Torneos, batallas y guerras (el Informe Milius, III -1-).
Jan I de Brabante estaba llamado a ser el primero entre todos los caballeros de la Europa medieval. Joven, hermoso, valiente, se diría uno de esos personajes de icónica belleza que vienen y van por los coloridos tapices, por el cantar de los trovadores y por las novelas de Chretien de Troyes. Había medido sus armas en la crucial batalla de Wöeringen e incluso había sido escogido por Carlos de Anjou entre los campeones franceses que se enfrentaron a los de Pedro III de Aragón en Burdeos, en 1283, con la cuestión siciliana al fondo. Jan de Brabante estaba llamado a encabezar las ambiciones francesas en el continente, donde las armas brabantinas (el altanero león de oro armado de gules sobre campo de sable) habían de ondear en lo más recio de los combates. Incluso, quién sabe, a marchar en vanguardia de una nueva Cruzada a reconquistar los Santos Lugares, de donde los últimos restos de los caballeros cruzados eran barridos por aquellos años por las huestes mahometanas en Tiro, en Sidón, en Beirut. Ninguna gesta se antojaba excesiva para el conquistador de Limbourg, cuyo esplendoroso destino parecía escrito en letras de oro.
Jan I de Brabante, con todo su donaire caballeresco, con toda su feroz apostura, con todo su valor sin tacha, encontró sin embargo su destino en la liza de un torneo, de un simple torneo, en Bar-le-Duc, lidiando por deporte con otros caballeros cristianos. Allí, a causa de las heridas sufridas en un combate singular contra un rival anónimo, se perdió aquella pujante vida encomendada al honor y a la victoria. Pese a las anatemas papales, los torneos seguían celebrándose y los tournoyeurs frecuentemente se empleaban en el campo de juego con tanta o más saña que en el campo de batalla. Así murieron muchos de los mejores caballeros de Europa y así murió Jan I de Brabante, en un torneo, a manos de sus amigos.
De entonces acá los torneos donde los caballeros concurrían a desfogar su ardor guerrero han desaparecido tal vez, pero no por ello han dejado de combatir los hermanos contra los hermanos en domésticas simulaciones de los viejos torneos, con olvido de las obligaciones que les llaman a ocupar su sitio en la vanguardia de las verdaderas guerras que, ay, nunca dejarán de exigir su tributo de hombres justos. Y nada hay más doloroso que ver a los hombres justos despedazarse entre sí.
Tengo fe en unos principios y descreo, por tanto, de las banderías, de las adhesiones inquebrantables, del relativismo táctico y del prietas las filas, y mis disgustos que me ha causado siempre esta forma de ser. Pero he de reconocer que el enfrentamiento que se produjo hace poco entre Enrique de Diego y Daniel Rodríguez Herrera, al cual serví yo de involuntario catalizador, y cuya onda expansiva sigue causando algunos destrozos, me produce la triste y dolorosa impresión de dos amigos cruzando mandobles con una saña impropia entre camaradas y me ha hecho acordar de Jan de Brabante y sus compañeros de armas, haciéndose pedazos estérilmente en un torneo y desperdiciando sus valiosas vidas, existiendo como existen tantas verdaderas y urgentes batallas que librar. Y me entristece porque lo mismo Enrique que Daniel son amigos míos. Con Enrique me unen la amistad y el compartir con él todas las semanas un rato en su programa de radio; con Daniel me une también la amistad, así como nuestra mutua pertenencia tanto a Red Liberal como al Instituto Juan de Mariana, a cuya Junta de Gobierno ambos pertenecemos. Si he decidido escribir algunas reflexiones sobre este asunto ha sido, pues, a condición de hacer oídos sordos al dictado de la amistad, de renunciar a hablar de las personas y de centrarme en el análisis de los principios y las ideas y, siendo así, no tengo más remedio que reafirmarme en que, en este asunto concreto, Enrique tiene razón y Daniel se equivoca.
