La crÃtica a la polÃtica antiterrorista como legÃtima expresión de la voluntad popular.

En mi artÃculo anterior (si nos saltamos el de los tanques de juguete) se ha establecido un debate que considero interesante entre un lector cuyo nick es The_End, Bazán y yo mismo, en relación con la frase pronunciada por Zapatero hoy durante el debate sobre el Estado de la Nación que un estupefacto FA destacaba en Barcepundit: “(En materia de terrorismo) Hacer oposición al gobierno no es solamente hacer oposición al gobierno. Es hacer oposición al Estado”. Saco mi última respuesta del hilo anterior y la coloco aquÃ, porque creo que el asunto merece que se le den honores de post completo y porque además implica un pronunciamiento sobre un cierto acuerdo tácito de lo que podrÃamos llamar la corrección polÃtica acerca de las virtudes inmanentes del consenso. Por tanto, ruego a los lectores interesados que recorran el área de comentarios del artÃculo anterior para dotarse del conocimiento necesario sobre los antecedentes de este artÃculo.
La acción de gobierno, sea en materia antiterrorista o sea en cualquier otro campo, ha de ser criticable siempre sin que ello suponga atentar contra el Estado. Es más, la crÃtica que los partidos puedan hacer a la acción del gobierno fortalece institucionalmente al Estado (se entiende: al estado democrático moderno) porque por medio de esa crÃtica se hace patente el principio de separación de poderes y se ahonda en la función controladora que unos poderes tienen sobre otros. Ahora bien, la polÃtica de gobierno en sà será acertada o no, y la crÃtica será acertada o no, en función de los principios materiales que animen a cada parte, al gobernante y al opositor.
La polÃtica del PP en materia antiterrorista era, por tanto, formalmente, susceptible de crÃtica, lo mismo que la actual del Gobierno de RodrÃguez Zapatero, y todo intento por bloquear dicha posibilidad de crÃtica con pactos previos de “no agresión” sustentados por el carácter del terrorismo de “problema de Estado” supone hurtarle a la población su derecho a que sus representantes debatan sobre todas las cosas, mucho más aquellas que más les preocupan, y supone también una extraña petición de principio, como es que el resto de materias de las que debe hacerse cargo el gobierno no son cuestión de Estado: la atención sanitaria, la educación de los jóvenes, la administración de justicia no serÃan, aplicando la afirmación citada literalmente, cuestiones de Estado, porque de un modo tácito quedan excluidas del pacto de no agresión entre partidos.
A mi juicio, no es legÃtimo un pacto entre partidos polÃticos que excluya cualquier asunto del debate público. Los partidos, al pactar semejante cosa, estarán disponiendo de algo que no les pertenece, como es el derecho de los electores a que sus representantes ejerzan la representación en todas aquellas materias que les preocupan y como es el deber institucional de los poderes del Estado de controlarse mutuamente. Hay que recordar que el Estado está formado por el Ejecutivo, que es el responsable de gobernar, pero también por el Legislativo, que es el responsable de debatir sobre los principios de gobierno cuya ejecución se le delega al ejecutivo; el ejecutivo no puede blindarse ante la legÃtima acción institucional del legislativo a la hora de debatir sobre nada y el hecho de que los sucesivos gobiernos recurran a esa táctica no es demostración de otra cosa que del débil funcionamiento de la separación de poderes en España y la práctica sumisión de unos poderes a otros, fruto de un sistema representativo viciado de origen donde ejecutivo y legislativo son, realmente, lo mismo.
Cosa bien distinta es que, en mi opinión, la polÃtica antiterrorista del PP era materialmente la correcta en términos estratégicos y éticos; las crÃticas que el PSOE pudiera haberle hecho habrÃan sido formalmente legÃtimas, pero materialmente erróneas, porque habrÃan servido para desviar al gobierno de un camino eficiente y justo. En el caso de la polÃtica antiterrorista del Gobierno actual, las crÃticas que se le formulan son también formalmente legÃtimas y, además, son materialmente correctas y necesarias, porque pretenden obligar al ejecutivo a abandonar una acción de gobierno ineficaz e inmoral. Pero eso es ya otro debate; de lo que se trata ahora es de saber si la polÃtica antiterrorista tiene determinados rasgos diferenciales con respecto a cualquier otra materia de gobierno que la hagan susceptible de ser extirpada del debate entre partidos.
