Estado de la Nación. (Act. II)
Todavía no comprendo por qué el Gobierno de Zapatero no se ha decidido a eliminar del calendario político el llamado debate sobre el estado de la Nación. Si Nación es un concepto discutido y discutible, ¿para qué convocar a los representantes públicos y suscitar el interés de los ciudadanos en debatir sobre el estado de algo que no sabemos bien qué es o para qué sirve? Por otra parte, en un sistema político como el nuestro, prolongar el rigodón parlamentario alentando la ficción de que el Parlamento sirve para algo más que para gastar dinero me parece una irresponsabilidad. Mucho más lógico sería que los portavoces de los grupos parlamentarios se reuniesen en la habitación de un hotel y se computasen sus votos en proporción a los apoyos obtenidos en las elecciones, porque la disciplina de partido que emana del sistema de listas cerradas hace bien inútiles tantos escaños y tantos sueldos y tantas dietas.
El caso es que el Gobierno ha decidido mantener el anacrónico baile de máscaras del debate anual sobre el estado de la Nación y lo primero que se me ocurre es que, en cualquier país civilizado, el Presidente emplearía ocasión tan renombrada para presentar su dimisión. La legislatura se ha dedicado enteramente, por voluntad expresa del jefe del Gobierno, a tramar un acuerdo llamado de paz con los terroristas de ETA y dicha trama ha resultado ser un fracaso como una catedral. Prescindamos de si la iniciativa de negociar la paz con una jarca de asesinos es o no una iniquidad ética y un disparate político; lo cierto es que ha salido mal y, siendo así, la Legislatura está más que finiquitada y Zapatero no puede más que presentar un rotundo fracaso como índice de gestión. La Nación, por tanto, tal como Zapatero la había diseñado, está mal.
Dicen los que están en el ajo de la política que el Presidente ya tiene trazada su estrategia en el debate. Nada nuevo: como movimiento de ataque, venderá como éxitos y logros de su Gobierno las políticas sociales y la situación económica del país. Con “las políticas sociales” no sé muy bien a qué se refieren los socialistas: a la innecesaria regulación del matrimonio entre homosexuales, tal vez, o la liberticida y discriminatoria ley de paridad. Porque en materia de inmigración o violencia doméstica no sólo no se ha mejorado, sino que parece empeorar a ojos vistas. En relación con la situación económica del país, Zapatero soslayará cuidadosamente referirse a que España es el único país de la OCDE donde la renta real se reduce, y tampoco creo que mencione que España tiene el déficit por cuenta corriente más alto de todo el mundo desarrollado. Porque de construcción europea no creo que hable mucho, habida cuenta que Polonia se ha hecho con el lugar que España ha dejado vacante por incomparecencia en el panorama europeo como interlocutor necesario de entre los países de tamaño medio-grande y, por desgracia, ahora pintamos menos que un perro en misa.
La estrategia defensiva está cantada, claro. Ante las interpelaciones de la oposición en relación con los dos asuntos más importantes de la Nación hoy día, es decir, el fracasado proceso de paz y la presencia española en zonas de guerra, Zapatero optará por arrojarle a la cara a Rajoy que “utiliza el terrorismo con fines electorales”. Pasemos por alto la escasa autoridad moral de Zapatero y su Gobierno para acusar a nadie de utilizar el terrorismo en su propio beneficio, habida cuenta que están donde están gracias a la manipulación salvaje de la opinión pública después de los atentados del 11 de marzo de 2004; lo cierto es que ese intento de conjurar las críticas legítimas de la oposición recurriendo a la falacia formal de que no debe “instrumentarse” el terrorismo con fines partidarios es bastante vergonzoso y forma parte de ese código de lo políticamente correcto que tan profundamente cala entre los progres. La cautela de no exacerbar las críticas ni caer en la demagogia ante los actos de terrorismo no puede traducirse en una carta blanca a favor del gobierno de turno y menos cuando el Gobierno, como es el caso, ha traicionado el espíritu y la letra de los acuerdos destinados a luchar contra el terrorismo en España. Contrariamente a lo que se suele decir, el núcleo fundamental del Pacto por las libertades y contra el terrorismo no consiste en desterrar la política antiterrorista del debate político, sino en dejarle claro a ETA que, con independencia de quién gobierne, no va a lograr ninguno de sus fines políticos. Ese es el núcleo del que se ha salido Zapatero y no es de recibo que pretenda que nadie se lo diga en público.
