Antisemitismo, totalitarismo, Arendt, Golmar.

El otro dÃa recibà una gratÃsima sorpresa en la forma de un comentario dejado aquÃ, en Freelance Corner, por mi dilecto amigo y compañero en el Juan de Mariana Antonio Golmar, o Gólmar, no estoy seguro, aka Libertymad, concretamente en el hilo de mi segundo artÃculo sobre las vinculaciones entre fascismo, nazismo e izquierda. El comentario era para ponerme a parir, lógicamente, pero no por ello fue menos grata la sorpresa, si acaso incluso más. El lector memorioso recordará que Antonio y yo tuvimos un, digamos, desencuentro a cuenta de las tesis informativas sobre los atentados del 11M donde él tuvo la oportunidad de demostrar su fogosidad, yo dirÃa incluso su furor, en la defensa de su (ahora) jefe, Federico Jiménez Losantos y donde yo tuve la ocasión de terminar de desembarazarme de las telarañas de la teorÃa de la conspiración que, un poco por inercia y otro poco por gregarismo, yo mismo habÃa mantenido más o menos hasta aquel momento. No aburriré al lector con aquellos viejos y chicos pleitos: si tiene curiosidad, que busque los artÃculos pertinentes en la bitácora. El caso es que desde entonces parece que Antonio me quiere un poco mal y se ha propuesto no pasarme una.
Será por eso, porque el odio nubla el entendimiento, que ha escogido para criticarme, es más, para exigirme rigor, un asunto en el que creo no haberme equivocado demasiado, como es el repaso de las tesis de Hanna Arendt sobre el antisemitismo y la relación de éste con el surgimiento de los totalitarismos, tanto el nazi como el soviético. Dice Antonio en su comentario:
HacÃa tiempo que no leÃa una interpetación tan peregrina sobre Arendt. ¿En qué lugar asocia ella antisemitismo y socialismo? Más bien al contrario (El totalitarismo). De ahà su polémica con otros autores judÃos que la acusaron precisamente de ocultar el antisemitismo de izquierdas precisamente por su compromiso con el socialismo.
Confieso que, al leer esa opinión tan llana y contundentemente expresada, vacilé. Yo, “Los orÃgenes del Totalitarismo” de Hanna Arendt (no “El Totalitarismo”, a secas, como afirma Golmar, o Gólmar) me lo leà hace ya mucho tiempo, en mis años de estudiante, de modo que no era imposible que, en mi memoria, hubiera deformado fatalmente su sentido. Por tanto, decidà agarrar el libro (tuve que comprarlo, de hecho; la edición de Taurus cuya portada encabeza este artÃculo) y repasarlo de arriba abajo en busca de la confirmación de mis recuerdos o, si era del caso, de las censuras de Antonio. Valga esta historietilla para justificar el artÃculo, que más que de Antonio Golmar, o Gólmar, va de Hanna Arendt y de “Los orÃgenes del Totalitarismo”.
La tesis de Arendt es muy interesante y, de hecho, creo que le debemos hallazgos capitales para entender la naturaleza de los regÃmenes totalitarios, aunque haya despachado con bastante menos profundidad otros factores igualmente importantes. Para ella, cabe atribuir el origen del Totalitarismo (cualquier totalitarismo, el nazi o el soviético) básicamente a dos factores: el antisemitismo y el imperialismo.
Según Arendt, los totalitarismos del s. XX fueron una respuesta imperialista frente a la estructura de estados-nación que alcanzó su cénit durante el XIX, y los judÃos habÃan sido uno de los factores que más y mejor habÃan asegurado el afianzamiento y permanencia de los estados-nación, tan pronto financiando sus empresas militares (ya desde bastante tiempo antes por medio de los llamados “judÃos palaciegos“) como auxiliando a sus iniciativas diplomáticas gracias a su fuerte implantación transnacional (Bleichroeder, por ejemplo, ayudó a construir la paz francoalemana; los Rotschild se constituyeron en el canal de comunicación entre Bismarck y BenjamÃn Disraeli; Rathenau, en suma, llegó a ser jefe de la diplomacia de Weimar). Arendt repara con acierto en que la juderÃa, como entidad transnacional, resultaba de enorme importancia para los estados-nación porque éstos conservaban una clara conciencia de la necesidad de mantener un equilibrio de poder en Europa; será cuando los movimientos internacionalistas se propongan arrasar el sistema de estados-nación para dominar Europa y el mundo entero cuando los judÃos serán vistos como una de las bases primordiales de dicho sistema y, por ende, como una amenaza que debÃa ser destruida. AquÃ, Arendt se pierde en una disquisición algo académica pero bastante certera sobre la diferencia entre dictadura y régimen totalitario; éste último se caracteriza por su voluntad inequÃvocamente expansiva e imperialista. En palabras de Arendt, es aquél régimen con el que “no es posible la coexistencia”. Esa voluntad, es evidente, fue compartida por nazis y soviéticos.
