EpC5. La educación de los hijos.

(Viñeta entresacada del libro Educación para la Ciudadanía, de Editorial Santillana. Página 45.
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Yo soy padre, como muchos de los lectores de esta bitácora; padre de dos hijos de 10 y 5 años. Pese a que aún no están en la adolescencia, que es la etapa de la vida donde más vívidamente se manifiesta el conflicto entre los impulsos naturales en el ser humano de la individualidad por un lado y, por otro, la necesidad de vivir en sociedad, mis hijos experimentan ya esa tensión y viven sometidos a la compleja red de intereses, motivaciones, emociones y afectos en que consiste la árdua tarea de vivir. Cualquier padre sabe lo difícil que es sujetar la individualidad incipiente de un hijo; esta individualidad, que chisporrotea en ellos con el brillo de lo novedoso, de lo recién descubierto, no se ve tamizada por el aprendizaje ni por la experiencia; el niño, el joven, en su desconocimiento, en su carencia de habilidades sociales, se comporta con egoísmo y trabaja concienzudamente, sin saberlo, en contra de sus propios intereses. Los padres cuentan con una reducida panoplia de herramientas para domeñar y encauzar esa exuberante personalidad recién nacida: el amor, el interés, el buen ejemplo y, desde luego, cuando las otras herramientas se han probado inútiles, la disciplina y hasta el castigo.
Fomentando entre los jóvenes una falsa impresión de “libertad propia” como realidad contraria a la imposición de determinadas conductas por parte de los padres, sus custodios y responsables últimos, no sólo se está produciendo una intromisión inadmisible en el derecho de los padres a educar a los hijos según su leal saber y entender; es que además se está dando una receta dañina y peligrosa; se está animando a los chicos a comportarse conforme a los caprichos en que se manifiesta, por naturaleza, su personalidad aún no formada; se está proponiendo un marco sin estructura, sin referencias ni principios, relativista y acomodaticio. Como decía un profesor que yo tuve de niño, “ya sé que no os gusta estudiar; tampoco os gusta comer verdura, pero las dos cosas son buenas para vosotros y, si no las hacéis de grado, tendréis que hacerlas por la fuerza”.
El ideal del niño, del adolescente (que no por nada comparte raíz con adolecer, tener defecto de alguna cosa) es no estudiar, comer siempre chocolate y hacer lo que le viene en gana; eso da como resultado hombres estúpidos y enfermos, incapaces de trabar relaciones intersubjetivas basadas en el respeto a unas normas éticas comunes, en la capacidad recíproca para conducir apropiadamente la empresa de vivir en sociedad. En ese estado de vacío ético, se convierten los hombres en presas fáciles para una fuerza externa capaz de apropiarse de dicho vacío, capaz de ocupar el hueco dejado por la ausencia de los valores que han de adquirirse en la niñez. Esa fuerza es, en la entelequia colectivista, el Estado.
Posted on Martes, Enero 22 2008
Author: Freelance
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En realidad, todo texto se le puede presentar a un adolescente, si antes se le ha enseñado a mirarlo con ojos críticos. Preguntándose no sólo por la situación de la que se habla sino por las intenciones de quien habla. y conociendo las herramientas retóricas.
Por ejemplo en estos textos dice que ambos pares tienen por objetivo conseguir que sus hijos sean “responsables” y difieren en el cómo.
La “hippy” propone que se haga de forma paulatina (”ir adquiriendo”), a través de la propia experimentación (”aprender a equivocarse por ellos mismos”) y sin imposiciones (”reprimir”…”es contraproducente”).
El clásico propone un marco de conducta (”normas”), unos patrones (”disciplina”), con ciertos comportamientos prohibidos (”horarios estrictos”).
Se puede discutir el mérito de ambas propuestas. De entrada, las dos son propuestas simplistas. Hasta el más tradicional o el más hippy tiene formas más realistas de fomentar actitudes y de interactuar con lo que es un ser humano. El más hippy sí prohibirá ciertas cosas (ej. cruzar la calle en rojo) y el más carca estará de acuerdo en ir aumentando progresivamente la responsabilidad (empezar por hacerse la cama) o en que llegar a ciertos extremos seria reprimir.
Si nos ponemos a mirar las intenciones del autor resaltan ciertas cosas.
De entrada el lenguaje es impreciso, y eso es una de las alertas rojas de la manipulación. Se trata de términos con un alto contenido emocional y valorativo pero de significado difuso. ¿Qué es “reprimir”? ¿Qué significa la “disciplina” en este caso concreto?…
Se podría tomar el punto de vista contrario y decir lo mismo dando a entender que la hippy es una cobarde que evita las necesarias discusiones diciendo a todo que sí, o que el padre clásico fomenta la autodisciplina y la madurez.
Además, en el caso de la hippy, no se da ningún ejemplo de conflictos. Y menos de conflictos en los que su postura sea criticable. En cambio en el caso del padre clásico el texto versa casi íntegramente sobre la eterna discusión del “toque de queda”. Esto es un intento de caer bien al lector adolescente, que previsiblemente habrá tenido, como todos alguna vez, discusiones sobre cómo llegar a las 3 (y no a la 1) es tremensdamente importante para su estatus social y su felicidad sentimental.
Yo de adolescente quiero pensar que habría visto a través de todo este intento, porque mis profesores fueron muy buenos. No salí con sus ideas políticas precisamente (eran unos rojazos) pero me enseñaron a ser crítico.
Me parece un comentario brillante, Javier.
Nos ha faltado sólo referirnos a la escenificación gráfica de cada postura: la madre hippy, vestida de un modo juvenil, con un rostro agraciado, alzando las manos con alborozo; el padre clásico trajeado, tirando a viejo, señalando un reloj, con aspecto adusto. Manipulación en estado químicamente puro.
En unos tiempos en que los escolares no leen apenas, unos porque no saben, y otros porque no quieren, hasta el punto de que los libros de ciencias (¡incluso matemáticas!) están repletos de fotitos y de dibujitos (que no de fotos ni diagramas explicativos), lo que señalas acerca de la escenificación es el punto crucial de cómo se manipulan los conceptos en estos libros de textos. En realidad estos libros de texto no buscan informar, ni servir de material explicativo o de apoyo, sino epatar, impresionar. Propaganda, en suma.
Emilio, ¿me puedes escribir un @? tengo que mandarte un par de cosas y no sé donde hacerlo… no tengo tu @.
Cómo me gusta que las chicas guapas me pidan el mail :-D.
Ya te lo he mandado.