Sobre la política territorial, Zapatero dispone aún de algo de aire porque el pacto PSN - NaBai, que está cerrado y más que cerrado en unas condiciones absolutamente contrarias a la legalidad vigente y al sentido común, se mantendrá en secreto hasta después de terminado el debate. Pese a todo, es un asunto que centrará a buen seguro gran parte de la intervención de Rajoy. ¿Qué hará Zapatero? Seguramente mirar para otro lado y recurrir a frases grandilocuentes y vacías porque en ese sentido poco puede decir.
Falta saber si este debate dará alguna pista sobre si se convocarán elecciones anticipadas. Mi impresión es que no. Aunque en esto, como en todo por desgracia en estos tiempos, la última palabra la tiene ETA.
Actualizado.
Interesante entrada en La Hora de Todos.
Seguimiento completo en Daniel Tercero.
Actualizado II.
¡A-co-jo-nan-te! Citabas de memoria pero no te equivocabas, FA.
Posted on Martes, Julio 3 2007
Author: Freelance
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Sí se equívoca, Emilio. La frase de Zapatero empieza textualmente con “En materia de terrorismo…”, lo que le quita todo el mordiente. No es como la citan FA ni El Mundo.
En mi modesta opinión, la frase es igual de salvaje y antidemocrática se la encabece con lo que se la encabece (en “El Mundo” sí aparece completa en el cuerpo de la noticia). Según lo dicho por Zapatero, no se tendría que haber denunciado el GAL.
El Gobierno no es el Estado, ni en materia de terrorismo ni en ninguna materia. Además, niego la mayor: también se puede (y hasta se debe) hacer oposición al Estado. Somos hombres libres, no súbditos como a Zapatero y a la clase política en general le gustaría que fuéramos.
Pero no es todo eso que dices en el contexto de la política antiterrorista inaugurado por Aznar, al que, con o sin razón, se acoge Zapatero. Según ese contexto, que era un consenso, la política antiterrorista y la política exterior deben sacarse del ambiente navajero que es lícito en todo lo demás. Así lo han mantenido estos años Aznar, Rajoy, Acebes, Almunia, Zapatero… Determinar quién rompió ESE consenso fue uno del puntos calientes de los primeros dos años de esta legislatura. A título de abundamiento, hubo un consenso similar, que también duró un suspiro, en torno a las pensiones.
Vista, pues, como debe verse, la frase de Zapatero ni es terrorífica ni salvaje ni antidemocrática, sino perfectamente normal y aceptable. Creo que ambos os habéis excedido sobreinterpretando.
Con los GAL empleas el mismo mal sofisma que Zaplana (creo que fue Zaplana) hace unas fechas. Habiendo delitos por medio —secuestros, asesinatos, apropiación indebida, malversación, etc.—, la política antiterrorista se convierte en corrupción política. Prima el código penal, y por tanto no cabe ningún consenso. Deberías saberlo.
¡Enhorabuena Freelance! Me parece uno de los mejores articulos que has escrito. Zapatero ha sido siempre un mediocre; incluso cuando daba alguna clase ( las que podia ya que su nivel era minimo, como ahora ) y se ponia a hablar de la guerra…
Es que ese límite (que haya delitos o no) es un límite caprichoso y artificial: la acción del gobierno es criticable por la oposición siempre, como principio; a veces, además, es perseguible por la justicia, pero no tiene que suceder lo segundo para que sea legítimo lo primero, ni en materia terrorista ni en ninguna materia. Y claro que los gobiernos del PP pretendieron lo mismo, es decir, ganarse una patente de corso para hacer de su capa un sayo en materia antiterrorista o de política exterior; el pecado no es sólo del PSOE. Sucede, eso sí, que al menos el PP pedía el consenso para ejercer una política antiterrorista real, mientras que el PSOE lo pide para consentir que ETA obtenga réditos políticos de su actividad criminal, que no otra cosa es el proceso de paz.
Pero el tema no es ese, sino ese mantra posmoderno por el cual hay que tragar con la política antiterrorista del gobierno, sea cual sea, en nombre de una falsa concepción del sentido de estado (de modo que podemos llegar al sinsentido de que, por sentido de Estado, dejemos de denunciar una política antiterrorista que se carga el Estado). La frase señalada por FA, la digan Agamenón o su secretaria, es un abuso y un ejemplo de confusión entre un poder del Estado (el Ejecutivo) y el Estado mismo, aparte una limitación arbitraria del derecho a la libre confrontación política. Todos los gobiernos han caído más o menos en la tentación de decir aquello que decía Luis XIV de “el Estado soy yo”, pero no porque todos lo hayan dicho va a ser verdad.