De acuerdo pero ¿y el antisemitismo? ¿Sostuvo Arendt que el antisemitismo estuvo presente en el origen del régimen socialista soviético o, como afirma Antonio Golmar, se esforzó la autora alemana por negar tan obvias ligazones? Será mejor que sea la propia Arendt quien responda:
A juzgar por el libro de Fainsod, queda mucho por saber del periodo de lucha de Stalin por el poder a mediados de los años 20 […]; sabemos también que un manifiesto antisemitismo acompañaba a casi todas las demandas de liberación […]
El nuevo elemento más dramático de esta nueva purga, que Stalin planeó en los últimos años de su vida, fue un cambio decisivo en la ideologÃa, la introducción de la idea de una conspiración mundial judÃa. Durante años se habÃan colocado cuidadosamente los cimientos de este cambio en cierto número de procesos en los paÃses satélites -el proceso de Rajk en HungrÃa, el asunto de Ana Pauker en RumanÃa y, en 1952, el proceso Slansky en Checoslovaquia-. En estas medidas preliminares altos funcionarios del Partido fueron singularizados por su procedencia de la “burguesÃa judÃa” y acusados de sionismo; esta acusación fue transformada gradualmente para poder implicar en ella a entidades no sionistas […] con objeto de indicar que todos los judÃos eran sionistas […] Entonces se hizo asombrosamente evidente cuán profunda debÃa de haber sido la impresión que en Stalin hizo este punto crucial de la ideologÃa nazi -y cuyas primeras indicaciones se tornaron visibles tras el pacto Hitler-Stalin- en parte, en realidad, por su obvio valor propagandÃstico […] pero en parte también porque ese tipo de ficticia conspiración mundial proporcionaba una justificación ideológicamente más convincente a las reivindicaciones totalitarias de dominación mundial […] La franca y descarada adopción de lo que se habÃa convertido para todo el mundo en el más destacado sÃmbolo del nazismo fue el último cumplido a su difunto colega y rival en la dominación total con el que, con gran disgusto por su parte, no habÃa sido capaz de establecer un acuerdo duradero.
Pero, lejos de ser una manÃa mimética de Stalin más o menos coyuntural o anecdótica, el antisemitismo estaba para Arendt en los genes ideológicos del Marxismo, como desarrolla en un capÃtulo de su libro titulado, precisamente “Antisemitismo de Izquierda”. De hecho, Arendt pone de paso en entredicho la tesis de la diferencia fundamental entre nazismo e izquierda según la cual el primero es rabiosamente nacionalista mientras que la segunda es internacionalista, tesis por la que yo mismo he pasado mansamente casi siempre. Con argumentos históricos bastante sólidos, Arendt demuestra que el antisemitismo fue en origen una corriente internacionalista donde las posiciones radicales (de izquierda) se impusieron ya en épocas muy tempranas a las conservadoras (de derecha). Para Arendt, que niega el carácter antisemita por razones raciales de Marx, sà es evidente que el autor de El Capital se sintió a gusto en el antijudaÃsmo económico de los primeros revolucionarios radicales que lucharon contra los gobiernos de Bismarck o de Metternich y que habÃan detectado la Ãntima ligazón entre las naciones-estado que éstos encarnaban y los banqueros semitas; asà lo remachó Marx en sus escritos de juventud.
En fin, estemos de acuerdo o no con ella (yo, salvo por cuestiones de matiz, estoy más que de acuerdo), es evidente que Arendt dedicó no pocos esfuerzos a vincular a la izquierda totalitaria con el antisemitismo. Curiosamente, la idea contraria asumida sin rechistar por Antonio procede de la convicción de la izquierda de que el libro es un simple alegato antinazi, convicción que se debe a que la izquierda, como todo el mundo sabe, no lee o, en las raras ocasiones en que lee, no comprende.
Por eso resulta del todo extraño que Antonio Golmar, o Gólmar, que no es de izquierdas y se supone que deberÃa comprender lo que lee, afirme que Arendt fue acusada por otros intelectuales judÃos de ocultar el antisemitismo de izquierdas por un presunto compromiso de ésta con el socialismo. Resulta extraño y es, además falso. De hecho, si Arendt fue acusada de algo por la intelectualidad judÃa fue, precisamente, de pro-nazi. Dos hechos concretos le procuraron tan inmerecidas acusaciones: primero, su defensa de Martin Heidegger durante los procesos de desnazificación de Alemania (defensa del todo disculpable por cuanto Heidegger habÃa sido su profesor y su amante durante bastante tiempo); segundo, años más tarde, su reportaje sobre el caso Eichmann, “Eichmann en Jerusalén”, ya como corresponsal de la revista americana New Yorker. Arendt se sintió impresionada por el aire funcionarial e insignificante, de buen padre de familia, de Eichmann; fue entonces que construyó esa teorÃa suya tan aguda por la cual, para que personas como Eichmann pudieran cometer actos tan tremendos, habÃa que llevar a cabo desde el poder un proceso de banalización del mal, haciendo que el mal pasara a convertirse en algo común y rutinario, burocrático; parte de ese proceso es el vaciamiento del concepto de persona que está presente de modo inexorable en cualquier régimen totalitario.
Muchos intelectuales judÃos (buena parte de los cuales habÃan abrazado el marxismo por un mecanismo muy humano y comprensible, aunque algo simplista, de acción - reacción después de la guerra) no aceptaron de buen grado esa visión de Arendt; para ellos era necesario pintar a Eichmann y a todos los nazis como monstruos sanguinarios en el estilo de Josef Mengele o Amon Goeth. No se percataban de su propio error teórico y estratégico pues mientras ellos atacaban a las personas (y, entonces, tanto da Hitler como Gilles de Retz) Arendt iba al fondo de la cuestión y atacaba al sistema capaz de producir en serie tales personas a partir de individuos perfectamente normales.
