Nueva apariencia, ¿nuevo estilo?
Si ya en cualquier orden de la vida rige aquello del renovarse o morir, en la blogosfera, que es mundo vertiginoso, todavía más y, con dos años que tenía apenas, el antiguo diseño de Freelance Corner estaba pidiendo a gritos que lo cambiasen. Dicho y hecho, gracias, una vez más, al impagable (o, más bien, impagado) trabajo de Daniel Rodríguez Herrera a los mandos de la operación, y aprovechando el diseño, llamado “Breaking News”, obra de un programador italiano llamado Shin Ra. Grazie milla.
Aprovechando el cambio de apariencia, y aprovechando también que llevo unos días sin anotar debido a una punta de trabajo, parece inteligente hacer de la necesidad virtud y plantearme, además, un cambio de costumbres en relación con el blog.
Es fácil decir que uno bloguea simplemente por placer y que, en consecuencia, el blog no tiene mayor importancia. Es tan fácil como falso. Primero, porque aquellas cosas que se hacen por placer son, seguramente, las más importantes de todas, y las energías que uno invierte en procurarse el sustento se invierten, más que nada, para poder destinar después ratitos de ocio a hacer lo que a uno de verdad le apetece y le retribuye personal y emocionalmente: leer, ir al ballet, jugar a la PlayStation, tirar con arco o escribir un blog. Segundo, porque Internet es ya la fuente universal que en cualquier ámbito, sobre todo en el de los negocios, sirve para obtener información sobre las personas y las empresas. Quien quiera que se proponga obtener información sobre otro acudirá, en primer término, a la caja de busca del Google, tecleará su nombre y aguardará a ver qué le dice Internet sobre él. Por tanto, desde hace ya tiempo es evidente que quien quiera que se proponga saber algo más sobre mí, se topará más temprano que tarde con este blog.
Eso no significa que yo esté incómodo con lo que se haya podido encontrar hasta ahora rebuscando en Internet; para bien o para mal, creo que esta bitácora refleja fielmente mi forma de pensar y me alegra que todo el mundo pueda comprobarlo tan por las claras. Por eso mantengo el blog y por eso seguiré manteniéndolo mientras mis ocupaciones me lo permitan.
No, si he de replantear mi actividad como blogger habrá de ser más que nada en los detalles. Uno era la apariencia del blog y por ahí ya está el tema resuelto. Otro son los comentarios.
Estos días me he preguntado muchas veces si debo mantener los comentarios o no. Siempre he sido partidario de mantener los comentarios en los blogs; son una forma real de interactividad entre el opinador y los lectores, y muchas veces sirven como vehículo a valiosísimos intercambios de información. Pero no son una ventaja sin contrapartidas: también sirven para que gente ociosa y malintencionada se dedique a llenarlo todo de comentarios estúpidos e insultantes que, irremediablemente, dispersan el foco del debate y bajan el nivel de la conversación. Cuando uno está en pleno fragor del combate dialéctico no se da cuenta de ello pero, vistos desde fuera, muchos de los rifirrafes que toman cuerpo en los hilos de comentarios no sirven, precisamente, para dignificar la propia imagen, sino más bien para perjudicarla. Decía Schopenhauer que la mejor forma para no tener que caer en debates tramposos es escoger bien a los oponentes y no debatir con personas cuyos conocimientos e inclinaciones son demasiado diferentes a los propios. Eso, que en la vida cotidiana es difícil, en Internet es prácticamente imposible.
Se me dirá que eso se remedia filtrando, como hacen muchas bitácoras, los comentarios, pero de ese tipo de filtros huyo yo como de la peste. Sólo los ángeles del cielo tienen un criterio objetivo y justo para ponerle el calibre a la malla de ese filtro. Yo he aplicado siempre uno, que es impedir palabras soeces y groserías, por respeto a las personas, que las hay, y muchas, a quienes ese vocabulario resulta ofensivo y molesto. Es un criterio objetivo y fácil de aplicar. Sin embargo, tratar de ir más allá y decidir qué comentarios resultan útiles y qué otros son prescindibles en el seno de un intercambio en concreto es terreno abonado para tratar de amañar el debate metiendo la tijera (vemos ejemplos clamorosos de eso todos los días en blogs no tan lejanos) y para que el diablillo censor que todos llevamos dentro haga de las suyas.