En relación con este asunto siempre se termina citando el punto 1 del Pacto por las Libertades y contra el terrorismo, donde se consagra la especial condición del terrorismo como materia de gobierno que debe extraerse del debate entre partidos. Esa cita del punto 1 del acuerdo, que en todo caso me parece la formulación de ese blindaje del ejecutivo que yo considero antidemocrático, queda incompleta si no se citan también el resto de puntos del documento y, sobre todo, el preámbulo y el punto 2. El Pacto, que ha de juzgarse también a la luz de la situación histórica en que se produjo y que tan bien se explica en el preámbulo, consistÃa básicamente en que los grandes partidos se comprometÃan a gobernar de tal suerte que ETA nunca tuviese esperanzas de obtener resultados polÃticos de sus actividades, ya fuera matar, ya dejar de matar. No se puede uno refugiar, como hace el Gobierno del PSOE, en la obligación de cumplir el punto 1 después de haber incumplido todos los demás. Es necesario recordar que el punto 2, a mi juicio mucho más importante, se refiere a una cuestión material, no formal como el 1, que es ni más ni menos el compromiso de negarle a ETA cualquier posibilidad de éxito a la hora de conseguir sus fines polÃticos.
2. La violencia es moralmente aborrecible y radicalmente incompatible con el ejercicio de la acción polÃtica democrática.
Quienes la practican, quienes atentan contra la vida de aquellos que no piensan como ellos sólo merecen la condena y el desprecio de los partidos polÃticos democráticos y del conjunto de la sociedad.
No existe ningún objetivo polÃtico que pueda reclamarse legÃtimamente en democracia mediante coacciones o asesinatos. El único déficit democrático que sufre la sociedad vasca, el verdadero conflicto, es que aquellos que no creen en la democracia ejercen la violencia terrorista para imponer sus objetivos a la mayorÃa. Por ello, el PP y el PSOE nos comprometemos a trabajar para que desaparezca cualquier intento de legitimación polÃtica directa o indirecta, de la violencia. Por eso, también, afirmamos públicamente que de la violencia terrorista no se extraerá, en ningún caso, ventaja o rédito polÃtico alguno.
Para terminar: es preciso que nos demos cuenta de que el consenso no es un valor éticamente relevante en sà mismo. El consenso alrededor de polÃticas que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y que nos hagan más libres y prósperos es un buen consenso y es por tanto la manifestación de la utilidad del Estado como órgano creado delegadamente por voluntad y en beneficio de los ciudadanos; pero el consenso alrededor de polÃticas que empeoren las circunstancias de la sociedad y que nos priven de nuestros derechos es un consenso perverso, y ningún gobierno puede aspirar a contar con ese consenso formal. Como quiera que la idoneidad de las polÃticas de gobierno, sean antiterroristas o de cualquier otra Ãndole, es ya una cuestión material que debe solventarse por medio del debate racional, la crÃtica fundada y el análisis, cualquier intento por eliminar dichos instrumentos de debate y de blindar al gobierno frente a las crÃticas del resto de organismos del Estado no es más que un intento indisimulado de crear áreas de impunidad para el ejecutivo y, en suma, de violar el principio de separación de poderes y de implantar en el seno del Estado democrático prácticas genuinamente totalitarias.
Posted on Miércoles, Julio 4 2007
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Filed under: Antipropaganda, Nacional, Pensamiento, PolÃtica general, Terrorismo
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Pues yo creo que Fernando Torres ha hecho bien. En Liverpool puede aprender y ganar tÃtulos. Y hubiese sido una pena que el chaval acabase como Julen Guerrero…
Lo que está muy interesante es cómo se las va a arreglar Rijkaard con esa cantidad de delanteros. ¿Cómo lo ves tú, Gonorreo? ¿Te parece que Messi y Henry son compatibles?
Decididamente, Nelson.
Honrado por la promoción, Emilio. Entiendo que, aceptado que la frase de Zapatero es correcta en su contexto, pasamos ahora a debatir sobre la legitimidad del contexto. Vale, pero el humo del halago no cegará mis ojos ante diversos errores (y contradicciones y presupuestos improcedentes) que siembras en este texto, demasiados o demasiado importantes como para poder señalarlos en un solo comentario
El yerro más aparatoso consiste en fingir que “cuestión de Estado” y “problema de Estado” son lo mismo. Ni la sanidad, ni la educación ni la administración de justicia, ni tantas otras materias que podrÃas haber aducido, son susceptibles de riesgos como los provocados por los terrorismos separatista e islamista. Una mejor o peor sanidad (educación, admón de justicia, etc.) no es capaz de “romper España” ni de atentar contra su “integridad territorial” (caso del terrorismo separatista) como no es capaz tampoco de modificar contra naturam la polÃtica exterior (caso del terrorismo islamista). Una “cuestión”, como mucho, entorpece el funcionamiento del Estado o, en plan más racial, de la Nación. Un “problema”, en cambio, amenaza con su pervivencia. De ello concluiremos por tanto que el tratamiento que ha de darse a un “problema” ha de ser sustancialmente distinto al que merece una “cuestión”.