También se acusó a Arendt de profesar el auto-odio por indicar que en el antisemitismo habÃa ciertos componentes atribuibles a los judÃos de la diáspora, que tendieron a aliarse o a sobornar a los poderosos al objeto de minimizar su aislamiento y la consecuente fragilidad de su posición.
El caso es que Arendt no gozó de demasiadas simpatÃas entre los intelectuales judÃos de izquierdas. Leamos unas interesantes palabras de Seyla Benhabib, politóloga turca de origen sefardita, sobre la cuestión:
Cuando descubrà su obra, Hannah Arendt era una reputada intelectual neoyorquina. En realidad, pocos filósofos académicos la leÃan o se la tomaban siquiera en serio, lo cual dice mucho de la pobreza de la filosofÃa en esa época y no tanto de Arendt; pero tenÃa una gran presencia como intelectual. En cÃrculos neoyorquinos como los que rodeaban The New York Review of Books, Partisan Review e incluso Commentary, Arendt era reverenciada por sus análisis del totalitarismo y la Europa de posguerra. Debo reconocer que los que estábamos en el movimiento estudiantil tenÃamos más dificultades para aceptar sus análisis, en los que ponÃa el nacionalsocialismo y el comunismo soviético bajo un mismo epÃgrafe. Muchos de nosotros todavÃa éramos marxistas, y la crÃtica al socialismo realmente existente y la transformación de la Europa del Este y la Unión Soviética no habÃa empezado.
Es la equiparación entre nazismo y comunismo, tesis que uno ha venido defendiendo mal que bien en estas páginas virtuales, lo que le reportó a Arendt su mala fama entre los intelectuales judÃos, ni mucho menos la ocultación de las ligazones entre ambos totalitarismos como parece insinuar, para mi desconcierto, Antonio Golmar o Gólmar.
Para terminar, le recomiendo a mi querido Antonio Golmar, o Gólmar, que se lea “Los orÃgenes del Totalitarismo”, recomendación que hago extensiva a todos los lectores de Freelance Corner. Es un libro que ilustra como pocos otros libros la naturaleza de los regÃmenes totalitarios y que alimenta poderosamente la conciencia de razón y libertad que ha de servir para combatirlos, más en estos tiempos en que su amenaza parece recrudecerse ante la indiferencia, cuando no la connivencia, de buena parte de nuestra sociedad.
“Los orÃgenes del Totalitarismo” está publicado en Editorial Taurus. La última edición es de 2004.
Posted on Viernes, Mayo 25 2007
Author: Freelance
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Si los soviéticos, en sus primeros años, eran antisemitas, entonces debe ser porque unos JudÃos, los revolucionarios que tomaron el poder en 1917, odiaban a otros JudÃos, cosa bastante improbable, pues es un hecho que la mayorÃa de los JudÃos abrazaron el Comunismo, al menos en sus primeros años. Cuando alguien explique esos hechos igual me creo la afirmación inicial, pero como veo que no se hace en los medios oficiales, he de concluir que se oculta maliciosamente la estrecha relación entre JudÃos y Comunismo, sÃ, señor freelance, esa ideologÃa asesina de más de 100 millones de seres humanos. ¿Pero cómo decir la verdad y no ser acusado de nazi o antisemita? Ahà tienen ustedes su problema con la verdad.
José MarÃa, he visto la verdad. El hecho de ser Judio te convierte automáticamente en un Stalin potencial, habrÃa que eliminarlos a todos.
No me extraña que le digan nazi. Si es que lo es.
Es que esa no es la verdad, José MarÃa, eso es un cuento chino y es un resabio del antisemitismo de toda la vida urdido alrededor de las razones históricas y económicas que Arendt retrata tan certeramente. Por cierto, eso de que “unos judÃos” tomaron el poder en 1917 es una afirmación asombrosamente inexacta y sumamente infantil: la proporción de judÃos entre los lÃderes de la Revolución de octubre era despreciable y, sin embargo, como demuestra los papeles de Smolensk, el antisemitismo fue una constante entre los bolcheviques ya desde el mero comienzo.
Te recomiendo que te leas el libro, de verdad, a ver si asà te liberas de ese antisemitismo tan desagradable que, como dice bien Arendt, está en el origen de todo totalitarismo.
Castigador, tú nunca verás la verdad, simplemente no te interesa (¿qué tal sabe el trasero de Manel por cierto?). Más interesante es el comentario de Freelance, sorprendente tu ignorancia, vamos a poner datos y después seguimos. Por ejemplo, en esta. El artÃculo toca varios puntos, pero para este caso voy a citar algunos párrafos del mismo:
There is no need to exaggerate the part played in the creation of Bolshevism and in the actual bringing about of the Russian Revolution by these international and for the most part atheistical Jews. It is certainly a very great one; it probably outweighs all others. With the notable exception of Lenin, the majority of the leading figures are Jews. (escrito de Churchill).
David R. Francis, United States ambassador in Russia, warned in a January 1918 dispatch to Washington: “The Bolshevik leaders here, most of whom are Jews and 90 percent of whom are returned exiles, care little for Russia or any other country but are internationalists and they are trying to start a worldwide social revolution.”
“The Bolshevik Revolution,” declared a leading American Jewish community paper in 1920, “was largely the product of Jewish thinking, Jewish discontent, Jewish effort to reconstruct.”