No lo digo, que conste, por la forma bastante excesiva en que Daniel reaccionó en primer término a las palabras de Enrique, dedicándole destemplados insultos. Aunque me sorprendió mucho leer aquel comentario en un hombre casi siempre mesurado y contenido, no se trata de una cuestión de formas, sino de fondo. No voy a decir que aquello estuviera bien o fuera en modo alguno disculpable, pero resultaría del todo injusto juzgar a alguien por un desahogo puntual y no por toda una trayectoria de defensa de las libertades, de respeto por los adversarios y de lucidez en el análisis de las situaciones. Lo he dicho ya muchas veces y lo repetiré las que haga falta: escribo aquí, en Red Liberal, porque Daniel decidió acogerme un buen día sin que nunca me haya pedido certificados de pureza de sangre de ninguna clase, y todo lo demás (mi integración en el Juan de Mariana o mi colaboración con Radio Intereconomía) ha venido después por añadidura, gracias a ese hecho primero. Por Daniel siento admiración, afecto y respeto, el mismo que se gana cada día trabajando de forma desinteresada e infatigable para que un buen puñado de personas podamos dar a conocer nuestras opiniones y conservando, con escrupuloso amor a la Libertad, todos y cada uno de los artículos que se publican en este agregador, sean o no de su agrado y aun cuando puedan entenderse ofensivos para con su propia persona. Dejad ese poder en otras manos (y se me ocurren un par de nombres que, por no deteriorar aún más mi ya maltrecha imagen, me callaré prudentemente) y estará Red Liberal en pocos días convertida en un solar. Por si no he sido lo bastante elocuente: Daniel tiene las claves de la cuenta de administración de este blog, de Freelance Corner, y yo no dormiría mejor si esas claves estuvieran en poder de mi madre.
No, lo cierto es que la reacción de Daniel ante las palabras de Enrique fue, sin duda, extraña en él, aunque tal vez explicable teniendo en cuenta que la acusación a la que respondía, formulada por Enrique (nada menos que Libertad Digital se ha comportado como “el Gara de los islamistas”) es una acusación muy gruesa. Pero desgraciadamente es una acusación bastante certera. No por lo que respecta al propio Daniel y a otros muchos grandes profesionales de ese periódico, a algunos de los cuales cuento también entre mis amigos, pero sí por lo que respecta al Editor del mismo, Federico Jiménez Losantos, y al principal creador de la línea editorial del periódico en lo que se refiere a los atentados del 11 de marzo, Luis del Pino. No por incómoda la verdad es menos verdadera, y esta es la pura verdad.
Y es que, si hemos de analizar la situación con algo de rigor no hay más remedio que remontar la cadena de las causas y las consecuencias. La causa última de esta trifulca, así como de todas las precedentes sobre este asunto, no es la airada respuesta de Daniel, pero tampoco las palabras de Enrique de Diego, ni su libro Conspiranoia; todo eso no son causas de nada, sino más bien consecuencias. Así hay que evaluar también, por ejemplo, las manifestaciones públicas de Alberto Ruiz Gallardón sobre el 11M, la línea editorial de ABC, este artículo u otros que se han podido leer en la blogosfera liberal. Son consecuencias de una causa bien conocida. El cisma que se vive hoy entre todas las personas que representamos, con mayor o menor fortuna y notoriedad, la oposición política a la izquierda en general y al Gobierno en particular, hay que anotárselo en el debe a quienes en primer lugar eligieron convertirnos en una secta bajo su mando, en quienes eligieron manipular, mentir y amedrentar, en quienes se alejaron de la razón y la decencia intelectual, en quienes renunciaron a todas las ideas liberales para abrazarse al nihilismo táctico que siempre fue propio de la izquierda, en quienes han tratado de imponer una línea de análisis e información referente a los atentados del 11 de marzo absolutamente falsaria, ridícula y demencial. Y quienes eso han hecho han sido, sobre todo, y aparte Pedro J. Ramírez y su periódico El Mundo, Federico Jiménez Losantos y Luis del Pino.
Continuará.
Posted on Martes, Enero 15 2008
Author: Freelance
Filed under: 11 de marzo. La serie., Blogosfera, Medios, Nacional, Terrorismo
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A ver si actualizas WordPress (de hacerlo, te aconsejo WP 2.0.11 y no la rama 2.3), que debe tenerte frito con tanto spam que entra. Es lo que faltaba para caldear más el ambiente
DRH obró mal insultando pero Enrique también. Lo mejor sería que se disculpasen mutuamente y tabula rasa, si es posible.
En fin, una lástima. Me callo, no vaya a recibir yo también.
XDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Delicioso, Gonorreo.
Ahora, que yo empiezo a dudar de la tan pregonada eficacia liberal: ¿para cuándo ese bonito salón con fango en la Calle del Ángel, 4? A ver si al menos eso lo arregláis Pateras y tú, que lo otro tiene peor arreglo.
Vuestra fiel parroquia implora…
Siempre estoy dispuesto a perdir perdón, si se me indica de qué…
Enrique, a mí no me gustaría que nadie comparase mi bitácora con Gara, máxime cuando tenemos posiciones tan antagónicas. Fue un exceso, seguramente la gota que colmó algún vaso, lo desconozco. Pero parte de culpa tienes, no sé en qué porcentaje, tanto da.
