El puñal de Bruto.
El insigne Padre Juan de Mariana confió a los rigores del latín, el mismo latín en que prununciara César sus palabras postreras aquellos Idus de Marzo, su elogio del Tiranicidio, según leemos en De Rege et Regis Institutione, donde afirma que el pueblo tiene el derecho de matar al Rey si este deviene en Tirano. Los ecos de la gesta de Bruto se escuchan también el en Himno nacional del Uruguay, cuya exhortación al regicidio no hubieran desaprobado Shakespeare ni Quevedo.
Ayer, el pueblo de Irak se liberó de un Tirano. Tras un juicio donde se escenificó con clara verdad que la justicia de los hombres está por encima del poder omnímodo de los gobernantes, el pueblo colocó una soga al cuello del Tirano y lo castigó por sus horribles culpas, y quisieron que la soga fuera la misma con que fueron ahorcadas muchas de las víctimas del monstruo y que las últimas paredes que vieran sus ojos fueron las que vieron muchos de los torturados y ejecutados por sus órdenes inícuas. En las calles de Irak, las multitudes chiíes y kurdas lo celebraron: un gran mal había desaparecido del mundo. Aunque aún queden tantos otros, al menos la extinción de éste justifica un momento de júbilo.
Muchos han salido ahora deplorando la ejecución del Tirano. Algunos, porque ya en vida lo defendían, porque comparten con él ese proyecto criminal por el cual el beneficio de unos pocos ha de edificarse sobre la opresión y el sacrificio de muchos; otros, porque para ellos la muerte, cualquier muerte, es un hecho injusto y ninguna sangre puede lavar la sangre ya derramada. Pero nadie puede privar a un pueblo de su derecho de alzar el puñal de Bruto contra el pecho de quienes lo sujuzgan y lo humillan; porque la Libertad no se gana sin esfuerzo, sino con infinito sufrimiento y, como dijera Barère de Vieuzac, el árbol de la Libertad no puede crecer si no se lo riega con la sangre de los Tiranos.
Post Scriptum.
No puedo dejar de enlazar el artículo de FrancoAlemán en Barcepundit en relación con la ejecución de Sadam. Especialmente ilustrativo es el comentario hacia lo escrito por Gustavo de Arístegui, hombre por lo común inteligente y profundo pero que, en su artículo de hoy en El Mundo, sufre un ataque agudo de political correctness que FA señala con agudeza. La vida, Gustavo, es un derecho, uno más, como la libertad o la propiedad privada. En términos estrictamente éticos, la diferencia entre arrebatar la vida, la libertad o la propiedad a un penado es escasa, y la única diferencia es cuantitativa, no cualitativa. Difícilmente podremos hallar proporcionalidad en el castigo de las culpas de un monstruo como Sadam privándole apenas de la libertad. Y en este caso no cabe entender que la medida sea ineficiente en términos prácticos, como si habláramos de un delincuente común. Como te señala FA, la descalificación genérica a cualquiera que defienda la pena capital, expulsándoles del reino de la beatitud democrática, no pasa de ser una candorosa idiotez; se conoce que Thomas Jefferson era un peligroso totalitario. Yo más bien creo que quien no está dispuesto a defender la libertad con cuantas armas tiene a su alcance, pena de muerte incluida, es que es un liberal con sordina, un liberal de segunda. La lástima, Gustavo, la verdadera lástima es que los irakíes no hayan podido ahorcar al carnicero de Tikkrit, legítimamente, sí, pero además mil veces.
Posted on Domingo, Diciembre 31 2006
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¿repartes carnet de liberal?
La pena de muerte aunque para Kant fuera un imperativo categórico es una opción moral y no política: nadie es quien para decidir sobre la vida de otros, ni Saddam ni yo.
No quiero que decidan sobre mi vida. No quiero decidir sobre la vida de otros. Y mcuho menos sobre su final.