Summing up the situation at that time, Israeli historian Louis Rapoport writes:
“Immediately after the [Bolshevik] Revolution, many Jews were euphoric over their high representation in the new government. Lenin’s first Politburo was dominated by men of Jewish origins”
The Soviet government, or “Council of People’s Commissars’ (also known as the “Sovnarkom”) was made up of the following, Wilton reported:
Peoples Commissariat (Ministry) Name Nationality
Chairman V.I. Ulyanov (Lenin) Russian
Foreign Affairs G.V. Chicherin Russian
Nationalities J. Dzhugashvili [Stalin] Georgian
Agriculture Protian Armenian
Economic Council Lourie (Larin) Jew
Food Supply A.G. Schlikhter Jew
Army and Navy [Military] L.D. Bronstein (Trotski) Jew
State Control K.I. Lander Jew
State Lands Kaufmann Jew
Works [Labor] V. Schmidt Jew
Social Relief E. Lilina (Knigissen) Jew
Education A. Lunacharsky Russian
Religion Spitzberg Jew
Interior Apfelbaum [Radomyslski] (Zinoviev) Jew
.Hygiene Anvelt Jew
Finance I. E. Gukovs [and G. Sokolnikov] Jew
Press Voldarski [Goldstein] Jew
Elections M.S. Uritsky Jew
Justice I.Z. Shteinberg Jew
Refugees Fenigstein Jew
Refugees Savitch (Assistant) Jew
Refugees Zaslovski (Assistant) Jew
Out of these 22 “Sovnarkom” members, Wilton summed’up, there were three Russians, one Georgian, one Armenian, and 17 Jews.
The Central Executive Committee, Wilton continues, was made up of the following members:
Y. M. Sverdlov [Solomon] (Chairman) Jew
Avanesov (Secretary) Armenian
Bruno Latvian
Breslau Latvian [?]
Babtchinski Jew
N. I. Bukharin Russian
Weinberg Jew
Gailiss Jew
Ganzberg [Ganzburg ] Jew
Danichevski Jew
Starck German
Sachs Jew
Scheinmann Jew
Erdling Jew
Landauer Jew
Linder Jew
Wolach Czech
S. Dimanshtein Jew
Encukidze Georgian
Ermann Jew
A. A. Ioffe Jew
Karkhline Jew
Knigissen Jew
Rosenfeld (Kamenev) Jew
Apfelbaum (Zinoviev) Jew
N. Krylenko Russian
Krassikov Jew
Kaprik Jew
Kaoul Latvian
Ulyanov (Lenin) Russian
Latsis Jew
Lander Jew
Lunacharsky Russian
Peterson Latvian
Peters Latvian
Roudzoutas Jew
Rosine Jew
Smidovitch Jew
Stoutchka Latvian
Nakhamkes (Steklov) Jew
Sosnovski Jew
Skrytnik Jew
L. Bronstein (Trotsky) Jew
Teodorovitch Jew [?]
Terian Armenian
Uritsky Jew
Telechkine Russian
Feldmann Jew
Fromkin Jew
Souriupa Ukrainian
Tchavtchevadze Georgian
Scheikmann Jew
Rosental Jew
Achkinazi Imeretian [?]
Karakhane Karaim [Karaite]
Rose Jew
Sobelson (Radek) Jew
Schlichter Jew
Schikolini Jew
Chklianski Jew
Levine-(Pravdine) Jew
Thus, concluded Wilton, out of 61 members, five were Russians, six were Latvians, one was a German, two were Armenians, one was a Czech, one was an Imeretian, two were Georgians, one was a Karaim, one. was a Ukrainian, and 41 were Jews.
A la vista de los anteriores datos, Freelance, te invito a que me des la fuente que desmiente que el Bolchevismo estuvo dominado por JudÃos, o en su defecto qué nombres y apellidos que enlazo no son JudÃos. Tengo curiosidad por tu respuesta.
Me pregunto si tu “desconocimiento” es real o es mera malicia, porque asumo que inteligencia no te falta. ¿De verdad crees que vais a poder tapar la verdad con acusaciones de antisemitismo? ¿La verdad es antisemita?
En primer lugar: no me sorprende que cites al “Institute for Historical Review”, reconocido órgano revisionista. La próxima vez no te cortes: cita Mein Kampf como fuente de autoridad y conocimientos.
La fuente que desmiente que el bolchevismo estuvo dominado por judÃos es la verdadera lista de Comisarios del Pueblo que formaron el primer Sovnarkom tal como fue elegido en el Segundo Congreso de todas las Rusas de 1917, que no es la lista falsaria que reproduce el IHR y tú has cortapegado más arriba. Esta es la lista auténtica:
Comisariado del Pueblo - Presidente: V.I.Ulyanov (LenÃn)
Comisario de Agricultura: Vladimir Milyutin
Comisarios de Defensa: Vladimir Antonov-Ovseyenko , Nikolai Krylenko
Comisario de la Marina: Pavel Dybenko
Comisario de Comercio e Industria: Viktor Nogin
Comisario de Educación: Anatoly Lunacharsky
Comisario de Alimentación: Ivan Teodorovich
Comisario de Asuntos Exteriores: Leon Trotsky
Comisario de Interior: Alexei Rykov
Comisario de Justicia: Georgy Oppokov
Comisario de Trabajo: Alexander Shlyapnikov
Comisario de Nacionalidades: Josef Stalin
Comisario de Correos y Telégrafos: Nikolai Glebov-Avilov
Comisario de Ferrocarriles: (vacante)
Comisario de EconomÃa: Ivan Skvortsov-Stepanov
(Fuente: Gran Enciclopedia Soviética. En inglés puede leerse en la Wikipedia)
Este fue el primer Совет Ð?ародных КомиÑ?Ñ?аров СССР. Dicho en otras palabras, la lista que has reproducido, tomada de un medio antijudÃo, es falsa. Cualquiera que sepa un poco de historia puede darse cuenta de un vistazo: en el primer gobierno soviético, Trotsky ocupaba la cartera de Exteriores, no de Marina; no será hasta unos meses después que ocupe el Comisariado de Defensa. Puede verificarse (entre otras muchas fuentes) en el interesante libro “Six Red Months in Russia”, de Louise Bryant, publicado en Nueva York en 1918.