Sois personas adultas y, se supone, que educadas. ¿Qué preferéis? Estar toda la vida mirando aviesamente el uno al otro o daros una nueva oportunidad. ¿Es el ejemplo que queréis dar a vuestros hijos, si los tenéis?
Mi intención es ayudar a salir del embrollo y canalizar vuestras energías a temas más acuciantes.
En fin, al final acabaré recibiendo algún escobazo, y eso que no soy liberal ni sigo ideología alguna.
“Siempre estoy dispuesto a perdir perdón, si se me indica de qué”
Yo creo que la única cosa que debiera hacer, señor enrique, es explicar el símil de la discordia. A mí personalmente no me desagrada, incluso entiendo su razonamiento para usarlo, pero también entiendo el razonamiento de los otros al quejarse de que con la comparación se les presupone de acuerdo con la finalidad del atentado.
El hecho de que Daniel mantenga una linea conspiranoica en su casa ha provocado que deje de leerle (y enlazarle), pero honestamente tiene parte de razón. Aunque yo los tenga catalogados de éticamente inválidos según mis criterios, eso no me permite mirar a otro lado cuando se muestra un razonamiento que les defienda.
Ellos han defendido la inocencia de terroristas, han pedido ayuda para probarla. Pero no han estado nunca de acuerdo con los fines de la masacre. Eso es lo que los diferencia del Gara. Es lo único, pero no es poco.
“no han estado nunca de acuerdo con los fines de la masacre”
Obviamente, me refería a los fines y a los medios.
Entiendo -es mi opinión- que lo grave no es que yo haya hecho la comparativa de Libertaddigital con el Gara los islamistas, sino que, de hecho, han actuado como tal. No sé quién decía que la verdad duele mucho más que la mentira. Se ha intentado hasta la saciedad que no hubiera juicio, que no hubiera condena, que se les soltara a todos, que se empurara a no sé cuántos policías, de Agustín Díaz de Mera abajo todos. Se han escrito y sostenido como dogmas que el 11-M fue una masacre perpetrada por policías españoles, que todas las pistas fueron falsas. Eso es lo grave, no que yo lo denuncie. Todo esto lo he descrito, mostrado, documentado y aclarado en ‘Conspiranoia’. No creo en la responsabilidad colectiva, sino en la personal, y por supuesto no todos han estado en esa línea, porque muchos han de trabajar y seguir viviendo. Puedo aportar de nuevo las citas de todo, porque parece que todo ha sido una cuestión de banderías, y que para estar en no sé qué trincheras había que repetir unas consignas que se salen del ámbito de la estupidez para entrar de lleno en el de la inmoralidad. Querer soltar a los terroristas islamistas es muy grave. Calificar de Jamal Zougam de ‘detenido político’ es muy muy grave.
Maty, que yo recuerde Enrique de Diego habló de Libertad Digital, no de las bitacoras que pueda tener o no Daniel Rodriguez.
Señor enrique.
Estoy totalmente de acuerdo. Yo no puedo justificar, ni siquiera entender racionalmente, esos comportamientos. Y me han empujado a dejar de leer a gente que, aunque sea incómodo reconocer, tenía en algo de estima, como puede ser el mentado Daniel o el no mentado editor del Diario de las Estrellas. Personas que yo consideraba razonables.
Es más, entiendo que la Justicia debe actuar, y aplaudo las denuncias presentadas. Yo mismo envié captura de pantalla del blog de Luis del Pino al grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil donde se afirmaba sin rubor que un juez había prevaricado.
Sin embargo, todos tenemos una imagen psicológica del Gara. No sólo defienden la inocencia de los terroristas. No sólo los consideran presospolíticos. Hasta ahí, LD y Losantos son equiparables. Pero lo que sí hace Gara y no hace Losantos es compartir fines y aceptar medios con y de los terroristas. Gara no hace apología del terrorismo, pero no lo condena. Lo considera algo necesario implícitamente, una lucha armada contra el estado opresor. Losantos no cree en los medios ni en los fines de los islamistas, ni en LD se omiten para no tener que declarase en contra. Y ahí es donde creo que su círculo se siente insultado.
Aunque siendo frío el adjetivo ha venido muy bien para levantar careas: mientras algunos pierden los nervios con la interpretación hiriente, se han retratado como representantes dignos del símil tal y como usted lo ha planteado (que no incluía auqella interpretación).
Un saludo.