El Manifiesto de las Clases Medias
Hace ya bastante tiempo (he consultado el outlook: concretamente a primeros de abril) que Enrique de Diego me hizo el honor de enviarme por correo electrónico el borrador en Word de “El Manifiesto de las Clases Medias”, libro llamado a convertirse en santo y seña del movimiento de reacción contra el pensamiento único progre que se ha dado en llamar, creo que con gran acierto, la Rebelión CÃvica. Me leà el libro entero, que es muy breve, en una tarde; sobre la mesa del despacho tengo la versión que imprimà y encuaderné yo mismo con canutillo, llena de anotaciones garabateadas en los márgenes.
Una serie de problemillas personales de los cuales no voy a dar cuenta aquà me impidió sentarme a escribir esta reseña, largamente demorada desde entonces. Creo que ya es hora de pagar deuda tan morosa.
He dicho que “El Manifiesto” marcará un punto de inflexión y no es hipérbole; reúne todas las condiciones para hacerlo, para sacar a esa enorme mayorÃa silenciosa que constituye la clase media occidental de la cárcel en la que la izquierda la mantiene confinada, para mostrarle los parásitos que la corroen por dentro sin que hasta ahora haya querido darse cuenta y, sobre todo, expulsarlos fuera de sÃ.
Qué duda cabe: se ha escrito mucho sobre la esencia del pensamiento de izquierdas, sobre su condición de estafa intelectual, de enemigo acérrimo de los principios éticos sobre los que se sustenta la civilización occidental (pleonasmo extensamente utilizado para referirse a la civilización, a secas), de agente destructor de la libertad y la prosperidad. Por no agotar la paciencia de los lectores con vanos artificios de erudito, recordaré aquà a Popper, a Hayek y a Revel como sÃmbolos o lemas de un nutrido y brillante elenco de pensadores que han desenmascarado al pensamiento izquierdista con la profundidad y el rigor necesarios para despejar cualquier duda intelectual que aún pudiera quedar al respecto, pese a las múltiples demostraciones materiales del fracaso y la miseria de la izquierda como ideologÃa y como forma de entender la polÃtica. “El Manifiesto”, sin embargo, introduce algunas novedades nada menores y propone el siguiente paso, es decir, pasar de la convicción intelectual a la acción positiva. De forma bien sintomática, “El Manifiesto de las Clases Medias” es algo asà como el espejo de aquel otro Manifiesto, el Comunista, que movilizó fatalmente a las grandes masas de trabajadores y consiguió el desmesurado propósito de uncirles al yugo de la ideologÃa que habrÃa de traerles, a ellos, a su fuerza de choque, la pobreza, la esclavitud y con frecuencia la muerte. En su propio Manifiesto, Enrique de Diego responde a cada una de las evidentes mentiras y sinrazones del Manifiesto Comunista con razones y verdades igualmente obvias, expresadas en un lenguaje igualmente candente, igualmente revolucionario, porque la rebelión de las clases medias, munÃfica ubre de la cual liban los depredadores albaceas del pensamiento marxista, ha de adquirir necesariamente las dimensiones de una vasta revolución ejecutada por la vÃa de los hechos. Una revolución cuyo sujeto han de ser las clases medias occidentales y cuya bandera ha de ser el liberalismo.
A Enrique de Diego se le podrán achacar, como a todo el mundo, montones de defectos, pero no el de ser un hombre cobarde ni de responder a otro interés que sus propias convicciones; a diferencia de muchos profesionales de la comunicación que se dicen liberales pero que luego no han dudado en multiplicar sus zalemas al poder a cambio de jugosas licencias de medios y mollares subvenciones en forma de publicidad institucional, Enrique no vacila en dirigir la lanzada al ojo de Polifemo: la clase polÃtica. La clase polÃtica, de derechas y de izquierdas, ha sido colonizada por el pensamiento único de la izquierda y se ha convertido en el aplastante monopolio de la depredación de las clases medias, a las cuales, en afortunada expresión creo que de Tocqueville, sobornan con su propio dinero para mantenerse en sus estatus de privilegio. La Rebelión no ha de llegar de la mano de los polÃticos, de ningún polÃtico, porque los polÃticos de hoy no pueden convertirse en la solución siendo como son la parte más sustancial del problema: ha de llegar de los propios ciudadanos. “El Manifiesto” es el repicar de la campana que nos llama a ocupar nuestro puesto en las filas de esa Rebelión pendiente gracias a la cual tenemos que recobrar la responsabilidad de nosotros mismos y sacudirnos de encima la pesada sanguijuela de la izquierda como quien aventa, con un movimiento de la mano, los últimos recuerdos de una desafortunada y tenebrosa pesadilla.
“El Manifiesto de las Clases Medias” puede encontrarse en cualquier librerÃa y también comprarse on line.
Otras reseñas de “El Manifiesto de las Clases Medias”:
- Guillermo Rocafort en Periodista Digital.
- Como ser de derechas y no morir en el intento.
- Carmelo López-Arias en El Semanal Digital.
