Castro & Cía.
Uno lleva varios años esperando para dar la noticia de la muerte de Castro y la apertura de un proceso constituyente y liberalizador en Cuba. Por ahora, habrá que conformarse con la noticia de que el tirano ha renunciado a sus cargos en el Gobierno. Pero es que ese conformarse es un arma de doble filo, porque encierra la suposición de que la situación presente, sin Castro al mando del Gobierno y el Ejército cubanos, es mejor que la precedente, y esa suposición es mucho suponer.
Cuando un tirano muere en el lecho siempre cunde la confusión y, de entre la confusión, bien puede surgir un proceso de apertura, alentado por el deseo de una vasta mayoría silenciosa anhelante de libertad y de la visión de una reducida casta de tecnócratas y funcionarios deseosos de conservar, al menos en parte, su estatus privilegiado, que siempre es mejor eso que no morir colgados por los pies. Así fue, mal que bien, en España después de la muerte de Franco. Pero que un tirano organice en vida su propia sucesión es algo demasiado peligroso, sobre todo cuando el tirano en cuestión tiene un hermano varios años menor, pero en absoluto menos apegado a las prácticas totalitarias, y un soviet incapaz de entender la apertura y la democratización como opciones válidas de futuro.
Por otra parte, en un régimen totalitario, sin separación de poderes y sin fronteras definidas entre el partido único y el Estado, una renuncia parcial como la de Castro (renuncia a los cargos institucionales, pero no al liderazgo del partido) no puede por menos que entenderse como un salto atrás del escenario al foso, desde donde Castro seguirá manejando los hilos del poder, ahora como titiritero y no como actor principal. La renuncia de Castro, forzada por su mala salud y su mucha edad, representará un cambio en la forma en que la tiranía cubana se muestra al exterior, pero no tiene por qué representar un cambio en relación con la forma en que ejerce de hecho su predominio sobre los oprimidos cubanos.
En todo caso, y como la hiperextensión de los medios de comunicación de masas ha hecho cierto aquello que decían los solipsistas de que esse est percipit y nada que no esté en los medios existe, habrá que aprovechar el momento de esplendor mediático del carnicero de la Habana para recordar su siniestro currículum y para denunciar la complacencia de gran parte de la izquierda occidental con su figura y con el inevitable reguero de atentados contra la dignidad, la libertad y la vida que lleva, a modo de nauseabunda cola de cometa, tras de sí.
Posted on Martes, Febrero 19 2008
Author: Freelance
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Dios, Ud. no por favor ! ¿Para qué esa tonteria de contar los muertos de la bestia? Y con dudosa contabilidad por otra parte ..