Telma (sin Louise).
Érase una vez una Princesa de plebeya cuna que se casó con un Príncipe encantado y que ascendió a los altares de la fama y la fortuna en el País de las Maravillas de Z. Bueno, en realidad érase la hermana de la Princesa que, sin ella quererlo ni buscarlo, se vio arrastrada, como por efecto Venturi, bajo la cruda luz de los focos que iluminaban a su famosa hermana.
La luz de los focos es una cosa como inexorable que persigue siempre a las princesas, a sus hermanas y a otras criaturas del bosque, y que a veces es una emanación bondadosa y pura irradiada desde seres angélicos durante los actos oficiales en los cuales lucen las princesas y sus hermanas en el culmen de su hermosura y dignidad; pero otras veces, ese mismo resplandor está manejado por una malvada bruja, porque no hay cuento que se precie donde falte la malvada bruja. Esta bruja en concreto es la bruja Prensarosa, que es más mala que la quina y se dedica a acosar a las hermanas de las princesas y a otras criaturas buenas y benéficas por los rincones. A la bruja Prensarosa no le interesan las andanzas de las princesas ni de las hermanas de las princesas durante los actos oficiales, cuando van vestidas de Prada y sonríen a los ministros y saludan a los Presidentes de los grandes bancos, qué va; a la bruja Prensarosa le pone eso de pillar a las princesas y a las hermanas de las princesas cuando acuden despeinadas y en playeras a comprar el pan en el Súper, o cuando se asolanan en bikini en la playa o en la cubierta del yate del egregio suegro o suegro-de-hermana, o incluso, a poder ser, cuando están en el baño haciendo caca o dentro de un coche morreándose con un señor y cosas así; y también se complace en averiguar y airear cosas muy íntimas sobre la vida privada de las princesas y sus hermanas, sobre sus amores y desamores y hasta affaires sexuales, en vez de conformarse con saber cosas edificantes y nobles sobre sus obras de caridad, que son las únicas actividades propias de princesas y hermanas de princesas y en relación con las cuales deben ser preguntadas.
Para lograr sus perversos objetivos, la bruja Prensarosa cuenta con un ejército de duendes malvados llamados paparazzis, armados de cámaras fotográficas de largo alcance, y con una tropa de choque de trasgos aún peores provistos de micrófonos con forma de alcachofa que acosan a las princesas y hermanas de princesas con preguntas extrañas y muy comprometidas sobre su vida íntima. Las princesas y sus hermanas son bellas y mayestáticas cuando, enfundadas en sus carísimos trajes de modistos internacionales, comparecen ante el populacho en actos oficiales, rodeadas del esplendor de los desfiles, los bailes benéficos y los embajadores llegados de países lejanos, pero nada más. ¡Es un sacrilegio pretender mirar a las princesas y a sus hermanas cuando no están bien vestidas y peinadas, es una monstruosidad acosarlas con micrófonos mientras hacen la compra, se bajan de un avión o pasean por la calle, es un horror pretender captar su imagen mientras toman el sol en topless, giñan o se morrean con señores en el interior sombrío de los coches, aunque sean de marca Mercedes! ¡Qué malos son la bruja Prensarosa, los duendes paparazzis y los trasgos del micrófono!
Pues érase que se era una hermana de Princesa que, harta de la maldad de la bruja Prensarosa y sus pérfidos trasgos y duendes que no la dejaban en paz, acudió ante el Tribunal de Justicia del País de las Maravillas de Z para que Prensarosa y sus secuaces fueran arrojados a las tinieblas exteriores y condenados a dejar de molestarla por los siglos de los siglos, amén. A la hermana-de-Princesa le molaba la parte buena de ser hermana de Princesa: ponerse guapa para asistir a recepciones de gala y brillantes desfiles en compañía de la realeza y, si la ocasión se terciaba, contarle al pueblo reposadamente, por medio de periodistas buenos cuidadosamente escogidos, que ella hacía obras de caridad y ayudaba a niños pobres en lugares recónditos; e incluso, ¿por qué no? para aceptar algún trabajo pintón y bien pagado en alguna organización pública financiada con diezmos y abastos obtenidos del bolsillo del populacho, o en alguna empresa de esas que siempre quieren llevarse bien con el buen Rey, por aquello de que el Rey, cuando extiende la mano, a veces deja caer contratos públicos y otros favores y prebendas. Ahí sí, ahí sí que molaba ser hermana-de-Princesa. Pero lo que no molaba nada era que la gente supiera de su otra vida, su vida de persona corriente y moliente que calza pantuflas y compra el pan y sufre la vil servidumbre de la carne mortal. Para eso, ser hermana de Princesa no le convertía en personaje público ni nada y su intimidad tenía que ser respetada de grado o por la fuerza. Hasta ahí podíamos llegar.