Posted on Miércoles, Mayo 23 2007
Author: Freelance
Filed under: Antipropaganda, Cultura, Rebelión CÃvica
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“… recordaré aquà a Popper, a Hayek y a Rebel”
¿Te refieres a Rebel, el de “Clappy & the Rebels”?
“la rebelión de las clases medias, munÃfica ubre de la cual liban los depredadores albaceas del pensamiento marxista, ha de adquirir necesariamente las dimensiones de una vasta revolución ejecutada por la vÃa de los hechos.”
X DDDDDDDDDDDDDDDD
Alonso, de verdad, eres la caña…
Un talibán ortográfico a falta de mayores virtudes y conocimientos.
“Un talibán ortográfico a falta de mayores virtudes y conocimientos.”
Hombre, es que ante la falta de sustancia de pedantes como Gonorreo, ¿qué esperas tú como respuesta? ¿El tratado sobre la justicia de Rawls? Pues vas listo, piltrafilla.
Qué bien: Gonorreo, entre página y página de Jellinek (jurisconsulto excelso, oh!), ha descubierto que la “Rebelión pendiente” es más chanante y alomojó más colosal-normal-centrorreformista que la “revolución pendiente” de sus ancestros ideológicos…
Pero la sustancia de ambas, “revolución” joseantoniana y “revelión zÃbica” fachilibegal, es más o menos la misma.
Y aun asÃ, la degeneración es evidente: de “Ortega en mangas de camisa” (Primo de Rivera Jr.) a “PÃo Moa en gayumbos” (Clappy y el resto del Pateras Circus).
No, a Revel le he cambiado el apellido sin querer. Corregido el error.
De todas formas, me divierte, simpático tiralevitas de Escolar, que me señales erratas. Lo mismo que tú no eres sospechoso de ser inteligente, yo no soy sospechoso de mala ortografÃa; puedes seguir por ese camino, criatura.
En cuanto a los argumentos, brillan, como de costumbre, por su ausencia. Manidos clichés, remoquetes gastados y afirmaciones sin sustento real. Sà me satisface comprobar, en todo caso, cómo desde Escolar habéis activado el defcon 2 conmigo, prestándome toda vuestra atención y haciéndome de paso un gran favor: a un hombre hay que juzgarle también por sus enemigos, y siempre ennoblece contar con enemigos como vosotros, que estáis entre lo más curtido de la canalla.
P.S.: Por cierto, la has agarrado meona con Jellinek y su condición de gran jurisconsulto (que naturalmente lo fue). Mira, aunque sólo haya servido para que te enterases de quién es Jellinek, ya puedes decir que leer Freelance Corner te ha sido de utilidad para emerger, siquiera brevemente, de las profundidades insondables de tu propia ignorancia.
“siempre ennoblece contar con enemigos como vosotros, que estáis entre lo más curtido de la canalla.”
X DDDDD
Bueno, entre página y página de Jellinek (dulce reminiscencia juvenil, oh!), parece que también queda un huequecito para “Roberto Alcázar y PedrÃn”.
Gonorreo, ese genio incomprendido de otra época…
¿No te he dicho? Defcon 2. PreocupadÃsimos.
Me alegro de que te alegres de que alguien te haga un poco de caso…
Es porque los progres en el fondo somos güenos.
Oh, sublime polÃgrafo.
“P.S.:…”
X DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
No, nada de güenos. TodavÃa no habéis explicado por qué seguÃs siendo cómplices y prosélitos de la ideologÃa que más miseria, más opresión y más muertes ha causado y sigue causando desde que el mundo es mundo. Eso no es de ser güenos, eso es de ser más malos que el rayo.
Ya me sé tu respuesta: “X DDDDDDDDDDD”.
Te vuelves a equivocar, Gonorreo: entre nosotros abundan los ateos.
“Te vuelves a equivocar, Gonorreo: entre nosotros abundan los ateos.”
Más bien los tullidos mentales como tú.
No sé como Freelance permite que entre esta gentuza a insultar cuando ellos en sus estercoleros no dejan ni que les lleven la contraria.
“No sé como Freelance permite que entre esta gentuza a insultar”
Es que si no el pobre Gonorreo no tiene perro que le ladre.
La soledad del “liberal”… Tanto objetivismo y tanta tonterÃa, al final se quedan encerrados en la burbuja de su mundo ficcional y solipsista, y al final se aburren, claro. Ya ves lo gradecido que está Goonorreo de que vengamos a echarnos unas risitas.
Qué va, Pepelu. Pásate cuando quieras. Al final, te acostumbras a los fasciofriquis como tú, y acabas pasándotelo de puta madre con ellos. Pregúntale a Alonso, él ya ha venido alguna vez.
Venga, tÃo, anÃmate, que es de buen rollito…
Y saludos liberales, eh!
Jose.Luis, es un problema ortográfico, semántico y caligráfico: aquÃ, Freelance conduce un blog libre (libre, adjetivo de libertad), los del estercolero conducen cosas l úgu bres. Casi suena lo mismo, pero no es igual.
En una cosa se equivoca Freelance: no están preocupadÃsimos. Están aburridos. Y ya se sabe, un ocioso es malo, pero si encima de ocioso es gallináceo, lo más que puedes esperar es una sucesión gigantesca de cagadas en el patio de casa.
