Marxismo, internacionalismo, nacionalismo.
Una lectora muy asÃdua y fiel de Freelance Corner formulaba un comentario sarcástico como respuesta a otro que yo escribà a continuación de la entrada de este blog titulada Ciutadans.
Sin duda, mi leal y constante lectora se siente orgullosÃsima de su frase, deliberadamente breve y lapidaria. Yo hace tiempo que renuncié a hacer pedagogÃa con dicha lectora, porque sé que es inútil y, sinceramente, prefiero perder mi tiempo con un circo de pulgas amaestradas, que son menos impermeables al conocimiento, pero tal vez los lectores de FC encuentren interesante el tema.
El Marxismo, atendido su espinazo doctrinal, no es una ideologÃa contraria al nacionalismo, sino más bien su gemelo. Ambos se basan en la misma construcción intelectual: un ente ideológico, supraindividual, al que se convierte en sujeto de derechos cuyo orden de prelación se sitúa por delante de los derechos individuales. En el caso del nacionalismo, dicho ente es la nación (o su expresión más “telúrica”, la raza); en el caso del socialismo (el marxismo no es más que una de tantas manifestaciones del socialismo) esta entelequia supraindividual y antropomorfa es la clase social, el proletariado.
Que esto es cierto se puede demostrar racionalmente estudiando los cuerpos doctrinales de ambas ideologÃas, pero también por la vÃa de los hechos, acudiendo a ejemplos históricos. AsÃ, comprobamos cómo socialismo y nacionalismo siempre han convivido en armonÃa, y su grado de identificación mutua ha sido notorio. Recuérdese, sin ir más lejos, que el nazismo (empezando por su propia denominación: nacional-socialismo) y el fascismo son dos formas de nacionalismo socialista; muchos nacionalismos del s. XX, y especialmente los más violentos, se sitúan claramente en el radicalismo marxista (por ejemplo, el conjunto Batasuna-ETA; los nacionalismos indigenistas suramericanos, entre ellos el sandinista, el bolivariano o el más recientemente surgido en Bolivia de la mano del cocalero Morales; el nacionalismo serbio; una parte sustancial del nacionalismo catalán y todo el nacionalismo gallego, hoy gobernantes en alianza con el PSOE; etc.) No es extraño, por tanto, que el socialismo y el nacionalismo se conviertan en aliados naturales contra los partidos conservadores, como viene sucediendo en España durante todo nuestro siglo.
Por otra parte, llama la atención que se aluda al internacionalismo marxista cuando los herederos ideológicos del marxismo en nuestros dÃas son los máximos adalides del movimiento conocido como “antiglobalización”. Como muy bien ha señalado, entre otros eminentes politólogos, Anthony Giddens, frente a las tendencias cosmopolitas e internacionalistas de la globalización, se alza la llamada antiglobalización, que es un movimiento vacÃo de contenidos ideológicos, caracterizado sólo por su oposición al primero, y que por lo mismo es capaz de acoger en su amplio seno a potencias tan disÃmiles como el indigenismo, el fundamentalismo islámico, el sindicalismo militante, cierto fundamentalismo cristiano, etc.
Entonces, ¿qué se hizo del internacionalismo marxista originario? Uno de los primeros en poner de manifiesto la aparente contradicción entre la teorÃa marxista y la praxis del comunismo real fue Michael Elliott, quien en su influyente The Wrong Side of the Barricades mostraba la, en apariencia, incongruente asociación del nuevo marxismo post soviético con la antiglobalización, cuando la Globalización en sà misma fue ya un proceso vaticinado (y pretendido) por Marx y Engels.