En todo caso: aunque hubiera sido verdad (que es mentira) que los judÃos eran mayorÃa, eso no significarÃa nada. Los judÃos que intervinieron en la creación del comunismo como ideologÃa renegaron de su condición de tales, empezando por Marx; por otra parte, es de una hipocresÃa asombrosa pretender que los judÃos tuvieron un papel preponderante en la formación de la URSS sin recordar que, apenas unos años después, ya con Stalin en el poder, se les sometió a una persecución implacable, empezando por el famoso “complot de los médicos” y terminando por el asesinato de Trotsky, el judÃo más relevante (casi el único relevante) que participó actÃvamente en la Revolución de Octubre.
Por otra parte, es curioso que esa visión holista que identifica a unos judÃos individuales con “los judÃos” no opere igual en el sentido inverso. Quiero decir, a la vista de la obra de Mises, Friedman, Adam Smith o Popper, ¿por qué no se dice que “los judÃos” han creado el Liberalismo? Es la mera expresión “los judÃos” la que determina el tinte antisemita de tus palabras. La realidad no es antisemita, la realidad es la que es; se puede interpretar desde el antisemitismo o desde la razón y la decencia intelectual, eso ya es decisión del intérprete.
Achacas mis palabras a desconocimiento o a malicia; yo achaco las tuyas, José MarÃa, a tu antisemitismo, que es una desafortunada combinación de ambas cosas.
P.S.: Espero que pidas disculpas públicas por ese zafio comentario sobre Castigador y no sé qué trasero.
Antes de pasar a la fase de insultos, que sin duda te llegará con creces, voy a continuar con este interesante tema en la medida que seas capaz de aportar alguna información que ayude a comprender y conocer mejor el papel de los JudÃos en el Bolchevismo. El Institute for Historical Review será todo lo que tú quieras, pero dice la verdad o no. Es evidente que los datos que aporta son distintos a los de la Wikipedia, les he enviado un e-mail para intentar conseguir su versión sobre esta discrepancia. En tanto esta respuesta llega podemos utilizar los datos y la fuente que para ti son buenos, por ejemplo en la wikipedia entre otras muchas cosas dice:
“A disproportionate number of ethnic Jews served in the Russian revolutionary leadership before the revolution and for several years after. Most of them were hostile to traditional Jewish culture and Jewish political parties, and were eager to prove their loyalty to the Communist Party’s atheism and proletarian internationalism, and committed to stamp out any sign of “Jewish cultural particularism”.
Of the nine members of the Central Committee of the Bolshevik party in April 1917, three were Jewish (Kamenev, Zinoviev and Sverdlov). Of the twelve people who, during a historic meeting on October 10, 1917, planned the details of the October Revolution, six were Jewish (Zinoviev, Kamenev, Trotsky, Uritsky, Sverdlov, and Sokolnikov, although Kamenev and Zinoviev opposed the revolution).
Out of Lenin’s fifteen Peoples’ Commissars (Narkoms) in 1919, six were Jewish (Trotsky, Uritsky, Isaac Steinberg, I. A. Teodorovich, Semyon Dimanstein and Sokolnikov). Among the 23 Narkoms between 1923–1930, there were twelve Russians, five Jews, two Georgians (Stalin and Ordzhonikidze), one Pole, one Moldavian, one Latvian, and one Ukrainian. The situation had clearly evolved, within a relatively short time, to the advantage of the Russian majority. In the 1930s, there was one person of Jewish descent in the Politburo (Lazar Kaganovich).
In 1922, of the 44,148 members of the Bolshevik party that had joined before 1917 (the Old Guard, as Lenin referred to them) 7.1% were Jewish (65% were Russian).”
Más todavÃa:
“Many members of the Bolshevik party were ethnically Jewish, especially in the leadership of the party, and the percentage of Jewish party members among the rival Mensheviks was even higher. The idea of overthrowing the Tsarist regime was attractive to many members of the Jewish intelligentsia because of the oppression of non-Russian nations and non-Orthodox Christians within the Russian Empire. For much the same reason, many non-Russians, notably Latvians or Poles, were disproportionately represented in the party leadership.”
Por otra parte yo no digo que “los JudÃos” esto o aquello, lo que digo es que “JudÃos” esto o aquello. Es muy diferente pues no meto a todos los JudÃos como si tuvieran una consciencia única.
En todo caso es evidente que incluso tomando la fuente que tú mismo utilizas el peso de los JudÃos en el liderazgo y ejecución del Bolchevismo es desproporcionado para su población. Sà cabe decir que mayoritariamente los JudÃos fueron revolucionarios. No veo qué hay de antisemita en esa realidad.
Por tanto, tras comprobar tu respuesta, he de concluir que sà sabÃas el peso enorme que los JudÃos tuvieron en la Revolución, en consecuencia mi duda se ha despejado, maliciosamente lo has ocultado bajo la capa de la difamación que tan buenos réditos concede en estos tiempos.
