El retrato de Dorian Progre.

Si las opiniones basadas en la observación de la realidad son interesantes, aquellas que incorporan la propia experiencia son sin duda mucho más vívidas y convincentes. Hoy, a través de El Rincón, Apuntes Liberales, leemos unas reflexiones de Vicente Verdú que tienen la autoridad que da la autocrítica sobre la verdadera raigambre intelectual de eso que se ha dado en llamar progresismo. Los temas escogidos por Verdú para lanzar su solapado mea culpa son un par de viejos caballos de batalla del progresismo poscomunista y antioccidental: el nacionalismo, las fuentes de la energía, el consumismo.
El nacionalismo representa la activa enseña de esta paradoja. En los tiempos del franquismo, el nacionalismo periférico fue tenido como un movimiento progresista que encendía la subversión, pero ahora, en nuestros días, tanto la izquierda republicana de Cataluña como la izquierda abertzale representan lo más conservador y arcaico, lo más reduccionista y derechista que hay.
Parecería obvio que lo progre de nuestros días, patente en las músicas, las gastronomías, las pinturas o las modas, fuera la mixtura, una biodiversidad a través de las mezclas naturales o artificiales, espontáneas o transgénicas. Lo reaccionario conllevaría, por lo tanto, el enaltecimiento de la pertenencia, la promoción del ente diferencial. A más radicalidad nacionalista, mayor anacronismo; a mayor separatismo, más conservadurismo. Y lo cómico es proclamarse de izquierdas con estas banderas.
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¿Energía nuclear? El discurso antinuclear es una continuación del beato discurso del lince y una secuencia mecánica del anticapitalismo, el antiimperialismo y el antibelicismo. Actualmente, las centrales nucleares no son los monstruos letales de la URSS y la carestía del petróleo puede detener y anular la vida real de millones de habitantes del Tercer Mundo (progresista).
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El progresista detesta el consumismo sin atender a su valor crucial en la prosperidad económica, social y artística. Para este progresista, continúa siendo un mal cultural la televisión y un bien indiscutible el libro, sin reparar en que la liberación, el humanitarismo, la posible revolución, sólo resultan imaginables desde las pantallas y que obviarlas denota un impulso reaccionario, melancólico, idealista, burgués. Ciertamente, los progresistas veteranos evocan hoy la figura estatuaria del burgués, pero no son el auténtico burgués de antes. Como signo diferencial, siguen, a veces, apoyando a Castro y a Chávez pero, además, siguen despotricando sobre las marcas de coches lujosos y contra la publicidad total asociada al discurso oficial del poder. Son, en suma, progresistas que desprecian este mundo global y banal sin concebir otro remedio que la marcha atrás. Son (somos), en definitiva, tipos absortos ante un mapa donde los términos de oposición y valor han alterado sus términos y ahora viajan alejándose de aquel sistema que nos permitía creer y gritar.
Progresar caminando para atrás. A must read! Aunque lo raro es que Verdú no se dé cuenta de que esas formas o manifestaciones de la izquierda no son desviaciones o excrecencias de la izquierda sino que son, como nos explicó el Maestro Revel, inevitable e íntimamente, la izquierda en sí.
Posted on Viernes, Mayo 12 2006
Author: Freelance
Filed under: Antipropaganda, Política general
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Y a pesar de todo es necesario evitar la inanidad de ser un señor de derechas.
¿Os dais cuenta como la izquierda es izquierda precisamente porque es así? Cuando estamos tentados de dudarlo, aparece mi querida troll para recordárnoslo.
Cáspita, pues para se inanes, la izquierda se está tomado muchas molestías, sin detnerse ni ante la detención ilegal. O ¿es que Oscar no sabe lo que significa inanidad?.
Jejeje…:) ¡Vaya preguntas para un fin
de semana hace Divino Fracaso!