¿Y por qué no le decías eso a Saddam, Ignacio? Hubo como unas, no se, un millón de ocasiones de hacerlo…
Ignacio, no has leído con atención. Es Arístegui el que reparte carnets de demócrata, y a eso me opongo yo. Y doy mi opinión sobre quienes, con argumentos morales, abominan de la pena de muerte pero aprueban, por ejemplo, la invasión de un país con medios bélicos. Es de una hipocresía que sonroja. ¿O es que Arístegui y el PP pensaban que se podía invadir Irak sin matar a nadie? Yo estuve de acuerdo con la guerra del golfo, entre otras cosas, porque también estoy de acuerdo con ahorcar tiranos. Y eso porque la vida, así, en abstracto, la vida de todos y cada uno, no es el bien supremo, como tampoco lo es la paz esa que nos quieren meter muchos de matute.
Me gusta la idea de unir el SST de Bruto a César y el ajusticiamiento de Sadam. Yo incluiría el que dijo JWB al saltar al escenario desde el palco en el que había hecho lo propio con Lincoln.
Ignacio, la pena de muerte forma parte del derecho de restitución por un asesinato. El problema es que ese derecho lo ejerce el estado sin pertenecerle, en lugar de los legítimos herederos del asesinado.
Se me olvidaba, aunque los hereeros tengan ese derecho no significa que siempre lo vayan a ejercer, bien pueden pedir ser restituídos en forma de prestación de servicios, pago monetario…
Ad primum, respondeo:
-Lo del carnet de liberal:
de ser una candorosa idiotez; se conoce que Thomas Jefferson era un peligroso totalitario. Yo más bien creo que quien no está dispuesto a defender la libertad con cuantas armas tiene a su alcance, pena de muerte incluida, es que es un liberal con sordina, un liberal de segunda.
A éso me refería.
Ad secundum respondeo:
La vida de cada uno, de cada individuo sí es el bien supremo. Poner algo por encima, si no es Dios ( y el de los católicos) es negar al hombre en su entidad epistemológica. El individuo en la tierra es lo máximo; no el estado.
Y no se que ni como debia decirle yo a Saddam la verdad.En mi puta vida tuve ocasión de hablar con Saddam, jamás. Y no creo que tuviera nada que decirle, realmente. Ellos saben muy bien lo que hacen; yo solo me responsabilizo de lo que pienso.
Ad tertium, respondeo:
Una invasión de un pais es un hecho legítimo per se; forma parte de la condición del estado y la nación; las muertes y los actos de guerra, no son considerables actos de voluntad individual; cuando decides ahorcar a alguien, es una persona qu decide sobre la vida de otra, y otros la secundan. No son términos comparables.
Aristegui no se de que va, es otro tema, pero yo hablaba de otra cosa ¿o tiras como los progres asumiéndome a mi al pp?
Aeri respondeo:
tomar la justicia como algo tribal me encantaría, en ese caso hablariamos en otros terminos, no en estos.
Ignacio, sin ánimo de prolongar este debate más de lo necesario:
1. Mi respuesta “repartiendo carnets de liberal” es proporcional a la proposición de Arístegui donde “reparte carnets de demócrata”. Es su injustificada afirmación la que legitima, creo yo, mi respuesta, que sólo se explica por la formulación previa de aquélla.
2. No puedes ir saltando de la argumentación moral (¿? ¿no sería más bien ética que moral?) para condenar la pena de muerte, a la argumentación política para justificar la guerra. Éticamente, y si de verdad ponemos la vida como cúspide de nuestro sistema ético de valores, tanto da la pena de muerte como la guerra, pues es inevitable que en ambas se pierdan vidas y, así, ambas serán totalmente reprochables. Políticamente (y jurídicamente), la pena de muerte y la guerra son acciones igualmente legítimas porque salvaguardan valores que están por encima de la vida misma, como es la vida de otros, la justicia o la libertad. O hablamos en términos éticos, o en términos políticos; pero no me tomes cada uno en función de la inmediata estrategia dialéctica.
3. “Aristegui no se de que va, es otro tema, pero yo hablaba de otra cosa ¿o tiras como los progres asumiéndome a mi al pp?”
Pero coño, si el debate va, precisamente, de unas manifestaciones vertidas por Arístegui en un artículo. Yo no te asumo con nada, hombre. He criticado la postura de Arístegui y he argumentado y ejemplificado mi crítica como mejor he podido; no me saques palabras mágicas del estilo “haces como los progres”, que en este caso no tienen nada que ver, no funcionan.
No lo alargaré. Pero valdria la pena hacerlo
Eppur si muove!