Esa es justo la pregunta que te haces párrafos después: “Se trata ahora es de saber si la polÃtica antiterrorista tiene determinados rasgos diferenciales con respecto a cualquier otra materia de gobierno que la hagan susceptible de ser extirpada del debate entre partidos”. Noto al respecto alguna vacilación, o más bien alguna sombra de contradicción, respecto de cuanto escribiste en el artÃculo motivado por el asesinato de los turistas españoles en Yemen. Manifiestas allÃ, con razón, que el terrorismo islamista ha emprendido una guerra “contra nuestro orden ético, jurÃdico y social, contra los valores de la libertad y la vida”. La respuesta a la pregunta que ahora te haces la tienes en germen en tus propias palabras: ¿en cuál otra materia de gobierno que no sea la polÃtica antiterrorista nos enfrentamos a una guerra contra el orden ético, jurÃdico y social y contra los valores de la libertad y la vida? En ninguna otra.
Sentada esta excepcionalidad, se sigue de nuevo que el tratamiento que ha de recibir ha de ser igualmente excepcional. AsÃ, pues, si en todo lo demás la batalla navajera es lÃcita, ¿no serÃa mejor que en este campo tan crÃtico para la propia pervivencia del Estado nos abstuviéramos de estrechos partidismos? Respondà antes con un aforismo evangélico, pero puedo hacerlo en términos militares: mal general es el que permite que sus soldados diriman en la trinchera querellas internas en lugar de responder al fuego enemigo. Una inocente mirada a los últimos tres años revela que las vÃctimas del terrorismo —AVT, Manjón— son utilizadas por unos e insultadas por otros, perdiéndonos todos en inútiles broncas de carácter patológico donde los únicos que recogen beneficios son los mismos que piden champán y langostinos para celebrar un atentado. Igualmente, estamos viendo que no pasa ni media hora hasta que nos echamos encima los muertos en Irak, LÃbano o Yemen. Los que nos odian y pretenden destruirnos contemplan encantados que nos odiemos entre nosotros y a nosotros mismos y que, enfangados en el odio, lleguemos a considerar que el propio odio es una sabia vara de medir.
Mira lo que has escrito, por ejemplo: “La polÃtica antiterrorista del PP era materialmente la correcta en términos estratégicos y éticos (…) La polÃtica antiterrorista del Gobierno actual (… es …) ineficaz e inmoral”. Extraña que la base en que apoyes tu censura de fondo del Pacto tenga un dudoso carácter moral y un más que discutible criterio de eficiencia. Se supone, y si no hay que demostrarlo, que ambas polÃticas (la del PP y la del gobierno actual) tienen idéntico propósito: terminar con el terrorismo. ¿Por qué, entonces, una es ética y la otra inmoral? ¿Solo en base a tu preferencia ideológica personal? ¿Sabes que hubo más muertos en atentados durante la vigencia del Pacto (contando el 11-M o sin contarlo) que durante los tres años de Zapatero? ¿En qué criterio de eficiencia, entonces, fundas tus cálculos para decir que una polÃtica era estratégicamente correcta y la otra es ineficaz? ¿Solo en base a tu preferencia ideológica personal?
Sigo luego. Pero a esto ya se puede replicar.
Viene de arriba.