El caso es que el Tribunal de Justicia del País de las Maravillas de Z le dijo a la hermana de la Princesa que mire usted, que una es hermana de Princesa para lo bueno y para lo malo, y que si está bien colocarse bajo la luz cálida de los focos para hablar de lo buena que una ha sido ayudando a los niños pobres del mundo, o para posar, toda guapa y hermosa y vestida de marca, junto a su ilustre hermana y junto a los poderosos del Reino, no parece descabellado pensar que al populacho le interese también saber algo más de ella cuando está despeinada, en zapatillas, tomando el sol y hasta, mismamente, plantando un pino, porque así como los ricos también lloran, las princesas también cagan, cuanto más sus hermanas, y eso son cosas que, vaya usted a saber por qué, interesan al populacho, que es todo lo zafio que usted quiera, pero eso no lo pueden evitar ni las princesas, ni sus hermanas, ni los Jueces, por muchas puñetas que lleven en las bocamangas. Y vino a concluir el Tribunal que la bruja Prensarosa y sus huestes de trasgos microfónicos y duendecillos paparazzis ejercen, desde su innegable e irremediable maldad, una especie de función social, como los panaderos y los médicos y los trapecistas, porque el populacho, mira tú por dónde, gusta de saber cosas sobre hermanas de princesas, así en general, vayan de Balenciaga o medio en bolas, hagan caridades o guarrerías, y el derecho del populacho es tan respetable como el de las princesas y sus hermanas, y que la democracia consiste más o menos en eso, en estar a las duras y a las maduras cuando de los derechos de los demás se trata.
Así que este cuento no tiene final feliz, ni colorín colorado, ni nadie comió perdices al final, sino pura hiel, aderezada además con una condena en costas, que es un aderezo de lo más doloroso y desagradable. Y es que ya se sabe que las princesas y sus hermanas adoran al pueblo que acude a contemplarlas en el pedestal de su belleza y su fama, en palacios y jardines floridos, espléndidas e inmaculadas; y, sin embargo, aborrecen a ese mismo pueblo, a ese populacho cuando, en el sórdido interior de sus moradas, frente al televisor o con una revista en la mano, se regodea en la contemplación de los poderosos en actitudes y momentos que les igualan con ellos, que les hacen parecer cotidianamente normales y hasta risibles y míseros; un populacho repentinamente independiente y fuera de control que disfruta del legítimo ejercicio de su propia libertad.
Posted on Viernes, Mayo 16 2008
Author: Freelance
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Pues no sé qué haría yo de encontrarme en su lugar. Probablemente cogería una lata de gasolina y le prendería fuego a todo el bosque, bruja, duendecillos y trasgos con alcachofa.
A ver: si te preguntan algo y tú, educadamente, le mandas al cuerno, el trasgo debería dejar de darte la brasa… pero no. Insiste. Es un trasgo mal pagado y tiene que ganarse el sueldo. Nuevamente, le envías al País de Nunca Jamás Vengas a Darme el Coñazo… pero sigue implacable como se tratara de una invasión a Minas Tirith.
Y yo me pregunto: ¿Qué pasaría si los trasgos y cía fuesen acosados de la misma manera que lo hacen ellos?
Emilio, estoy muy “enojada” contigo por tu “silencio” en la red… :S
Dicho lo cual, apostillar lo que dices; y añadir que la familia de nuestra princesa, por más que en cierta manera se considere privilegiada cuando le conviene, de la misma manera se considera “víctima” de que saquen sus “miserias” esa Prensarosa.
Tengo muy claro, que esa “Prensarosa” es “CARROÑERA”, y se nutre precisamente de “Carroña”, que en este caso es la vida que llevan todos los miembros de la familia de “nuestra princesa”.
No voy a entrar en descalificar ni censurar la vida que tienen los padres y hermanas de “nuestra princesa”, (y futura Reina de España); pero lo que es evidente, es que no es una familia que se pueda considerar de lo más normal en nuestra sociedad española actual. Pues no es demasiado normal en la sociedad española, que estas hermanas hayan tenido “descendencia” sin estar unidas al “vínculo” de una unión “formal”, tampoco es muy normal ni habitual en las familias españolas, que una de ellas se “suicide”, sin una causa que pueda justificarla, (en apariencia); pero a nuestra “princesa y futura Reina”, se le ha justificado y perdonado todo, por aquello de que vivimos en una “sociedad libre, y liberal” .