Otra muestra más de tu malicia es pedir que alguien pida disculpas a alguien que me ha llamado nazi. Es obvio que es una petición maliciosa que no esperas sea satisfecha, del mismo género que si yo te pidiera que te disculpases por llamarme antisemita, no lo haré porque no espero honestidad por tu parte, me conformo que me expliques cómo, a la vista de los datos, puedes seguir negando el papel desproporcionado a su población que tuvieron los JudÃos en el Bolchevismo.
José MarÃa, para que te entretengas mientras esperas el mail, (espero que sentado): hace falta tener poca vergüenza (esto no es un insulto, es la constatación de un hecho) para decir que mi fuente de información es la Wikipedia. Menos mal que los lectores no son imbéciles y pueden leer y releer que mi fuente es la Gran Enciclopedia Soviética, que incluso enlazo. El enlace a la Wikipedia sólo se ha puesto porque en ese artÃculo en concreto aparece la lista de comisarios del primer Sovnarkom en inglés, que es un poco más sencillo de desentrañar que el ruso. Tampoco dices nada de la metedura de pata sensacional del IHR al colocar a Trotsky en un comisariado distinto del que de verdad ocupaba, cosa que se puede comprobar en muchas fuentes que no son la Wikipedia (que no vale ni para hacer puñetas, porque yo puedo editar ahora mismo el artÃculo de marras y poner lo primero que se me ocurra), entre las cuales yo he citado el libro de Bryant. Sobre eso también se te ha comido la lengua el gato. La calidad de tus argumentos, José MarÃa, es vergonzosa, como corresponde a quien defiende una idea igualmente vergonzosa, repulsiva y errónea.
Puedes bailar claqué a mi alrededor con tu cantinela de que en la formación del soviet habÃa muchos judÃos, y puedes acusarme de ser muy malo (ya vemos con qué clase de argumentos); pero te guardas muy mucho de responder a la parte fundamental de mi argumento, es decir, que aunque todos los miembros del primer politburó hubieran sido hijos de Judá eso no demostrarÃa nada y serÃa una verdad, sÃ, pero irrelevante, como serÃa irrelevante que todos fueran blancos, que todos fueran rubios o todos fueran de un metro setenta de estatura. El mero hecho de traerlo a colación te convierte en un antisemita; seguramente, también en un nazi.
En relación con el carácter obviamente holista de tus posiciones, relee tus palabras, José MarÃa, tus palabras, no las mÃas:
“yo no digo que “los JudÃosâ€? esto o aquello, lo que digo es que “JudÃosâ€? esto o aquello.”
Y dos renglones más abajo:
“En todo caso es evidente que incluso tomando la fuente que tú mismo utilizas el peso de los JudÃos en el liderazgo y ejecución del Bolchevismo es desproporcionado para su población. Sà cabe decir que mayoritariamente los JudÃos fueron revolucionarios.”
Menos mal que no hablas de “los judÃos”, José MarÃa. Y qué extraño que no respondas nada al papel de “los judÃos” en la creación del liberalismo, como yo te he pedido. Ah, no, que eso no interesa, porque no justifica la presunta y aparente ligazón de “los judÃos” con las grandes conspiraciones antioccidentales. A estas alturas del debate, incluso me pregunto cuánto tiempo vas a tardar en citar los Protocolos de los Sabios de Sión.
En realidad, no puedo decir mucho más; no has respondido a ninguno de mis datos y argumentos, a ninguno. No puedo hacer más que repetirme.
Ah, sÃ: en cuanto a la petición de disculpas, naturalmente que es retórica, de sobra sé que no la vas a atender; quien no tiene vergüenza de manipular como tú has hecho las palabras del adversario no se recata tampoco a la hora de insultar y ofender gratuitamente. Pero lee con atención: llamarte nazi a ti no es más que la traslación de una convicción razonable después de leer tus palabras; sin embargo, esa groserÃa que tú has escrito sobre Castigador y Manel no se justifica por ninguna vÃa y no pasa de ser un comentario zafio e irrespetuoso; tu intención de comparar una cosa con otra no hace sino confirmar que, o bien eres un incapaz desde el punto de vista intelectual, o bien obras con esa malicia que me achacas a mÃ. Me inclino, como ya dije, por suponer que hay un poco de cada cosa.
Desvergüenza la tuya, Freelance, no digo que tu fuente sea la Wikipedia, sino que la das por buena en la medida que la enlazas, ¿alguien enlazarÃa algo para reforzar sus tesis si no creyera que es fiable? Por eso he utilizado la Wikipedia, porque tú lo has hecho, si hubieras utilizado otra fuente yo también la hubiera usado (con la excepción de la enciclopedia soviética u otra fuente que desconociera su lengua, como es el caso del ruso).
Dices aunque todos los miembros del primer politburó hubieran sido hijos de Judá eso no demostrarÃa nada y serÃa una verdad, sÃ, pero irrelevante, como serÃa irrelevante que todos fueran blancos, que todos fueran rubios o todos fueran de un metro setenta de estatura.
Falso desde todos los puntos de vista, si todos los miembros del Politburó hubieran sido, por ejemplo chinos, hubiera sido relevante en un paÃs con una minorÃa de chinos, o si hubieran sido todos negros también o todos de más de dos metros también. Las anomalÃas tienen su importancia y siempre obedecen a alguna razón. Lo que has afirmado es absurdo y no me cabe duda que en tu vida diaria no lo aplicas, seguro que reconoces las anomalÃas cuando las ves.