Coincido contigo en que, en una democracia como debiera ser esta, la continua crÃtica entre partidos o entre poderes es lo deseable y lo saludable. Pero con ello nos instalamos en el deber ser, no en el ser. Un abismo se abre entrambos grados dialécticos, como sabes. El ser es que nuestra democracia, en cuanto a controles independientes y separación de poderes, apesta a cadáver. Ni la derecha ni la izquierda, heredera una del franquismo y permanente conato totalitario la otra, quieren cambiar una situación que les resulta ventajosa en todos los sentidos. Basta darse un garbeo por cualquier foro izquierdista para percibir horrorizado que, deslumbrados por el electoralismo al que por fuerza han sido abocados por la historia, los votantes de PSOE o IU ni siquiera comprenden el concepto de separación de poderes (en lÃnea con Alfonso Guerra, que entre otras barbaridades de profano en democracia hasta fue capaz de afirmar, allá por mediados de los años 80, que la Junta de Gobierno de la Real Academia Española tendrÃa que reflejar la composición partidista del parlamento). ¿Y qué decir de los foros derechistas? No sé si lo comprenden, me pierdo entre tanto apocalipsis y tanto insulto.
Es en este lamentable panorama en el que debemos incardinar la crÃtica de lo posible o lo imposible, es decir, determinar si es “legÃtimo un pacto entre partidos polÃticos que excluya cualquier asunto del debate público”. ¿Por qué no va a ser legÃtimo (entendiendo, de paso, que la asunción del Pacto no equivale a que en su seno no se diriman disputas incendiarias, como asà ha sucedido en ocasiones)? ¿No nos hurtan de entrada la posibilidad de elegir directamente a nuestros representantes? ¿No somos humillados por el señor que en la bancada del Parlamento levanta un dedo o dos para indicar que voten sà o voten no? ¿No se nos priva de una justicia independiente de presiones e intereses polÃticos? ¿No brillan por su ausencia los organismos independientes de control gubernamental o societario? ¿Por qué, en fin, va a ser peor que los partidos escamoteen del debate partidista el tema más sensible, capaz por sà solo de encabronar a todos contra todos si no se cumple la parte del contrato democrático que figura en el tÃtulo de tu artÃculo (”legÃtima expresión de la voluntad popular”)?
No discutiremos por eso, me parece. Y tampoco mucho por la alusión al punto 1 del Pacto, que yo no he traÃdo a colación por más razón que responder a Bazán que el terrorismo es considerado por los dos grandes partidos “un problema de Estado”, y por consiguiente que “en materia de terrorismo hacer oposición al gobierno no es solamente hacer oposición al gobierno. Es hacer oposición al Estado”. Respecto a qué punto es más importante del Pacto, lo juzgo una discusión bizantina. Todos. Ninguno. Es como ponerse a discutir qué párrafos son más importantes —no más musicales o más conseguidos— en una novela, como si las funciones narrativas, estructurales o estéticas pudieran juzgarse en pie de igualdad.
Por penúltimo, responder a tu deficiente crÃtica del consenso, producto de una mala intelección de los términos que empleas. El consenso, en sÃ, es un valor éticamente relevante, claro que lo es, todo acuerdo entre partes lo es. Ahora bien, si introduces mermas y vicios (polÃticas que empeoran circunstancias, derechos que nos sustraen) ya no hablas de consenso sino de confabulación, que puede o no ser un valor éticamente relevante en función del objeto de la misma. De modo que para concluir si “la crÃtica a la polÃtica antiterrorista como legÃtima expresión de la voluntad popular” es aceptable, me figuro que habrÃa que continuar nuestro animado debate decidiendo si el Pacto fue un consenso o una confabulación.
Cierro con una reflexión a propósito del sobreinterpretado escándalo de FA. Si alguien quiere una frase terrorÃfica de Zapatero (y de Llamazares y otros), puede escoger cualquiera en la que el interfecto afirme que la invasión de Irak ha causado centenares de miles de muertos. Trasladado al ámbito doméstico, eso equivale a decir que la culpa de los atentados etarras es del Estado español por existir. Puro discurso terrorista.
Es vergonzosa la frase falsa, tan extendida hoy entre la rancia regresÃa progre, de que el PP actúa de manera irresponsable por hacer oposición en materia antiterrorista. La única novedad proviene de que el PSOE ha abandonado el consenso tradicional de los dos grandes partidos de lucha CONTRA ETA. Como ciudadano, estoy contento de que el PP se haya opuesto a este proceso vergonzoso de negociación polÃtica que muy probablemente no ha acabado, sino que está a la espera de lo que suceda en las próximas elecciones.
Creo que es legÃtimo hacer oposición en materia de Seguridad Nacional, aunque hay que distinguir:
1. - Oposición razonada, como la actual y tradicional del PP, sobre la base de que no pueden ofrecerse precios polÃticos a cambio de que se deje de matar. Es decir, oposición contra una polÃtica que no es antiterrorista, pues no es contraria a los terroristas.
