Atentado sin víctimas.

Permitid, queridos amigos, que introduzca una morcilla en el apasionante debate sobre el canibalismo que se ha establecido entre varios colisteros, pero la actualidad sigue y no para, confirmando casi siempre lo dicho por Jorge Manrique en sus versos inmortales: que cualquiera tiempo pasado fue mejor.
Esta madrugada, como a la 1:30, se ha producido en Zarauz la explosión de una bomba muy potente situada junto a una de las fachadas de la comisaría de la Policía Autónoma Vasca en aquella localidad guipuzcoana. Lo leemos, por ejemplo, aquí.
La bomba estaba compuesta, al parecer, por unos 5 kilos de explosivo. El alcalde nacionalista (de EA) de Zarauz, Jon Urien Crespo, ha manifestado que la bomba “no era muy fuerte”. Caray, si 5 kilos de explosivos no hacen una bomba muy fuerte, ¿qué le parecerá muy fuerte a este señor? Aunque sea alcalde de Zarauz parece como el del chiste, del mismo Bilbao: para él, se conoce que una bomba de menos de treinta kilos no es una bomba, sino un petardo.
Lamentando contradecir al terne alcalde nacionalista, el petardo ha abierto, por lo que informan los medios, un socavón de un metro de diámetro, que para petardo ya está bien. Además, se ha llevado por delante los cristales de buena parte de las casas vecinas.
Este atentado parece un paso más dentro de la escalada de la violencia etarra contra el PNV y sus órganos afines, como la Ertzaintza. La Policía vasca ha sufrido numerosos actos de la llamada kale borroca y se ha visto amenazada en multitud de ocasiones por los cachorros; ahora, la hermana mayor, ETA, toma cartas en el asunto.
Esto ahonda en la demostración vasca del proceso histórico inexorable por el que los radicalismos más acentuados y ultramontanos fagocitan siempre a los radicalismos más pastueños y acomodaticios, y que dicha fagocitación se acelera tanto más cuanto los objetivos de los radicales parecen más próximos a alcanzarse. El PNV, con su Presidente a la cabeza, permanece empeñado en la estrategia de recoger las nueces al pie del árbol sacudido; sigue sin querer darse cuenta de que quien sacude el árbol es, en realidad, un oso; un oso que quiere las nueces para sí mismo y al que, al final, igual le da comer nueces que lehendakaris.
Posted on Martes, Septiembre 25 2007
Author: Freelance
Filed under: Nacional, Terrorismo
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El problema es que las posturas están demasiado enquistadas y para los políticos de uno y otro lado es más cómodo conservar su posición que arriesgarse a nuevas estrategias y posturas. Mientras en consenso no se alcance no veremos el fin de ETA. La dimisión de Imaz es otro obstáculo más en el camino.
Pasear por el filo