El peso desproporcionado de JudÃos en el Comunismo y en general en cualquier movimiento revolucionario, obedece a la cultura JudÃa, pero de eso mejor debatir en otro momento más apropiado.
Efectivamente, en este caso concreto, los JudÃos, globalmente, fueron revolucionarios, de la misma manera que hoy en dÃa sigue siendo cierto que, al menos en los EE.UU,votan mayoritariamente a la izquierda, lo que es otra anomalÃa si se compara con otros grupos étnicos o religiosos.
Continúas con El mero hecho de traerlo a colación te convierte en un antisemita; seguramente, también en un nazi. y con A estas alturas del debate, incluso me pregunto cuánto tiempo vas a tardar en citar los Protocolos de los Sabios de Sión.
Lo cierto es que eres tú quien pretendes en todo momento equiparar mis crÃticas a un grupo de JudÃos o a una creencia mayoritaria en ese grupo con el nazismo, es lógico pues de esa manera te es más sencillo colocar una etiqueta repugnante sobre mà y facilitarte el trabajo de intoxicación. Algo semejante ocurre con cualquiera que se atreva a criticar “demasiado” a Israel, rápidamente es acusado de antisemita, ahora toda la izquierda tiene esa etiqueta. Mi posición en esto es que es ridÃculo acusar a la izquierda en su conjunto de antisemita pues está plagada de semitas, se puede decir que son los Padres de la Izquierda.
De hecho haces lo mismo que muchos tarados de la izquierda cuando discuten con vosotros, os acusan sistemáticamente de fascistas, evidentemente es una acusación sin fundamento que ni merece la pena discutirse, pues eso mismo siento yo cuando me llamas nazi o antisemita, me gusta demasiado la verdad como para asustarme a estas alturas por lo que me digan los defensores de lo polÃticamente correcto, como es tu caso y la mayorÃa de los liberales, por mucho que creáis defender un discurso polÃticamente incorrecto.
Del mismo modo que he escrito en muchas ocasiones que el problema es el Islam o la interpretación mayoritaria del mismo, no los musulmanes, también digo que el problema es la cultura JudÃa supremacista, impregnada de la creencia de ser el pueblo elegido, no los JudÃos individualmente, que sin duda debe de haber de todos los tipos.
o bien eres un incapaz desde el punto de vista intelectual, o bien obras con esa malicia que me achacas a mÃ. Me inclino, como ya dije, por suponer que hay un poco de cada cosa. Pues mira eso mismo pienso yo de ti, reforzado con la convicción de que alguien que es capaz de acusar a otro de nazi, sabiendo perfectamente lo que representa el nazismo, sin tener las pruebas necesarias, sin duda tiene una cierta incapacidad intelectual o mucha malicia o ambas cosas. Yo soy tan nazi como tú fascista.
Castigador es un sinvergüenza, Manel es todavÃa más sinvergüenza, que en una discusión pasada llegó a inventarse que yo posteaba con dos nicks diferentes, pues un tal “mauro” puso algún post y mi e-mail acaba en mauro, pura casualidad desde luego, y encima me baneó basándose en pruebas falsas.
Tú también eres un sinvergüenza por difamar gratuitamente y torcer los argumentos mucho más allá de lo que el debate precisa, puedes defender tus posiciones sin necesidad de acusarme de nazi, a quienes gracias a Dios no tengo el mal gusto de defender ni conocer, por razones que van más allá de las polÃticas, pero para ti es más sencillo difamar por asociación, aplicando esa falsa lógica de que si los nazis dicen esto y fulanito también se “deduce” que fulanito es nazi, pues eso es falso, y si utilizas ese tipo de deducciones entonces te digo que tienes un problema de incapacidad intelectual o de malicia, y eso tampoco es un insulto.
Con permiso, Emilio.
José MarÃa, no añadas más embustes a tus conspiranoias judeófobas, hombre. Te puse la IP que usabais ambos dos Mauros y que, oh maravilla, era la misma. Pero da igual, eres embustero por naturaleza. Lo más divertido de todo es que teniendo el blog que tienes, donde te dedicas a plagiar textos judeófobos vistos por ahÃ, te quieras quitar de en medio cuando los dedos te señalan. Mira, un ejemplo:
http://consciencia-verdad.blogspot.com/2007/02/por-qu-los-comunistas-soviticos.html
Ese post, que parece escrito por ti aunque es una burda traducción del texto que enlazas (deberÃas indicar que se trata de una traducción), es una colección de mitos neonazis. Léelo bien: MI-TOS NEO-NA-ZIS. Los autores mencionados en dicho artÃculo (Schoonmaker, Gaither) son conocidos judeófobos conspiranoicos como tú, gente poco seria. El contenido todo de ese post se recicla una y otra vez pese a ser más falso que un euro de peseta. Si quieres puedo facilitarte una serie de páginas llenas de iluminatis, masones y demás fauna en la que ese fantasmagórico texto es alabado como la madre del cordero.
En resumen, José MarÃa: que eres un asqueroso judeófobo, tu blog está ahà para verse.
Ya pueden seguir ustedes con sus entretenidas diatribas.