Vuelvo a suscribir que la prensa es carroñera, y se nutre de todas estas “anormalidades” que se dan en los famosos en general. Y por mucho que justifiquemos a nuestra “princesa”, (divorciada, -aparentemente “agnóstica”, - o poco creyente-, y ahora con una proyección cristiana apostólica romana-), resulta que tiene una familia poco “convencional” en nuestra sociedad, y tienen la “osadía” de obligar a esa Prensarosa, que solo “filme” a la “hermanísima”, cuando, como tu dices, se encuentre en su mayor “esplendor” en vestimenta y lugar.
Un saludo muy afectuoso
¿Ha pensado usted en someterse a una cura drástica de adelgazamiento? O, como mal menor, ¿ha evaluado la posibilidad de someter la fotografía que adorna su blog a los efectos del Photoshop?
¡Hombre, pero si es el Iracundo zagal! ¿Qué tal va eso?
Que toda esa banda de carroñeros de la prensa rosa se manifieste preocupada y que consideren el amparo de Telma Ortiz como un ataque a “la libertad de expresión” lo encuentro simplemente surrealista.
Y podrá vestirse de Prada o de mercadillo, pero encuentro inmoral la persecución que le están haciendo (y que le harán) a esta mujer.
Primer parámetro: ¿la prensa rosa acosa realmente, de verdad de la buena, o sea te lo juro, a Telma Ortiz? Porque resulta que desde que regresó a España en enero (antes estaba en Filipinas) y se estableció en la maravillosa ciudad de Toledo con el padre-de-su-hija (anteriormente “compañero sentimental”; es que soy muy leído de los términos que usaba y usa la prensa del corazón), no han salido de ella mas que media docena de reportajes a cuenta del embarazo, y de ellos dos o tres no tenían mas que fotos de archivo; incluso eran fotos tomadas el día de la boda de Letizia, o sea, nada actuales. O sea, que de ese material no puede deducirse persecución.
Segundo parámetro: Letizia Ortiz no es Princesa de Asturias ni futura Reina de España, sino princesa consorte y futura reina consorte, lo que en el plano institucional y constitucional no es lo mismo. Por tanto la proyección que se haga hacia su hermana de estas dignidades (que no son suyas en propiedad, sino sólo en calidad de consorte de Felipe de Borbón) no puede presumirse excesiva. O, dicho de otro modo: es más relevante la posición social de Alessandro Lequio, que es biznieto de un Rey de España, y nieto de una infanta de España, que la de Telma Ortiz, que es hermana de una princesa consorte. Luego, ¿qué interés tiene su figura (morbo aparte de verla en bikini o enseñando lo que sólo ve el-padre-de-su-hija)? Presumiblemente, poco.
Luego, ¿reclama Telma Ortiz y el-padre-de-su-hija algo en amparo de justicia o se trata de una exageración “por si caso algún día pasa algo”?
Yo creo que es lo segundo, y por eso me alegro de la sentencia que se ha fallado, y coincido con los periodistas (o así) del corazón en que de otra manera se hubiera puesto una censura previa a la información sobre Telma Ortiz.
Bazán, mis disculpas por haber utilizado la expresión incorrecta en cuanto a que no es princesa, si nó PRINCESA CONSORTE. Por lo demás, completamente de acuerdo contigo.
Abundando más en este tema tan “cursi”, (por llamarlo de alguna manera), no tiene otra connotacción que la de que a la familia de nuestra “FUTURA REINA CONSORTE DE ESPAÑA”, les viene ¡¡MUY GRANDE!! la posición, en que los ha “colocado” su hermana, e hija, (Pobrecillos…)
Por cierto, ha “RECURRIDO” la sentencia.
Pudo haber sido un pleito bonito. Me encantan las Medidas Cautelares, pero, desde mi humildísimo punto de vista, estaban mal enfocadas.
¡VIVA LA REPÚBLICA!
He leido el articulo y tambien los comentarios ,los cuales me han deleitado por su pulido estilo, propio de nobles hijosdalgos de las llanuras manchegas. Pero a fe de verdad os digo que si apabullais a la sin par princesa de Tarasconda os la tendreis que ver conmigo.-