugar: fuera de ella no podrÃa desarrollarse; en segundo lugar: esa independencia “por fuerza” no lo será tanto cuando resulta que con una pastilla post-coital que únicamente contiene hormonas femeninas en ciertas dosis (no microcuchillos anti-óvulos ni venenos asesinos diseñados especÃficamente para matar) es capaz de desvanecerse (la independencia) e irse “al garete” ese supuesto “humano”.
Respecto al término “humano” deberÃas saber que ninguna persona es taxonómicamente humano, porque esa especie no existe en el reino animal; todos somos Homo sapiens taxonómica y estrictamente hablando. El término humano (incluso aunque opines de distinta manera a la mÃa **y ahora caigo en el mismo pragmatismo que antes yo mismo criticaba**) tiene un origen eclesiástico y/o religioso, (y no entro a especificar ninguna creencia concreta porque entonces sà que contarÃa una mentira). Por tanto considero que Emilio Alonso no deberÃa tener tanta seguridad en sà mismo al afirmar que no tiene NADA que ver lo religioso con el tema del aborto, y que basta con atender a razones de nivel jurÃdico y/o cientÃfico para poder “afirmar con certeza” que el óvulo fecundado/feto es un “humano” independiente, cuyos “supuestos derechos humanos” la madre no puede violar.
No sé si Emilio Alonso sabrá (yo desde luego sà porque llevo varios años estudiando la carrera de biologÃa) que el feto se comporta como un parásito dentro de la madre, invadiendo los tejidos de ella y quitándole parte de los alimentos que ella ingiere. ¿Acaso tiene ese “proyecto de humano” derecho a robar (en este caso alimento) a otra persona? ¿Acaso tiene un “humano” derecho a lesionar a otro (en este caso los tejidos uterinos de la madre)?
Que yo sepa, los “humanos” que no cumplen las leyes (porque además de derechos también tenemos obligaciones y entre ellas la de cumplir la legislación vigente) sufren (si les pillan) sanciones que actúan como detrimentos más o menos temporales en sus libertades/derechos; asà que, poniéndonos tan tikismikis (como en ciertas partes del artÃculo de Emilio Alonso) y faltando (yo) a la verdad (cosas factibles por personas tanto de derechas como de izquierdas), podrÃamos afirmar que (sin faltar a verdades jurÃdicas y/o cientÃficas) cuando una mujer aborte, podrÃa alegar defensa propia puesto que “ese parásito” que llevaba dentro, estába agrediéndola y ella utilizó lo que “tenÃa a mano” (métodos abortivos) para defenderse.
¿Habéis visto qué fácil resulta coger unas ideas, extrapolarlas a un contexto distinto, darles una interpretación personal en esa nueva situación, y asà afirmar cosas como si fueran inequÃvocamente ciertas para poder seguir manteniendo la opinión que nos da la gana mantener, aunque la realidad (fuera de nuestra cabeza) vaya por otro lado?
Ejjem ,ejjem, para los que necesitan simplificar el mundo para asà poder entenderlo dentro de su cuadriculada y prefabricada forma de pensar, actuar y de ver la vida; a ellos quiero recordarles que nada menos que Albert Einstein afirmó (aplicándolo a sus terrenos de estudio) que las cosas hay que simplificarlas hasta donde se pueda para llegar a la verdad, pero no simplificarlas aún más porque entonces caerÃamos en una mentira.
Con este párrafo anterior no pretendo insultar a Emilio Alonso llamándole cabeza cuadrada o hiper-simplificador ni análogos, sólo intento que al menos a uno de los que lean esto se le quede metido en el “rak” cerebral, de que no basta con mirar en el “diccionario” las palabras y ya con eso empezar a opinar y relacionar ideas, sino que deberÃamos plantearnos primero si “dicho diccionario” está “actualizado” o si las acepciones de dichas palabras son hoy en dÃa más laxas, etc… Es decir, la gran mayorÃa de las cosas en esta vida son relativas (”yo soy yo y mis circunstancias” decÃa un renombrado filósofo) y algunas obviamente son absolutas (muy pocas), como por ejemplo la verdad de las cosas. Lo que ocurre es que en función de nuestras percepciones SIEMPRE parciales de la realidad, de nuestras aversiones, de nuestras informaciones (objetivas o no), de nuestros prejuicos (positivos o negativos) y del contexto histórico/personal que nos toca vivir, estaremos más o menos cerca de esa verdad absoluta y utópica, pero nunca estaremos en su entera posesión ni podremos valorar porcentualmente si tenemos respecto a otros más razón o no en lo que pensamos. O sea, que ¡¡cuidadito con los pragmatismos y las “frases solemnes” porque en su mayorÃa son hiper-simplificaciones y esconden una parte de la verdad que no se quiere mencionar!!
Por lo demás, a pesar de no estar totalmente de acuerdo con casi ninguna cosa del artÃculo, sà me parece bien redactado y con una selecta base bibliográfica escogida como sostén de muchas de las afirmaciones volcadas.
“Internauta Inquieto”
Perdón por alguna de las parrafadas, no intentaba dar lecciones a nadie, pero me saca de mis casillas la gente siempre segura de sus opiniones (muchas veces inamovibles independientemente de las variaciones del contexto), y también querÃa recordar que a veces hay que hacer “turismo interior” para encontrar la solución a problemas que muchas veces pensamos que están fuera de nosotros.