Ruego disculpas a quienes me conocen, y a quienes no me conocen. No es mi estilo habitual, pero no siempre voy a callarme.
Otro que tal, el de “Berthold” Brecht…
Eso sà es UNA CAGADA.
Estoy deseando que me ilumines. Según tu, se llamaba Alberto? Albertillo? Bert? Bart?
Y? sigues consultando el google?
Eres un sabio, majo.
Me voy a la cama, que yo mañana sà trabajo.Don Freelance, un saludo!
(Perdona, Gómez, es que después de leer tu comentario tuve que ir a mear.)
Bertolt, de toda la vida del espagueti volador. El otro jugaba de defensa en el Stuttgart. Y era primo segundo de Jellinek, el gran Ãdolo forense de Gonorreo.
Por cierto: igual de bollullos los dos. Debe de ser la perilla.
Bueno, chavales, yo también me retiro, que he de reunir fuerzas para seguir luchando contra la Libertad y rompiendo España mañana y el resto de la semana.
P.S.: Alonso, ¿piensas que De Diego conseguirá acabar otro libro antes del verano, para poder cascártela leyéndolo en las vacaciones? Que sepas que yo lo apoyo fervientemente en su peculiar pugilato con Biggie Vidal, que lo cortés no quita lo valiente, etc…
A ver si hoy, con la mente descanasada, encuentras en una biblioteca la biografÃa de Eugen Berthold Friedrich Brecht.
Igualicos son, sà señor.
Aunque, en todo caso, siempre es mejor engañar al personal haciéndose pasar por libeggal cultillo que sacarle las perras prometiéndole curar sus enfermedades con ungüentos amarillos versión high-tech (por poner un ejemplo)…
A: “tanto objetivismo y tanta tonterÃa”
C: “igual de estúpido que la gilipollez del subjetivismo, ¿no?
Ese mismo subjetivismo que tienen algunos y que parece más de la Edad de Piedra que del s. XXI�
Por cierto, Gómez, si encuentres una edición de Brecht (la que sea: Suhrkamp, la canónica de Aufbau u otra de las baratas, me da exactamente igual) en la que se le llame “Berthold”, me avisas, y me bebo unas cañas a tu salud.
Lissssto.
Ahora me acuerdo de que hay un tercer bollullo en el Pateras Circus que encabeza su blog con una cita de “Walth” Whitman. Está claro que el buen libeggalismo empieza por los nombres de las auctoritates que se tomán prestadas.
Con lo fácil que serÃa encabezar con un verso de UssÃa o de Fray Josepho…
Juasjuas, Luis Gómez, fuiste a por lana y saliste trasquilao!
A ver, Jellinek, hijo, que no te enteras:
1. Si Luis hubiera escrito mal el nombre de Brecht no pasarÃa nada; habrÃa sido un error ortográfico sin importancia.
2. Pero es que no lo ha escrito mal. Brecht se llamaba Berthold. Lee, mendrugo. Lee, adoquÃn. Eugen Berthold Friedrich Brecht. Lo que pasa es que después se calzó a sà mismo el seudónimo de Bertolt, con el que ha pasado a la posteridad. Yo de todo esto no tenÃa ni idea, ¿eh? pero me he molestado en mirar en Google. Es que es tan fácil que no tengo más remedio que concluir que, además de un ignorante, eres un haragán.
3. En relación con la erisipela que os causa Freelance Corner a los coristas de Escolar, te acabo de dejar un post.
“Yo de todo esto no tenÃa ni idea, ¿eh?”
Venga, hombre, no me lo creo.
No me seas tan modesto, Freelance. Todos (NOS, el pervertido colectivo liberticida de escolar.net) sabemos que eres un verdadero hombre del Renacimiento… Un Leonardo, mismamente.
Por lo demás, el buenazo de Luis Gómez me ha acabado convenciendo de que no sea tan tiquismiquis con lo de los nombres. Bertolt-Berthold, Luis-Lysenko, tampoco hay tanta diferencia…
“NOS, el pervertido colectivo liberticida de escolar.net”
?
A ver si va a resultar que eres tú solo. ¿Cómo te apañas entonces para colgar mil comentarios al dÃa en Escolar.net? ¡Queremos de saber la berdaz!
Por lo demás, qué poco elegante y trabajada tu sacada de pata en el asunto de Brecht. Lo mÃo combatiendo a la Academia con lo de la clap fue, no me lo negarás, mucho más estético y audaz.
“Por lo demás, qué poco elegante y trabajada tu sacada de pata en el asunto de Brecht.”
X DDDDD
Alonso, en serio, sin acritud: ¿Cómo puedes ser tan bobo?
Eso, eso, Jellinek, ¿cómo puedo ser tan bobo? ¡ExplÃcalo tú! ¡Ersigimos de saver la berdaz! ¡Queremos que Jellinek nos explique razonadamente por qué Alonso es bobo! ¡Con la simple afirmación no nos sirve, Jallinek, queremos la argumentación! ¡Queremos de saber!