Otro gravamen del sistema de comentarios es la dedicación que exige, no siempre muy provechosa. No sé las horas que habré dedicado a escribir los posts de esta bitácora, pero no serán muchas más que las que he empleado en escribir comentarios a los mismos. Y, si bien muchos de esos comentarios han merecido la pena, muchos otros no, y han ido nada más que a retribuir el ego de algunos de esos ociosos de mala intención de los que hablaba más arriba. Ante un debate, cualquier debate, como decía Valmont, lo cierto es que no puedo evitarlo y me sumo con armas y bagajes, afición que, si no va acompañada de la capacidad para discriminar dónde merece la pena esforzarse y dónde no (y yo, esa capacidad, no la tengo muy desarrollada), se convierte en una verdadera servidumbre. Como dice el refrán, muerto el perro se acabó la rabia: eliminados los comentarios, eliminada la pérdida de tiempo. Grandes y prestigiosos bloggers lo han hecho antes y no se hunde el mundo por ello.
Como, pese a todo, tengo un rechazo instintivo y seguramente bastante tonto a eliminar los comentarios, me planteé seriamente la posibilidad de conservarlos con algunos matices, incluso pensé en hacer algo parecido a lo que se hace en el blog de Becker - Posner, es decir, filtrar los comentarios para dejar sólo aquellos que se ajusten al asunto del post, y escribir después una especie de respuesta argumentada en forma de nuevo post a todos los comentarios de los lectores.
El problema de cualquier fórmula de ese estilo, aparte lo ya dicho sobre el criterio cabal de filtrado, es que también requiere mucho tiempo, incluso más que dejar las cosas como están, y yo no tengo ese tiempo: el tiempo de seleccionar comentarios, rechazar los más y responder estructuradamente a los que he decidido conservar. Becker y Posner tendrán quien les haga parte de ese trabajo, pero en mi caso no es así y, para hacer las cosas mal, mejor no hacerlas. No, la solución, necesariamente, ha de pasar por la adopción de una política sencilla y digamos que radical: conservar los comentarios sin filtro previo o erradicar los comentarios. O una solución intermedia que pasa por obligar a registrarse para poder comentar, que es un coñazo para el lector pero, al menos, es automática y no me quita tiempo.
Finalmente, he decidido conservar los comentarios como están; lo último que quiero yo es que venga nadie a decirme que elimino los comentarios porque huyo del debate, cosa que cualquiera que haya seguido esta bitácora con un mínimo de atención sabe que no es cierta. Me he hecho el propósito de no participar tan activamente como hasta ahora, pero es muy posible que no cumpla con mi propio propósito y que, fatalmente, entre al trapo de nuevo. Eso sí, puesto que he planteado el asunto, me gustaría conocer la opinión de los lectores porque tendré muy en cuenta lo que se me diga y, sobre todo, dependiendo de quién lo diga.
Espero que disfrutéis del renovado Freelance Corner. Un cordial saludo para todos.
Posted on Martes, Febrero 19 2008
Author: Freelance
Filed under: Blogosfera
Tagged: Blogosfera, personal
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Ya ví el nuevo diseño hace un par de días, pero por no offtopiquear esperé. Veo que hice bien ;-P.
Me gusta, es claro, limpio y directo. Lo único que no me gusta (nada) es que los comeptarios slagan en la barra lateral. Si son muchos y largos, como en algún hilo reciente, el diseño se desdibuja y esa barra lateral crece y crece hacia abajo; estéticamente extraño…
Si quieres una manita en limar cosas, añadir código a la barra lateral o similares, dame un toque. De esto de WordPress algo he aprendido por mi cuenta, y no se me da del todo mal.
Sobre mantener o no los comentarios, lamentaría que los cerrases, pero comprendería las razones de tiempo y de temática.
Me gusta. Mucho. El pero es el mismo que te pone Judas: los comentarios a lado van a ser un cristo. Tendremos que acostumbrarnos.
Y además, las chuminadas estilo “ristra de sonrisas” de Jellinek y compañía descuadran la columna de comentarios, haciendo que se superponga el texto de las dos columnas de la izquierda. Al menos en mi navegador (IE 6.x) y con mi resolución de pantalla (1024×768).
Un diseño magnífico, Emilio. Me encanta. Minimalista, elegante y claro.
Enhorabuena.