2. - Oposición basura, demagógica, dirigida al progre medio que es de naturaleza imbécil, como la desarrollada por el señor ZP cuando estaba en la oposición. Ante las detenciones de unos terroristas por la policÃa (terroristas hoy condenados) inició con IU una campaña vergonzosa en la que se acusaba al Gobierno de racismo, islamofobia, de detenerlos por el mero hecho de ser “un poco morenitos y querer dedicarse a tareas del hogar”. Se dijo que el PP querÃa generar alarma social.
Las hordas asnales progres y los estómagos agradecidos balbucean sus consignas:
“ES INDECENTE QUE EL PP CRITIQUE EN MATERIA ANTITERRORISTA, NUNCA SE HA HECHO”
FALSO
Qué poca memoria:
http://www.youtube.com/watch?v=ytj5gFG7PIY
“(En materia de terrorismo) Hacer oposición al gobierno no es solamente hacer oposición al gobierno. Es hacer oposición al Estado�
Qué poca vergüenza:
http://www.youtube.com/watch?v=etf7_vAF8Ww
OJO LO QUE DECÃ?A EL CARROÑERO ZANCUDO: “Eso es lo que quiere la opinión pública, que se den argumentos, no sólo retórica sobre la Seguridad Nacional”
¿No dice hoy lo contrario? ¿Qué es lo que quiere la gente, que se den argumentos o que no se hable de polÃtica antiterrorista?
Con una diferencia: hoy el PP no quiere que se pague un precio polÃtico a ETA. ¿Qué querÃa entonces el PSOE e IU? ¿Que se dieran ordenes a la policÃa para que no detuviera a terroristas si estos pertenecÃan a alguna minorÃa de moda?
La demagogia ya alcanzó lÃmites insólitos en la legislatura pasada:
http://www.youtube.com/watch?v=gsSFqmHzeqc
Hay que ser hijos de puta.
PD Qué bajo ha caÃdo el filósofo de Leipzig, de escribir “Allgemeine Staatslehre” a payaso de edad mental de cinco años.
Excelente la idea de promocionar el tema, Emilio. Creo que asà podréis argumentar con más libertad.
Digo podréis porque yo dejo el tema aquà con esta opinión.
A mi juicio, en mi criterio, tal como yo veo las cosas… el presidente del Gobierno no tiene ni el más mÃnimo argumento capaz de rebatir la argumentación que yo mismo escribà en el post del otro dÃa. Porque él sabe perfectamente las reservas con que se firmó el pacto de marras, lo que ya se estaba haciendo, y lo que pensaba hacer después. Y en consecuencia se envuelve en el cargo, se engrÃe en la magistratura que posee, se infla de altivez intelectual (para ser soberbio hace falta otro bagaje) y suelta que criticar su polÃtica es poner a España (¡nada menos!) en entredicho. Ése es el contexto mental (hasta donde yo puedo juzgar a RodrÃguez Zapatero, que creo que no es poco) en que fue expresada la frase.
SÃ, hablamos del Rey Sol. Cuánto se está pareciendo a José Bono.
Malos tiempos para la teórica…
Desconocido pero ya muy estimado The End:
Antes que nada, te agradezco muy sinceramente tu esfuerzo al responder. Salta a la vista que has invertido tiempo, trabajo y conocimiento en todos tus textos y eso es un honor que le haces a los lectores de esta bitácora y que me haces a mÃ. Como sabe cualquiera que haya leÃdo esta bitácora con cierta asiduidad, yo acepto de buen grado todos los comentarios que los lectores van dejando, pero cuando se trata de comentarios enriquecedores y razonados siento que el esfuerzo de mantener la bitácora merece realmente la pena.
A tal señor, tal honor: no querrÃa yo devolverte mal por bien y dar curso a una respuesta menos trabajada que la tuya, aunque me costará trabajo que sea tan brillante. No obstante, existen cuestiones novedosas en tu argumentación, tanto de matiz como de fondo, a cuenta de las cuales me gustarÃa discrepar, para lo cual necesito dedicarle al asunto un tiempo del que ahora no dispongo. Creo que haré como en el blog de Becker y Posner, donde primero colocan un artÃculo y luego, casi siempre, otro respondiendo a los comentarios de los lectores, de modo que colgaré un nuevo artÃculo en la portada del blog con mis reflexiones sobre el tuyo. Espero tener tiempo este fin de semana.