Gallardón, Aguirre, Rajoy.
El otro día, en la tertulia de A Fondo, me preguntaron mi opinión sobre la gran noticia de la inclusión de Manuel Pizarro en las listas del PP. Como ya el resto de contertulios habían glosado al turolense, cantando sus excelencias, yo escogí un tono algo más cínico al ponderar la cintura política de Rajoy que, con esa bomba informativa, conjuraba la previsible polémica por la también previsible negativa a sumar a Ruiz Gallardón a esas mismas listas.
Me pasó como a la paloma de Alberti; que me equivocaba. No tuve en cuenta las ilimitadas capacidades histriónicas del Alcalde de Madrid, ni tampoco la acrisolada tendencia del PP al suicidio de un tiempo a esta parte, como si se tratase de una banda de lemmings dejados a su propio albur.
Lo que sabemos de la reunión famosa de antes de ayer y los periódicos van revelando sobre sus consecuencias nos ilustran una vez más, como si fuera necesario, sobre el carácter básicamente obsceno de la política de partidos en España. Si algo han demostrado Aguirre y Gallardón es que sus cargos institucionales les importan un pimiento, y que su partido les interesa sólo si pueden controlarlo y hacer de él un instrumento al servicio de sus propias ambiciones personales. A decir verdad, tampoco Rajoy se ha cubierto de gloria, porque es responsabilidad única y enteramente suya que la crisis haya ido a desencadenarse justo ahora y de esta forma: no se puede llevar una bomba con la espoleta montada en el bolsillo durante meses y confiar, tontamente, en que no va a estallar.
Dicen unos que, sin Gallardón en las listas, el Partido Popular perderá votos: yo no lo creo, y quienes dicen eso son los que no votarían al PP con Gallardón o sin Gallardón. Otros dicen que más bien los ganará: lo creo aún menos, y Gallardón siempre podrá lucir sus excelentes resultados en Madrid, pese a las campañas de demolición de su persona llovidas desde dentro y desde fuera de su partido. Lo que sorprende es cómo, con esa evidente falta de autocontrol de sus propias emociones que le lleva a conducirse muchas veces como un niño (primero, revelando a propios y extraños el objeto de sus caprichos y, segundo, mostrando su frustración y su rabia por no haberlo conseguido), ha llegado tan lejos. No, yo lo que creo es que el partido perderá votos debido a la imagen de inestabilidad y de falta de compromiso con los ciudadanos que sus principales dirigentes están dando al escenificar esta especie de pelea de gaviotas por un pescado demasiado pequeño. En esas cosas sí se fijan los ciudadanos. Y en el PP parecen haberlo olvidado.
Y en cuanto a Aguirre, supongo que su propio partido terminará por pasarle factura por la presión, oportunista e injusta, que ejerció sobre Mariano Rajoy, cortapisando su independencia a la hora de decidir sobre la petición del Alcalde de Madrid. Mariano Rajoy puede no ser un hombre enérgico, pero tampoco es idiota, y si alguna deducción útil podemos hacer de todo esto es que Aguirre también se postula como “administradora de la sucesión de Rajoy” desde el punto y hora que ha luchado encarnizadamente para quitarse al competidor de enmedio, y todo ello con Rajoy de cuerpo presente pero todavía, por lo que parece, vivo y consciente. Todo de muy poco gusto.
Con esos mimbres hay que hacer el cesto electoral: con una que no cabe en sí de gozo, ignorante de que, muy probablemente, se ha comido lo que los ajedrecistas llaman “un peón envenenado”; con otro que llora su despecho por los rincones demostrando que su responsabilidad institucional (que no es pequeña) no ha sido nunca para él un fin, sino un medio para otras metas, con el desprecio que eso demuestra hacia los madrileños; y con un tercero que se nos quiere presentar como un tío con lo que hay que tener mientras trata de ocultar la mano izquiera en el bolsillo del pantalón para que no veamos que la onda expansiva se le ha llevado tres o cuatro dedos.
Posted on Jueves, Enero 17 2008
Author: Freelance
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A ver si vuelven a funcionar los comentarios…
No me extraña nada, conociendo bien como funciona la mafia pepera a pequeño nivel, estaba visto la calaña de sus maximos responsables.
Esta obscenidad, usando tú adjetivo, no es propia de una nacionalidad ni de una ideología estatista, es la miseria moral del mundo de la política, en si misma.
Si por cuatro duros hay tiros, imaginaos lo que sera a nivel nacional este maldito juego de facciosos.
Bueno ya lo hemos visto casi doscientos muertos por pura ansia de poder. Es una locura.
Escrito esta mañana pero hasta ahora no he podido insertarlo.
A propósito de Esperanza Aguirre, Gallarón, Rajoy, PP y demás partitocracia, creo oportuno este video musical que ha referenciado Daniel Tercero.
YouTube Señora Azul
¿Soy el único al que le parece poco democrático que las listas las conforme una persona o un grupito? Es un mal generalizado, de ahí que la democracia española esté tan adulterada, al ser realmente una partitocracia.
PD: la caída de ayer del servidor web daba que pensar.
Tate, WordPress 2.3.2.
Esto no pasaría si los candidatos los escogiesemos las bases en elecciones internas.
Sobre todo, no pasaría si se implantase un sistema de listas abiertas.
Personalmente me alegro de que Gallardón no esté en las listas. No me gusta quien hace política intentando adular al socialismo y menos aún quien contemporiza con xenófobos. Ser de centro no es dar la razón al dispendio del estado y lanzarse a cobrar más impuestos. Ser de centro no es darle la razón ni contemporizar con extremistas de izquierdas ni con racistas. Me llegó la gota al borde del baso son el caso de Rubianes: nos ofende en la tele catalana, mandando “la puta España a la mierda” y Gallardón le ofrece teatro en Madrid. Pues yo, como Rajoy, le dejaría a él sin teatro.
Respecto a una democracia no partitocrática como la española, estoy de acuerdo. El problema es que el sistema está definido constitucionalmente y no lo van a cambiar los partidos precisamente. Pero dentro de lo que hay, defenderé a quien más defienda la liberalización económica que tanto nos hace falta. No hacerlo signfica ir quedándonos cada vez más atrás en el mundo, incapaces de competir, incapaces de aumentar la productividad, incapaces de innovar.