Gracias Cornelius.
El límite delictivo no es caprichoso sino objetivo. Si unos chorizos se instalan en Interior y se comportan como chorizos, si son descubiertas sus fechorías pueden ser desalojados de ahí y realojados en Guadalajara por la fuerza de la ley. Por el mero hecho objetivo del quebrantamiento de la ley, la calificación de su actividad cambia de política —o acción de gobierno, que dices tú— a corrupción, en torno a la cual no cabe consenso sino connivencia. Que haya corrupción indetectable —que eso creo entender de lo que dices— no implica que la detectada no sirva objetivamente para impedir consensos, medie o no acción de la justicia (como ocurrió, por cierto, con los GAL, jurídicamente en el limbo durante muchos años).
Con el mantra posmoderno creo que cometes la ligereza de equivocar el plano del observador con el plano del político. Que haya derecho a la libre confrontación política (entre observadores) no significa que tal libertad deba traducirse obligatoriamente en discrepancia (entre políticos). Está claro que una casa dividida contra sí misma no puede subsistir, y condenar a la Penélope antiterrorista a tejer cuatro años a favor de ETA y cuatro años en contra de ETA reflejará toda la libertad de espíritu y toda la confrontación que quieras, pero aparte de poco práctico sería políticamente un desastre. Hasta qué punto sería un desastre parece que lo dices tú mismo en el artículo, por si no te has dado cuenta, y lo suscitas en tu anterior réplica: “Sucede, eso sí, que al menos…” ¿Cómo que al menos? ¿Qué ha sido del libre derecho a la confrontación política?
Y se me ha cortado el comentario, brrrr. Falta esto sobre Luis XIV:
Cuando en 2005 todos los grupos parlamentarios menos el PP autorizaron a Zapatero a negociar con ETA, si el PP se hubiera sumado al consenso no estaríamos ante la situación que mencionas (confundir el Ejecutivo con el Estado mismo), sino con 2 de los 3 poderes del Estado en armonía. No sé si el tercer poder podría hacer nada en caso de irregularidades graves o delictuosas, pero sin duda 2 de los 3 poderes en comandita es lo más parecido a Luis XIV a que puede llegar una democracia defectuosa como la nuestra.
“2 de los 3 poderes…” Teniendo en cuenta que hay dos que son mutuamente dependientes, esto no es decir gran cosa. Y si se tiene en cuenta que entre estos dos poderes tan bien avenidos se nombra a los mandatarios y órganos de gobierno del tercero, pues entonces, sí, estamos hablando de Luis XIV.
Por otro lado, existía un consenso antiterrorista, firmado y expresado públicamente en un pacto, creo recordar que llamado Contra el Terrorismo y por las Libertades. ¿Y qué se hizo de tal consenso? Llegado al poder el PSOE, declaró que las condiciones en que se firmó el mismo ya habían superadas, eufemismo que sirvió para denunciar de facto el pacto suscrito. Poco después pidieron al PP que apoyara la política antiterrorista del Gobierno, política que, por supuesto, quedaba a la entera discreción del Ejecutivo. Sin nada que negociar. Esto es lo que hay y punto.
Ahora sabemos que antes includo de la denuncia del pacto por parte del PSOE ya estaban trabajando en contactos previos con ETA a través de su brazo político, lo que da pie a que muchos piensen que se firmó el pacto (el consenso, en aquel entonces) con reservas mentales que no se expusieron. Con razón dijo ayer Rajoy que le habían engañado a él y a su partido (antes incluso de que él lo liderara). Sobre esta base de desconfianza no hay consenso posible entre PP y PSOE.
Bazán, la discusión no va sobre quién rompió el consenso sino sobre el contexto de la frase de Zapatero. El autor de la bitácora y yo nos hemos adornado con algunas peteneras para mejor defender nuestras posturas.
No se me pase señalarte que “por supuesto, quedaba a la entera discreción del Ejecutivo” resume bastante bien la idea del pacto antiterrorista. Punto 1 del mismo: “1. El terrorismo es un problema de Estado. Al Gobierno de España corresponde dirigir la lucha antiterrorista, pero combatir el terrorismo es una tarea que corresponde a todos los partidos políticos democráticos, estén en el Gobierno o en la oposición. Manifestamos nuestra voluntad de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo.”
Viene bien para volver al contexto mencionado supra. Si el terrorismo es un problema de Estado…
Este debate acaba de ser promocionado al rango de post independiente.
Gracias, don Emilio, por el enlace.
No, gracias a ti por el seguimiento, que ha sido estupendo.