Manel, sin duda serás capaz de poner un enlace donde se “comprueba” que las IP’s del tal Mauro y la mÃa son las mismas. Me gustarÃa saber si existe alguna posibilidad de que algún tercero neutral pudiera comprobar tu mentira. De hecho en un post pasado de freelance corner sobre el 11-M posteábamos tanto el tal “Mauro” como yo mismo, me pregunto si Emilio tiene alguna posibilidad de comprobar si eran o no las mismas IP´s o en su defecto pudiera hacerlo Daniel. SerÃa genial poder desenmascar a este mentiroso. Eres un embustero compulsivo, además de un canalla, pero tengo interés en ver cómo eres capaz de demostrar lo que dices sobre las IP´s. Por cierto, Manel, si manipulas esta información voy a poner todos los medios legales que estén a mi alcance para desenmascararte por difamación. A ver qué da este asunto desde un punto de vista legal.
Por cierto Manel, si no fuera por tu estupidez, te habrÃas dado cuenta que lo que tú calificas de mitos neonazis están sacadas de la página web de un JUDÃ?O que tiene más decencia que la que tú podrás tener en mil vidas. Y si tienes tan claro lo que dices no dudes en postear tu información y se la pasamos a Henry Makow para que te conteste. Gente poco seria eres tú, capaz hasta de mentir sobre IP´s, pero todos los demonios acaban metiendo la pata, ojalá pueda desenmascararte y dejes de manipular en el programa de intereconomÃa, gente como tú sobráis, la mentira debe ser desterrada y tú con ella.
Por cierto Manel, ¿de dónde sacas que Gaither sea un conocido judeófobo? Lo máximo que he encontrado sobre él no indica ni que remotamente lo sea. ¿No estarás una vez más mintiendo? Tampoco queda claro que Schoonmaker sea un “conocido judeófobo” pero concedo que tocó algunos asuntos espinosos. Ilústrame, oh Gran Maestre de la Mentira, sobre Gaither.
José MarÃa, como no has añadido nada significativo a todo lo que ya has dicho, lo cierto es que no sé muy bien qué contestar. Yo creo haber demostrado que, 1º, tus datos son falsos porque proceden de una fuente revisionista y antisemita y, 2º que aunque fueran ciertos no demostrarÃan nada, y parten de una visión holista descarada que atribuye determinados rasgos a las personas en función de su raza.
Comparas el judaÃsmo con el islamismo introduciendo en la comparación una trampa para cocodrilos en la que yo no pienso caer. José MarÃa, el islam es una religión, mientras que la judÃa es una raza. Una religión es una fe voluntaria, mientras que la condición de judÃo es un hecho natural y, desde luego, involuntario. Como tu mentira es muy obvia, afirmas a continuación que “el problema es la cultura JudÃa supremacista, impregnada de la creencia de ser el pueblo elegido” para tratar de equiparar una cosa a la otra. Para que esa equiparación sea mÃnimamente admisible desde el punto de vista intelectual te falta establecer, sin embargo, que los judÃos que participaron en la creación del marxismo, sean muchos o pocos, profesaban la fe judÃa y se integraban en esa cultura de la que tú abominas; y eso no está establecido en modo alguno. Es más, está establecido lo contrario. El propio Marx, en su opúsculo “la Cuestión JudÃa”, arremetió duramente contra la juderÃa, contra ese presunto carácter judÃo inclinado a la acumulación de riquezas. Es decir, los judÃos que participaron en la creación del marxismo se desmarcaron consciente y deliberadamente de lo que puede entenderse como la cultura (o la religión) judÃas. De su origen racial no pudieron desmarcarse, claro, porque eso es imposible; con absoluta maldad, los judeófobos como tú tomáis nota de lo segundo (la raza) y tratáis de confundirla con lo primero (la cultura y/o la religión). Y luego resulta que el sinvergüenza soy yo.
Cualquier razonamiento posterior que quieras formular quiebra por la base y se queda en lo que es: una tesis holista, racista, que atribuye condiciones-tipo a una determinada raza, pero sólo para atacarla, nunca para defenderla, cosa que serÃa fácil de hacer, siguiendo tus razonamientos, en el caso de la relación judÃos - liberalismo, aunque sobre esa relación sigues guardando un estrepitoso silencio porque no condice con tus delirios antijudÃos.
La mejor prueba, sin embargo, de la calidad de tus argumentos es la siguiente frase que reproduzco literal:
“El peso desproporcionado de JudÃos en el Comunismo y en general en cualquier movimiento revolucionario, obedece a la cultura JudÃa, pero de eso mejor debatir en otro momento más apropiado.”
¿Qué momento más apropiado que este? ¿Acaso no es ese el asunto central del debate que venimos manteniendo? Malgastas montones de frases en insultar al personal pero la nuez del asunto se puede dejar “para otro momento más apropiado”. Pero vamos a ver, ¿qué clase de argumentos son esos, José MarÃa? O me lo razonas y justificas, o eso no pasa de ser una afirmación racista y, además, falsa.
“Las anomalÃas tienen su importancia y siempre obedecen a alguna razón. Lo que has afirmado es absurdo y no me cabe duda que en tu vida diaria no lo aplicas, seguro que reconoces las anomalÃas cuando las ves.”
Naturalmente que las reconozco cuando las veo. El antisemitismo, por ejemplo, es una inhumana y vil anomalÃa causante de enorme sufrimiento y de actos de una crueldad sin lÃmites, todo ello en el nombre de una visión esencialista y racista del mundo y de la sociedad. Yo te recomiendo que te esfuerces por desembarazarte de los pavorosos efectos de esa criminal anomalÃa.