La incongruencia, sin embargo, no es tal. El internacionalismo, si bien es cierto que fue una de las pulsiones interiores del marxismo, no es sin embargo su núcleo doctrinal. El centro del marxismo, como el de cualquier totalitarismo, está ocupado por el colectivismo clasista, en nombre del cual se vaciaba al ser humano de sus caracterÃsticas propias en nombre de la entelequia común. Fruto de dicha cosmovisión antihumanista que postergaba al individuo en nombre del grupo caprichosamente definido tuvieron lugar las purgas, las deportaciones, los asesinatos en masa, en la Unión Soviética, en la Alemania nazi, en China, en Camboya, no como una desviación de la doctrina, sino precisamente como la más pura forma de su ejercicio.
Por tanto, no. El internacionalismo no es algo que nos acerque en modo alguno al marxismo; nos aleja decididamente de él y nos aproxima al viejo sueño de Ayn Rand de un mundo donde de verdad se respeten las minorÃas, porque la minorÃa última de cualquier sociedad es el individuo, más allá de los fantasmas colectivistas que nos acosan desde las fronteras que se alzan y dividen, para nuestra desgracia, este pobre y zamarreado mundo.
Posted on Lunes, Febrero 27 2006
Author: Freelance
Filed under: Antipropaganda, PolÃtica general
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Estimado amigo y compañero Freelance:
Estoy en sintonÃa total contigo. He leido lo escrito por Michael Elliott (http://en.wikipedia.org/wiki/Special:Search?search=Michael+Elliott+&go=Go) y es indudable.
Por todo lo antedicho no voy a leer ni una sola frase de las obras de Marx (http://en.wikipedia.org/wiki/Marx) ni de Engels (http://en.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Engels).
Un saludo cariñoso,
yo.
PD: Perdón, Michael Elliott no viene en wikipedia. Está en http://www.t ime.com/time/columnist/elliott
El internacionalismo no era el núcleo del marxismo. Este era (y es) la lucha de clases. Ahora bien, el internacionalismo no está del todo muerto. El movimiento anti-globalización es un episodio inernacional. Los nacionalismos económicos sudamericanos no son internacionalistas pero tienen indudables lazos de concomitancia.
En cualquier caso la desaparición de la URSS ha supuesto el fin del internacionalismo clásico del socialismo marxista. Ahora bien, los partidos socialistas siguen perteneciendo a la Internacional Socialista. No se olvide.
No, Smith, no, el núcleo del marxismo son las condiciones materiales de la producción que configuran unas relaciones de producción. La lucha de clases es la materialización del conflicto que se produce como consecuencia de unas condiciones materiales que benefician a unos y perjudican a otros.
No puedes analizar los movimientos antiglobalización, ni los movimientos populistas en clave marxista porque Marx está bastante superado. Ni siquiera él lo harÃa. La mala suerte de Marx fue tener un protector como Engels. que´demonos con lo bueno de Marx (que lo hay) y olvidémonos del marxismo.
No tan rápido, amigo:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=14655
http://www.diarioeltiempo.com.ve/secciones/secciones.php?num=76242&codigo=nnac&llve=dos
Creo que en su afan de poner a todos sus “enemigos” (marxismo, nacionalismo no español, …) en el mismo saco con el obvio proposito de arrearles a todos una patada al mismo tiempo cae usted en obvias simplificaciones, cuando no simplezas, con tal de que su discurso funcione.
Para empezar el marxismo es abiertamente antinacionalista, y lo ha demostrado a lo largo de la historia con escritos doctrinales y con hechos. En un antiguo manual marxista se postulaba que los partidos de los trabajadores (sic) solo entrarian en un frente nacionalista cuando pudieran esperar dominarlo para usarlo para impulsar la revolucion. Si sus prejuicios se lo permiten y mira usted lo sucedido en diversas partes del mundo se dara cuenta de que esto se ha seguido al pie de la letra (en plan de historia proxima siga la pequeña historia del PSUC, que se atuvo al plan divino hasta en sus menores detalles).
Tambien erra usted, y mucho, cuando acusa a los marxistas de antiglobalizadores. Los marxistas estan en desacuerdo con la gestion liberal de la globalizacion, pero no con la globalizacion como tal. Si tuvieran el mando estarian la amr de felices, despues de todo un solo estado, un solo gobierno, una sola cultura y un solo idioma es a la vez el ideal marxista y el ideal liberal, aunque con objetivos distintos. Para los marxistas el poder de tal sociedad deberia ser para sus doctrinarios, para los liberales el poder debe ser para los ricos, o, como mal menos, para sus representantes, esos que engoladamente se proclaman politicos democraticos.
Hay que ver lo que uno aprende con esto de “internes”. “La ignorancia vacila entre la extrema audacia y la extrema timidez”. Paul Valéry
“Más que avergonzarte de confesar tu ignorancia, avergüenzate de insistir en revelarla”. Elis Joseline
Penques, tu razonamiento, que podrÃa ser bueno, se viene abajo con la
primera frase, que demuestra tu intención meramente propagandÃstica y
sectaria:
“Creo que en su afan de poner a todos sus “enemigosâ€? (marxismo,
nacionalismo no español, …) en el mismo saco […]”
Si lees (supongo que no te habrás tomado el tiempo) el artÃculo precedente,
verás que yo en ningún caso hago distingos. Es más, si lees (seguro que no
te tomarás el tiempo) muchos otros de mis artÃculos y comentarios, compro-
barás que en ningún caso he hecho yo defensa alguna de ningún nacionalismo
“español”. El nacionalismo español fue algo asà como la confusa ideologÃa
del franquismo, que nos sumió en la falta de libertades, el aislamiento y
la depresión económica. Mal puedo yo ser defensor de una cosa tan ridÃcula.
Me alegra que me cites la historia del PSUC porque es una prueba de que lo
que digo es cierto. El PSUC era un partido socialista no nacionalista,
mientras que el PSC es un partido socialista y nacionalista. Por eso el
primero desapareció sin dejar rastros, mientras que el segundo gobierna en
alianza con otro partido socialista nacionalista: ERC. Es una buena demos-
tración de que, hoy dÃa, el socialismo real, vacÃo de contenidos doctrinales,
se alÃa con cualquier fuerza polÃtica que comparta el corte totalitario que
es el verdadero núcleo del socialismo: la postergación del individuo frente
al colectivo como ente orgánico superior. Observarás que en mi artÃculo he
puesto especial cuidado en hablar del socialismo real, y también he puesto
especial cuidado en señalar que el marxismo originario, como Elliot dice,
nada tiene que ver con las corrientes post soviéticas del marxismo moderno.
No me eches la culpa a mà de eso: más bien, habla con tus correligionarios.
En cuanto a eso de que “para los liberales el poder debe ser para los ricos”
es, una vez más, propaganda, que supongo que tú mismo no te crees. Para un
liberal, al menos para mÃ, que me tengo por un liberal de andar por casa,
el “poder” es una entelequia, porque lo importante es la libertad, no el poder.
Se puede hablar en clave de poder cuando se es partidario de un gobierno
fuerte, como os sucede a los socialistas. Yo, que a lo que aspiro es a un
gobierno adelgazado, atomizado y privado de la parafernalia estatalista,
difÃcilmente puedo aspirar a que “el poder” recaiga en una casta determinada.
El único poder admisible es el de cada uno sobre su propia esfera de influencia.
Los totalitarios de corazón sois incapaces de entender eso tan simple.
En cuanto a GPAC, yo me sé otra que me gusta más, de Shiller: “contra la estu-
pidez, los propios dioses luchan en vano”. Asà que fÃjate yo, que soy un
pobre mortal. Contigo ya tiré la toalla hace tiempo.
Algunos seguimos creyendo en el ideal. El Marxismoo ya es utopia, pero mas vale eso que no algo
que empezó a ser maligno en los 80.
Saludos
Fmdo: Solid Snake
“Literatura posnacional” de Bernat Castany Prado
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